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Nuestro mayor tirano es la mente.


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09/11/2011


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Por: Gonzalo Andrés Muñoz.


















Todos estamos diariamente sometidos a un tirano que se despierta con nosotros, nos acompaña durante todo el día y se duerme a nuestro lado: nuestra mente.

 









En la historia de la humanidad han existido varios regímenes tiránicos. Una tiranía es un régimen de poder absoluto que con frecuencia instaura un tirano, el cual llega al poder por la fuerza, no por derecho. Un tirano se caracteriza por ser una persona autoritaria, que dirige su régimen conforme a su propia voluntad sin tener en cuenta otras instancias de poder pues en él las centra todas. A raíz del daño que han causado en la historia, son cada vez menos frecuentes, pero esto no significa que los tiranos hayan desaparecido pues todos vivimos con uno diariamente: nuestra mente.

La mente brinca de un deseo a otro, y nos enreda en su espiral. Reduzcan el deseo, desahucien el ego, extraigan la cólera, y la mente será su esclavo en vez de su amo. Por este camino no serán acechados por la cólera, el deseo o la codicia.

“Yo me casé para toda la vida, pero la vida me mostró que tenía otros planes para mí”, me dijo una amiga refiriéndose a su separación. Dos años después de haberse separado, finalmente sentía que había sanado esa herida. “Hoy en día ya es una cicatriz. Nos queremos mucho. Nos vemos, nos sentamos a tomar un café y podemos hablar sin hacernos daño. Todo lo contrario a cuando estábamos casados. Ahora entiendo por qué nos separamos y estoy tranquila con esa decisión”. Esto me lo decía mientras me describía el motivo por el cual nos habíamos distanciado, estaba empezando otra relación de pareja y se sentía inconforme y frustrada porque la ‘nueva’ relación no coincidía con sus ideas sobre cómo debía ser una relación de pareja. “He hecho de todo: soy la más especial, la más dedicada, pero al mismo tiempo independiente para no ahogarlo y el tipo no sale con nada, no concreta. No sé si es que sólo quiere ser mi amigo y me enfurece. Si es así, que tenga pantalones y me lo diga de una vez porque no me interesa ¡Yo quiero que vea en mí a su pareja!” 

Después de hablar durante 35 minutos pasando por momentos de rabia, desesperación y tristeza, se quedó en silencio unos segundos y con los ojos aguados me dijo: “No he aprendido nada. Cuando me separé estaba igual: ‘yo’ quería volver con mi exesposo, ‘yo’ quería estar con él, ‘yo’ quería recuperar mi vida, mi matrimonio… ¡todo era ‘yo’! Hasta que solté todos esos deseos y comprendí que estaba equivocada. Me casé con unas ideas que en la práctica, no eran lo que me convenía”. 

Como ella, todos estamos diariamente sometidos a un tirano que se despierta con nosotros, nos acompaña durante todo el día y se duerme a nuestro lado: nuestra mente. Esa ‘voz interior’ que vive en ‘un pasado que siempre fue mejor’, o en un futuro que no sabemos si va a llegar, torturándonos cada vez que las cosas no salen como nuestras ideas preconcebidas lo habían anticipado. En el caso de esta consultante, la idea que la atormentaba era que su ‘nueva pareja’ reaccionara de una manera diferente a la que ‘debía’ según sus ideas, ¡a pesar de que ella estaba haciendo todo lo que “en teoría” se debe hacer para generar y despertar determinadas reacciones en la otra persona! Al no lograrlo se sentía frustrada, insegura de sí misma y de sus capacidades para entablar una relación de pareja. Ese era su motivo de consulta: trabajar el ‘trauma’ que según su mente, le había dejado la separación. 

Pero este ‘motivo fue cambiando porque ella misma fue descubriendo que, primero, no había ningún trauma, y segundo, el problema estaba en la tortura interior que vivía debido a que su mente le repetía constantemente que este hombre no estaba interesado en ella: no la llamaba un cierto número de veces al día, no quería verla con la frecuencia con la que se quieren ver las personas que están empezando a salir, no la acompañaba a todas las actividades que ella quería hacer, y muchas otras ideas sobre lo que “debía pasar” con su pareja.

“Esto es un trabajo para toda la vida”, me dijo mientras iba descubriendo que lo importante no es si este hombre se fijaba o no en ella, sino lo que ella iba sintiendo en el proceso de desarrollo de una relación sin dejarse torturar por la expectativa (idea) de que funcionara. “No siempre puedo hacerlo. A veces me vence mi bendita mente y empiezo a joderlo -se reía-: le pregunto si realmente me quiere, si piensa en mí, si le estoy haciendo falta, bueno, ese tipo de cosas. Pero cada vez son más mis momentos de lucidez en los que dejo de pensar, dejo de lado a mi tirano y simplemente vivo el momento. Ahí es cuando realmente estoy tranquila”, me decía una noche tomándonos unas copas de vino como buenos amigos. 



De la misma manera como lo ha hecho ella, todos podemos empezar a vencer a nuestro tirano interior frente a cualquier situación. El primer paso es observar para reconocer lo que nuestra mente genera en nuestro interior cuando las cosas no salen como esperamos (ideas): angustia, miedo, ansiedad, preocupación de no estar a la altura, envidia, rabia porque no obtuvimos lo esperado, inseguridad, etc. Al observarlo tenemos la opción de empezar a cambiarlo. Pero si optamos por luchar contra nosotros mismos generamos un conflicto interno que aumenta la rabia, la frustración, la angustia, y nos sentimos cada vez más incapaces de dejar de lado esas preconcepciones que nos impiden disfrutar de lo que estamos viviendo en el presente. 





Una estrategia muy útil para manejar nuestras ideas es permitirle a la mente diariamente, durante un tiempo limitado que piense lo que le provoque mientras lo vamos escribiendo.

















De esta manera expulsamos sobre el papel las ideas que nos están intoxicando, tal como ocurre con nuestro cuerpo físico cuando comemos algo que nos hace daño. El acto mismo de vomitar es muy desagradable, pero es esencial para aliviarnos. Ese mismo proceso de desintoxicación ocurre cuando le damos un espacio a ‘la loca de la casa’ para que ‘vomite’ lo que nos hace sentir mal, así logramos cabalgar nuestro propio tigre.





               



Etiquetas:   Política   ·   Reflexión

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