Dónde encontrar fantasía.

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  Puede que los habitantes más pequeños de este planeta sean difíciles y complejos. Podría ser que el llegar a sus corazones fuese como crear un reparador de sueños.

  Más mucho más puede significar dedicar horas de sueños a escribir para los pequeños. Pero de ahí a que la inmensa mayoría no les dedique horas de sus madrugadas... tiene tela.

  En fin después de varios días navegando intentando recopilar información acerca del tema llego a la conclusión que nos urge activar los clásicos, sacar hadas y duendes a la luz, invitar princesas y reyes, magos y hasta ratones.

  Las historias para peques no tienen hoy la magia de otros tiempos en que dormíamos soñando fantasías. Van siendo sustituidas por cometas gigantes turbulentos, ninjas, raperos, bichos raros y personajes de carne y hueso entre los grandes escritores. La escasa magia que queda en este mundo, cuando más falta nos hace, se relega a las historias construidas por atrevidos pedagógos que como yo no dominamos la estrategia literaria. ¿Pero qué hacer abandonar el empeño? NO. Me niego rotundamente.

  Paso horas y horas en el ordenador armando cuentos de hoy con lenguaje de niños y niñas, porque otra carencia de la gran literatura infantil en estos tiempos es que quienes la escriben, no se bajan del pedestal adulto. El lenguaje infantil se extravía “so pretexto” de “ampliarles el vocabulario” o de que “ahora son más despiertos”.

  Acaso no saben que son niños? O es que no hay capacidad para sacar el que “dicen” llevamos todo/as dentro.

  Más rezagada se va quedando la música tanto que hace unos días me asombré al escuchar en un “Bingo Musical” para adultos, lo que hace un tiempo fuera el Himno de los Mosque-perros. Me asusté y me alegré.

  Les cuento más, recién un amigo de Facebook me envío dos preciosos cuentos creados por su hijo de edad preescolar que demuestran cuánto de fantasía él es capaz de aportarle a su hijo. Una aguja en un pajar. ¿A qué si?

  Es como si les obligáramos a rapear, gritar y mover su cuerpo más allá de las posibilidades de su pequeña constitución. Si ya sé que los tiempos son otros que los niño/as de hoy no son los de ayer, que usan el ordenador, la play, y el Nintendo como ayer nos empeñábamos con los patines tras días de ensayo y demostración. Pero...todo tiene un límite.

  También se que sin excepciones les permiten horas de “Muñes” frente a la tele. Habría que ver para satisfacción de quién o quiénes pues justo es decir cómo aprovechamos los adultos esas horas y cuán poco tiempo destinamos a compartirlas con ello/as.

  El asunto es serio así que les pregunto:

¿Cuántos de ustedes siguen inventando cuentos antes de acostar a sus hijos?

  Pero no me vengan con “cuentos” que aquí quien intenta ser cuentera soy yo! Ah disculpen la perorata pero alguien más debe alertar.

UNETE



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