¿Por qué el fujimorismo nunca fue una opción?

Pese a estar frente a un resultado evidente, la bandera del fujimorismo se volvió a alzar en este país, pero no como una tragedia, sino como, para algunos, una forma de esperanza. Quizás se podría justificar con que la política en Latinoamérica es cíclica; pero, yo creería que, en este caso, haciendo alusión a la terminología marxista que está tan de moda, pareciese que los Fujimori se encuentran en una dialéctica semicircular, en la cual los hechos acontecen dos veces: una como tragedia y otra como farsa. El Fujimori que rebasó ampliamente a Vargas Llosa, sin tener plan de gobierno ni una estrategia clara, es hoy, en pleno 2021, después de dos intentos fallidos de llegar al poder, una caricatura que se basó en una estrategia de miedo, lleno de carteles ridículos que se volvieron un chiste generando una campaña de papus, free fire y chin chin, sin lograr el gran éxito esperado.  Pero claro, como las buenas costumbres tampoco se pierden, en la actualidad el fujimorismo no solo nos robó plata, sino también a un congreso que se escogió democráticamente; robó, en cierto modo, a una prensa “libre” que automáticamente se puso de rodillas dejando que Keiko pudiera dar la recomendación de retirar a la directora de un canal y ni hablar del reciente escándalo de Cuarto Poder; los negocios por debajo de la mesa y la entrega de maletines también volvieron; por si no fuera poco, agarró la camiseta con fines políticos, que descaro, ¿no? Y en vez de mortificar y reprochar las acciones que la mafia fujimorista ha hecho en este país, no, nosotros queríamos premiar a la concha mas grande del Perú, a la personificación del Manual del pendejo con la presidencia de la república. Con ese acto reivindicaríamos el golpe y atrocidades, no solo del padre, sino de la misma Keiko. Dicen que ella quiere redimir su apellido, que ella sí quiere al Perú, ¿perdón? ¿Estamos hablando de la misma Keiko que rechazó el proyecto de Chinecas argumentando como una niña picona que el proyecto no va porque no se le da la regalada gana, y que no le importaba cuántas personas se perjudicaran, porque ella no haría algo bueno por una presidencia que no fuera suya? ¿Eso es querer al país? 

 

. Quizás se podría justificar con que la política en Latinoamérica es cíclica; pero, yo creería que, en este caso, haciendo alusión a la terminología marxista que está tan de moda, pareciese que los Fujimori se encuentran en una dialéctica semicircular, en la cual los hechos acontecen dos veces: una como tragedia y otra como farsa. El Fujimori que rebasó ampliamente a Vargas Llosa, sin tener plan de gobierno ni una estrategia clara, es hoy, en pleno 2021, después de dos intentos fallidos de llegar al poder, una caricatura que se basó en una estrategia de miedo, lleno de carteles ridículos que se volvieron un chiste generando una campaña de papus, free fire y chin chin, sin lograr el gran éxito esperado.  Pero claro, como las buenas costumbres tampoco se pierden, en la actualidad el fujimorismo no solo nos robó plata, sino también a un congreso que se escogió democráticamente; robó, en cierto modo, a una prensa “libre” que automáticamente se puso de rodillas dejando que Keiko pudiera dar la recomendación de retirar a la directora de un canal y ni hablar del reciente escándalo de Cuarto Poder; los negocios por debajo de la mesa y la entrega de maletines también volvieron; por si no fuera poco, agarró la camiseta con fines políticos, que descaro, ¿no? Y en vez de mortificar y reprochar las acciones que la mafia fujimorista ha hecho en este país, no, nosotros queríamos premiar a la concha mas grande del Perú, a la personificación del Manual del pendejo con la presidencia de la república. Con ese acto reivindicaríamos el golpe y atrocidades, no solo del padre, sino de la misma Keiko. Dicen que ella quiere redimir su apellido, que ella sí quiere al Perú, ¿perdón? ¿Estamos hablando de la misma Keiko que rechazó el proyecto de Chinecas argumentando como una niña picona que el proyecto no va porque no se le da la regalada gana, y que no le importaba cuántas personas se perjudicaran, porque ella no haría algo bueno por una presidencia que no fuera suya? ¿Eso es querer al país? 

Ahora vamos con la libertad, ¿Keiko Fujimori representa libertad? No, por ningún lado el fujimorismo podría representar libertad. El ADN fujimorista es autocrático, se basa en acaparar lo más posible los poderes del estado. Quizás para algunos esta vez no sea así, pero, ¿qué voto de confianza le puedes dar a alguien que desde antes de entrar al poder, en el congreso, quiere empezar a cambiar la constitución y moldearla, una vez más, a su antojo? Con el paquete fujimorista también te olvidas de sindicatos, problemas ambientales y, lo más triste, derechos humanos. Y ni hablar de la mayor traición que se le puede hacer al Perú: ser joven y fujimorista; al fujimorismo nunca le importaron los jóvenes, ¿no recuerdan la Ley Pulpín? Despojaba a los que recién nos integramos a un mercado laboral de beneficio alguno. El argumento económico también se derrumba con la creación de una oligarquía que al fujimorismo le gusta gestar porque así puede controlar lo que se le da la gana, y, que de alguna manera, ya hacía en una menor escala. Que desfachatez ser libertario y asustarse por Venezuela, cuando Keiko podría montar un modelo oligárquico similar. La excusa de decir que votas por la libertad y la democracia es una forma de esconder la vergüenza que tienen al votar por una Fujimori, en vez de asumir, quizás con la cabeza agachada, que votaste por miedo; no, prefieren meterse en una burbuja de seguridad tapando o minimizando los actos del fujimorismo.  

La otra opción, lejos de ser buena, tenía una oposición mediocre, llena de gente que hablaba de socialismo, comunismo y marxismo, sin ni siquiera tomarse el tiempo de investigar un poco para comprenderlo. Ahora entiendo la rabia de Mariátegui cuando en su época pasaba algo similar. No me malinterpreten, Castillo es un desastre, pero no estaría ni cerca de hacer lo que se le diera la gana, como sí lo haría Keiko. Castillo no sabe qué hacer, no sabe cómo funciona el estado, es un conservador populista que cambia de discurso en cada mitin y lo único que confirma eso es su enorme precariedad. Y ni hablar de Cerrón, quien le prende una vela a una foto de Castro antes de dormir y que tiene sueños húmedos con un modelo estatista. Si algo hay que reconocerle al tipo es que es un soñador, pero, que una vez más, no podría cumplir ni el 10% de lo que propone, porque tanto él como Castillo están atados de pies y manos. Keiko, con 5 años como primera dama, un periodo de congresista y dos periodos con mayoría en el congreso donde gobernada desde el chat de La Botica a su antojo, demuestra que conoce muy bien cómo mover sus fichas, cómo llenar de metástasis todo el aparato estatal. Qué gran frase la de Gonzales Prada:“El Perú es un organismo enfermo: donde se pone el dedo, salta la pus”. Keiko ha sido y es lo que presiona la herida de este estado decadente y enfermo. Si realmente tuvieras algo de odio por esta república imperfecta, por un modelo que sana mientras hiere, por este país que no es capaz de armar un debate serio, y sobre todo, por un país que está lleno de gente, que sin asco, preferiría vivir en una república gamonal donde las haciendas llegaban más lejos que la visión; si realmente fueras un resentido en esto que llamamos país, votarías por un Fujimori, porque así agregas la cereza a la destrucción, pones en cuenta regresiva la bomba, además de agregar una responsabilidad que nunca hemos asumido: ser una sociedad vigilante. Y no me vengan con las tonterías de: “Ya, ya, anda, come tu pan con dignidad” porque el derecho que tienes al voto, está intrínsecamente relacionado con la responsabilidad que tienes para informarte, para saber por quién votas y no andar argumentando bajo falacias ad ignorantiam, hombre de paja, etc., todo para alimentar ese enorme sesgo de confirmación. 

En fin, las elecciones terminaron. Votaste por quién votaste, en lo que a mí respecta, me da igual, pero no se olvida lo prepotente, reduccionista y mediocre que te convirtió la polarización en estas elecciones. Cuando viste el abismo te acordaste de los pobres, de los indios y cholos, que sí, al igual que tú pueden vivir en el Perú, pero en realidades muy distintas; quizás saques algún cuento meritocrático, pero en este país nada es fácil y hay gente que murió sin tener vacaciones y no logró, ni de cerca, la mitad de cosas que tú o yo poseemos, porque así de injusto es nuestro amado país, capaz de corromper y derrumbar hasta al más avezado. Te volviste economista para criticar a la izquierda, pero no a un tipo que teniendo tanto nombre, no fue capaz de escribir un plan de gobierno decente, que tuvo que recurrir al chabacano de Andrés Hurtado para que le de clasecitas de brechas sociales y realidad peruana. Cuánto egocentrismo de estas dos personas. Te burlabas y minimizabas los casos de las mujeres, pero puf, de un momento a otro te preocupaste,y querías decirles qué era lo correcto; viste solo lo que te convenía sin analizar el panorama completo; coincido al 100% con Hildebrandt en que si la bandera del fujimorismo se hubiera quedado en el asta, al corto plazo tendrias 5 Castillos más y un par de Cerrones. ¿Por qué? Porque 200 años de abandono ya no se solucionan con promesas o con las migajas del modelo, el cambio tarda, pero llega, y en este caso llegará, probablemente, acompañado de decepción. Denotaste el egoísmo puro con un grandísimo yo, yo y yo. Vamos a ver si somos realmente responsables con nuestro voto cuando surjan los problemas, porque de ambos lados surgirán. Minimamente se debería generar una autocrítica, equivocarse y enmendar, eso es lo que nos queda.  

UNETE



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