Balance de una elección. (Nota de opinión)

La elección intermedia ha concluido y hay un gran balance que hacer, entre ellos resolver la pregunta ¿Quién gana y quién pierde la elección?, porque en México y en el mundo funciona así la democracia, es un tema de ganadores, de festejos, de mitin, pero no de la ciudadanía, no de aquellos votantes que salen a ejercer su derecho a votar, quizás pensando en un futuro mejor (o uno igual, pero de todas formas votan).

 

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Ayer la ciudadanía dio dos mensajes muy claros, el primero es vamos a seguir aguantando a los candidatos que nos ponen, que es seleccionado por un ricachón sentado en la presidencia de los partidos políticos, ese candidato vendido, corrupto, obediente y sereno que busca complacer a sus patrones que legislan, que mandan y que regulan la política en México. El segundo mensaje es todavía mejor, confrontemos nuestras ideas como salvajes, porque no importa la opinión que tenga el otro, la mía es la correcta.

La cámara baja ayer tuvo un revés, y es que la población no votó como esperaban por los y las candidatas de Morena a la cámara, pero aun así continua con una cómoda mayoría, no absoluta pero suficiente, para continuar con la ideología, equivocada o correcta del Presidente López, mientras que las coaliciones que representan en ambas partes la podredumbre del país, celebran entusiastas las victorias que poco a poco se fueron delineando para mostrar a nuestros futuros gobernantes de varios niveles, que durante los próximos años buscarán colarse y adaptarse para escalar cada vez más.

Pero mientras en el legislativo las cosas no favorecieron al partido en el poder, en las gubernaturas hoy se habla de la transformación, han quedado atrás aquellos bríos de pelear con el presidente, uniéndose los gobiernos norteños. Ahora la gran parte, pertenecen a la nueva idea política nacional y se ha evangelizado correctamente para que en este país los y las mexicanas, sigan creyendo que la redención les llega a aquellos que optan por cambiar su piel escamosa por una guinda.

La cereza del pastel fue media ciudad adoptando la lucha del Presidente y la Jefa de Gobierno y la otra mitad alzando la voz de hartazgo común, eso sí, la clase media resentida tuvo la culpa dicen los altos mandos, es porque los periódicos y los medios de comunicación han influenciado para que esta clase social, se levante contra la rectitud y la razón, mientras que el chiquero de programas sociales sigue utilizando esos recursos que ya no llegan para generar estabilidad y crecimiento económico, tampoco para el empleo, o la seguridad, ahora lo más importante es alzar los pompones y gritar muy fuerte cuando te pongan la vacuna o te den tu beca por contemplar el horizonte.

Esta elección llega en un momento complicado, una época de pandemia, de violencia, de choques, de críticas, pero sobre todo de polarización de la ciudadanía, aquella que hoy prefiere burlarse de aquellos que antes eran “Fifi” pero hoy perdieron su empleo o su modo de vida, que preocuparse por los problemas del país, total siempre hay otros datos. Y es que, en estos tiempos, el garrotazo va para arriba, no alcanza a llegar y cae en la clase media, eso sí para que los programas sociales sigan convenciendo a la ciudadanía.

Totalmente despreocupados por el rumbo del país, hay quienes al regocijarse se les olvida que al parecer no iremos más que hacia abajo en todos los sentidos económicos, pero es grande la dicha de hundir al otro mexicano y sentir la satisfacción de que uno ya no es más exitoso que yo. Y esta lógica NO es de la gente que trabaja, esa gente que trabaja sus tierras, que vende en un mercado, que puso su negocio, que estudió años para tener un empleo, es la ideología de las personas que hoy cómodamente reciben la caridad del gobierno a cambio de no escuchar las razones que hoy lanzan los opositores.

Gana el partidismo y la imposición, ganan aquellos que son sínicos, que son iguales, que no importa el color, representan una idea obsoleta de gobernar, en la que en realidad no eliges nada, y solamente te hacen pensar que has hecho oír tu voz, mientras que las personas que valen la pena, siguen en los hospitales, en las estaciones, en los aparadores, en las oficinas y en el país, esperando que alguna vez un candidato pueda hacer en un sexenio lo que ellos podrían hacer en un día.

A lo lejos se escuchan aquellas voces que se intentan acallar, de todos aquellos capaces que no fueron seleccionados por el poder porque no son obedientes, corruptibles, sínicos o sociópatas, sino que son personas comunes que ven y viven cosas comunes y entienden los problemas, las necesidades y las carencias de esta sociedad tan mexicana y tan optimista.

Somos parte de una voz que retumba muy fuerte, pero que fácilmente se vuelve a acallar para dejar entre ver un patrocinio en redes sociales y aunque muchos salen a señalarlos, la lanita que les cae y que pertenece a todos las y los mexicanos que pagamos impuestos ya cayó. Mientras los partidos en sus cuartos de guerra se ríen de aquellos que no ven la injusticia que radica en que, a ti ciudadano, te cobren cada vez que compras, que te quitan de tu nomina, que te quitan de tus pocos recursos, para darle a estos partidos políticos cuyo trabajo es hacer un buen show.

Mientras que nosotros entusiastas celebramos la fiesta de la democracia, el presidente hace su rabieta desde palacio y los candidatos al estilo del “Checo” sacan la sidra para celebrar una victoria que en muchos casos será la mentira de todos los años y la misma política tradicional que nos han dejado años de una transformación ideológica que no llega.

Creamos en las y los mexicanos que en verdad podrían hacer una diferencia, pongamos a uno de cada gremio en los curules, pongamos a las personas que les interesa el campo porque toda su vida lo han trabajado, a los que les interesa la salud pública porque compran su propio material para recetar, pongamos a aquellos que les interesa el crecimiento económico porque no les alcanza para la renta de su local, pongamos en esos curules a aquellos que conocer lo que es que te asalten o te roben una autoparte o que simplemente se suben al transporte esperando llegar.

Vamos a dejar de engrandecer a estos hijos de alguien, estos ahijados de los de siempre, a esta clase política que no sabría qué hacer si no está en el lodo de la política, esos mismos que piden su mochada y que representan todo menos a las personas.

No importa quien esté en 2024, incluso esperemos llegar a ese día como está el país, pero si tu hijo de nadie, si tu empleado, si tu lector cualquiera llegas a estar allí, cuenta con mi voto.

UNETE



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