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Supongo que el título de esta entrada les ha llamado la
atención; aclaremos el asunto. La frase es una cita de Carlos Pérez Merinero,
se puede leer en su novela “Días de guardar”, y la he utilizado porque creo que
puede colocar a los lectores en el contexto vital y creativo de este autor, uno
de los escritores más importantes sino el principal de los literatos malditos
del género negro español, me parece que la frase de marras explica esta
cuestión bastante mejor que lo que yo pueda escribir al respecto.
En el pasado mes de marzo publiqué una entrada hablando de
la vida y obra de Carlos Pérez Merinero, ya se sabe que una cosa lleva a la
otra y a cuenta de aquel escrito en el que les contaba que una charla con un
amigo había devuelto a mi memoria la figura de este escritor y como fuera que
eché en falta en mi modesta biblioteca alguna de sus obras, que debí perder en
alguna mudanza hace muchos años, me di una vuelta por internet a ver qué es lo
que encontraba de su producción que francamente me apetecía volver a leer.
Llamó mi atención que Ediciones Vernacci hubiera rescatado
una de sus primeras obras, “El ángel triste”, que publicara Carlos en el lejano
año 1983. La editorial ha editado la novela, que forma parte de su colección
Puño Gris, con un cuidado que llama la atención en estos tiempos de ediciones
descuidadas que se limitan a buscar la mayor rentabilidad comercial del
producto. Se presenta el libro en un estuche con una magnífica ilustración y
tanto la portada como las páginas de la novela dan al libro un aspecto
estupendo. Total que me animé y la compré; fue una buena decisión porque mi
antigua experiencia lectora con las obras de Pérez Merinero la había ido
adquiriendo a través de libros que en su momento se editaron y habrá que
reconocer que, teniendo el mérito que tenían, eran unas ediciones más bien
modestas.
Pasaron semanas desde que el ejemplar llegó a mis manos
hasta que pude leerlo, no fue por falta de ganas, pero si digo verdad en la
mesa que está al lado del sillón que ocupo habitualmente en mi casa tengo ahora mismo dos tongas con unos veinte
libros esperando turno para leerlos. De todas maneras sabido es que más vale
tarde que nunca, así que ayer terminé de releer la que creo fue la tercera
novela negra publicada por Pérez Merinero, que me dejó esa especie de
pesadumbre que uno siente cuando acaba un libro con el que ha disfrutado
muchísimo de su lectura.
La edición de Vernacci, cuenta con un prólogo muy
interesante de Mariano Sánchez Soler, periodista y escritor que ha tocado todos
los palos: Novela, ensayo, poesía, relato corto, guiones cinematográficos y
televisivos, investigación histórica y muchas cosas más, pero que además cuenta
con un mérito que me parece muy importante, el de haber conocido y ser amigo del
autor.
Me parece que dije en su momento que Carlos Pérez Merinero
era un autor desgarrado o algo parecido, la relectura de “El ángel triste” me
confirma esa idea. Dueño de un estilo vibrante que no se pierde en florituras,
utiliza un lenguaje directo que llega clara y contundentemente al lector y hace
gala de un desgarro muy importante tanto en el lenguaje como en el concepto
moral que preside todas sus obras.
Conviene no olvidar que Pérez Merinero era un auténtico
disidente que a través de su obra daba voz a esos seres distintos, que por
mucho que nos pese viven junto a nosotros, asociales, incapaces de vivir
respetando las normas que impone nuestra sociedad, y a través de ellos
proporcionaba al lector una visión muy crítica de la pacata sociedad española
de aquellos tiempos cuya hipocresía, mezquindad y corrupción denuncia. Una de
las características más importantes en la obra de Pérez Merinero es que en sus
novelas negras el protagonista no es un policía o el clásico detective privado,
ni siquiera un expolicía o el socorrido periodista de turno, el protagonista
que nos cuenta la historia en primera persona es el asesino. Pérez Merinero fue
el primero y no sé si el único autor español que ha planteado así sus novelas.
Tal y como nos cuenta Mariano Sánchez Soler en el prólogo de
esta novela el propio autor explicaba así esa decisión: “La novela negra
española que se empezó a publicar después de 1975 no era popular, con excepción
de Manuel Vázquez Montalbán; no nos conocía nadie. La mayoría de los escritores
utilizaba como personajes a detectives y periodistas, pero yo decidí ponerme en
la piel del asesino. Fui el único que lo hizo. Siempre he escrito las novelas
que me ha dado la gana. No me cuesta meterme en la cabeza de los asesinos”.
Hablando de protagonistas, no sé quién dijo, lo he leído en
alguna parte pero no recuerdo dónde, que en todo caso el protagonismo en las
novelas de Pérez Merinero lo podría asumir la amoralidad, que a mí me parece
una de las características más acusadas de los protagonistas del autor. Y
precisamente un amoral como la copa de un pino, es el que nos cuenta la
historia que transcurre a lo largo de las páginas de “El Ángel Triste”, un
individuo sin nombre que nos introduce en su vida y pensamientos.
El protagonista de Pérez Merinero es un hombre de mediana
edad que vive empeñado en sobrevivir sin trabajar matando el tiempo en la
resolución de crucigramas y en la visión de películas cuyos vídeos colecciona
incansablemente. El personaje es un auténtico cinéfilo a través del cual Pérez
Merinero, un auténtico conocedor del cine tanto en su faceta de escritor de
guiones, como en las de crítico y director, nos habla de sus filias y fobias
cinematográficas.
Decía que el "ángel triste" no quiere trabajar,
vive de una renta que le pasa su madre y satisface sus pulsiones sexuales con
una viuda, dueña de una droguería a la que sablea de manera inmisericorde. El
autor nos explicará la evolución de su vida a lo largo de la novela en las tres
partes clásicas: Planteamiento, nudo y desenlace que nos permitirán acompañarle
en la serie de brutales decisiones que va a tomar para proteger esa vida que
pretende que le evite cualquier responsabilidad.
No les cuento más, creo que es una novela francamente buena,
muy bien escrita por mucho que a algunos les parezca mal la utilización del
lenguaje popular como vehículo literario. Un relato que atrapa y en el que el
protagonista, pese a su amoralidad no repugna al lector, casi al contrario, uno
se siente próximo a ese hombre que conforme a nuestra ética es un auténtico
monstruo y que toma las decisiones más horripilantes con una naturalidad y
frialdad sorprendentes.
Recomiendo su lectura, estoy convencido que Carlos Pérez
Merinero les va a atrapar y cuando acaben con el Ángel Triste, sé que buscarán
alguna de sus otras diecisiete novelas, dos publicadas póstumamente, que
escribió el autor en su corta vida.
Tenía mucha razón su hermano David cuando afirmaba: "Todo
escritor está vivo mientras haya un lector que lo lea. Por eso nos hemos
empeñado en ir editando lo que nos dejan de Carlos". Y es muy cierto
que gracias al impagable empeño de David, Carlos Pérez Merinero sigue vivo
entre nosotros.
Hasta aquí hemos llegado, si Dios quiere y a ustedes les da
la paciencia suficiente, espero que nos volvamos a encontrar por aquí el
próximo miércoles. Cuídense mucho.
Un abrazo.