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Quizás con primarias les habría ido mejor, pero ya no era tiempo. Cuando
se afronta un proceso electoral para decidir al presidente del Gobierno
de España, los partidos se tienen que esmerar con el candidato. Tiene
que ser una persona cercana y tolerante, atractiva, de currículo
brillante, sin pecado original, y libre de obstáculos que le provoquen
tropiezos y caídas en caminos despejados.
Con la designación de Alfredo Pérez Rubalcaba para liderar la
candidatura, el PSOE ha errado. Y lo ha hecho a sabiendas. Ellos sabían
que su nefasto presidente, Rodríguez Zapatero, era imposible que
repitiera, y siendo conscientes de ello, teniendo la ventaja del tiempo
para establecer el calendario electoral, y disponiendo además de plazo
suficiente para promocionar a un nuevo candidato, no lo hicieron así,
les pilló el toro, y optaron por la reliquia de Rubalcaba. Entiendo que
eran muchos los codazos entre el personal postulante y, en estos casos
ya se sabe, unos por otros la casa hecha un asco.La mochila de
Rubalcaba pesa mucho. Es un lastre incómodo de llevar. Por eso las
encuestas dicen lo que dicen. Y es que la mochila va cargada con la nefasta Logse, los trinques y corruptelas de la etapa felipista y de
Alfredo ministro, las agitaciones del 14-M, el Faisanazo, las trolas
sobre la negociación con ETA, el empujón de los violentos a las
instituciones, la lenta reacción anticrisis, los cinco millones de
parados, la congelación de pensiones, la bajada de sueldo a los
funcionarios, la debacle empresarial, el hundimiento de miles de
autónomos, y todos esos tics y faltas a la verdad que distinguen al
candidato, colaborador, hacedor y muñidor de todos los gobiernos
socialistas.
Para
aligerar el pesado lastre de la mochila, a don Alfredo P. Rubalcaba no
se le ha ocurrido idea mejor de campaña que pedir el auxilio de Felipe
González y de Alfonso Guerra. Auténticas joyas de la corona socialista,
pletóricas de juventud y rebosantes de ideas, magnates del buen
gobierno, dinámicos gestores de lo público, especialistas en crear
puestos trabajo, generosos, encantadores, sin rencores sociales, con
historiales políticos de gran prestigio. Realmente los dos ex, son todo
un lujo de colaboración, tanto por la simpatía que irradian como por el
talante que les distingue. Ellos arropan en la campaña al compañero
Alfredo, y le ensalzan, y le jalean, y le llaman presidente con agudos
alaridos. Gritan y vociferan con el entusiasmo de los líderes. Por
eso a Rubalcaba las cosas le van como le van. No debería de haber
entrado al trapo. A estas alturas de la carrera política ya tiene hecho
el recorrido y es tiempo de reposo. Lleva muchos años, décadas, urdiendo
Gobiernos y viviendo del escaño. Por cierto, bastante bien. En el largo
trayecto ha hecho cosas buenas, regulares y bastante malas. Algunas
hasta malvadas. Por eso en esta carrera, las encuestas le sitúan muy
lejos de la meta. Aunque con Alfredo nunca se sabe. Trama muy bien.
Pronto lo sabremos. Pero la verdad, su candidatura ha sido un error. Tiene mucho lastre en la mochila. Pesa un huevo.