La imposibilidad de romper el bipartidismo en Estados Unidos

El sistema político estadounidense es como ningún otro en el mundo y la importancia de las elecciones presidenciales cada 4 años en la democracia más poderosa del mundo hacen voltear al planeta entero por más que muchos intenten negarlo. Los largos procesos electorales para las elecciones presidenciales incluyen las primarias, la campaña electoral y el periodo de transición entre presidencias. El constante ciclo electoral mantiene pragmáticas las acciones de los partidos que buscan la reelección, la fina balanza de los estados pendulares junto a la estructura dos asientos por estado en el Senado representan elementos importantes a considerar en las estrategias del partido Republicano y Demócrata. El colegio electoral establece un sistema donde el ganador de cada estado se lleva todos los votos electorales sin importar el margen de victoria, lo cual en los más de dos siglos de elecciones en Estados Unidos ha concentrado la política en el bipartidismo con diversos intentos de romperlo a lo largo de su historia. 

 

. Los largos procesos electorales para las elecciones presidenciales incluyen las primarias, la campaña electoral y el periodo de transición entre presidencias. El constante ciclo electoral mantiene pragmáticas las acciones de los partidos que buscan la reelección, la fina balanza de los estados pendulares junto a la estructura dos asientos por estado en el Senado representan elementos importantes a considerar en las estrategias del partido Republicano y Demócrata. El colegio electoral establece un sistema donde el ganador de cada estado se lleva todos los votos electorales sin importar el margen de victoria, lo cual en los más de dos siglos de elecciones en Estados Unidos ha concentrado la política en el bipartidismo con diversos intentos de romperlo a lo largo de su historia. 
En la historia reciente de Estados Unidos han habido candidatos como George Wallace, político fuertemente segregacionista que capturó 5 estados en el sur y 46 votos del colegio electoral en 1968. Poco después el Partido Republicano adaptó su “estrategia sureña” para capturar el descontento del voto sureño y las estrategias de los partidos se invirtieron tras el apoyo del Partido Demócrata al movimiento de derechos civiles. En las elecciones de 1992 tras 12 años de republicanismo y neoliberalismo volvió una opción creíble a romper el bipartidismo en EEUU. Con el comunismo derrotado y un panorama centrado en la crisis económica a principios de los 90, apareció la figura del multimillonario y magnate de negocios tejano Ross Perot. Su plataforma electoral se encontraba sobre todo el espectro político, un auténtico populista y en cierta manera un precursor al fenómeno de Trump: pro derechos LGBT, pro aborto, pro guerra contra las drogas, pro inversión en educación, pro subir impuestos a las clases altas, anti TLCAN, anti acción afirmativa, anti comités de acción política, anti guerra y sobre todo cortar mucha de la burocracia y establecer un sistema directo de democracia electrónica para acortar la distancia entre el gobierno y la gente. Toda esta diversa oferta de propuestas capturó la atención del electorado americano a comienzos de 1992 cuando los partidos seguían en primarias. 

Perot llegó a liderar las encuestas en junio con 39% de los votos frente a 31% de Bush y 25% de Clinton, quizás su error más grande fue suspender su campaña temporalmente en julio debido a conflictos dentro de la misma relacionados con el enfoque y dirección, argumentando que no se centraba lo suficiente en asuntos específicos. Anunciando en televisión que no buscaría la presidencia porque no quería que la Cámara de Representantes decidiera la presidencia si el colegio electoral se encontrará dividido. La confianza en Perot cayó abruptamente y se creó una desconfianza alrededor del personaje que poco antes lideraba las encuestas a la presidencia. En septiembre calificó a las 50 papeletas y en octubre reactivó su campaña con enormes infomerciales de media hora pagados de su enorme fortuna detallando sus políticas, los cuales alcanzaron audiencias similares a los programas populares del momento. Perot fue invitado a los tres debates presidenciales en donde realizó un buen papel demostrando como una alternativa y como un servidor del pueblo, pero no pudo alcanzar los niveles de popularidad que demostró a mediados de la campaña. En la elección de 1992 consiguió 18.9% del voto popular con 19,741,065 votos pero sin ningún voto en el colegio electoral, aunque se quedó cerca de pepenar algún voto electoral. Perot intentó mantener su movimiento vivo durante los 90 creando el Partido de la Reforma en 1995 pero sin poder capturar ese entusiasmo del 92 al capturar sólo 8.4% del voto en 1996. Para el 2000 el partido era residual pero desde entonces han habido intentos de alternativas por el Partido Libertario con Gary Johnson con 4.5 millones de votos en 2016 y el Partido Verde han estado presentes como alternativas pero su limitado presupuesto, su reducida influencia y las barreras impuestas para su participación en el proceso político impiden romper la estructura bicefálica que existe hoy en día.

El asalto al capitolio a comienzos de este año representó quizás el roce más fuerte a la integridad democrática en la historia reciente de Estados Unidos. En unas elecciones altamente polarizadas en donde la presidencia se encargó de desacreditar el voto por correo, el caldo de cultivo de una ideología empeñada en la desacreditación y la conspiración se volcó en deslegitimar los resultados de la elección. Todo esto estalló el 6 de enero con la incitación del presidente a una ya agitada muchedumbre sesgada por los medios de comunicación conservadores y/o alimentada por teorías conspiranóicas como QAnon a “tomar el control de su país” e interrumpir la votación del colegio electoral. Tras estos incidentes que dejaron un saldo de 5 muertos, docenas de detenidos y un segundo intento de destitución a Trump han dejado un partido extremadamente fracturado. Por un lado: un partido ansioso por regresar a sus valores tradicionales y desapegarse de la ideología que los llevó a los sucesos del capitolio y por el otro se encuentra la rama Trump, la que se encuentra respaldada por los 75 millones de votos y una nueva generación de votantes atraídos al mensaje populista, proteccionista y nacionalista del ex-mandatario. 

El juicio de destitución no procedió y le deja la puerta abierta a Trump de volver a lanzarse como candidato, el problema recae cuando sigue liderando las encuestas entre los votantes mientras que dentro del partido se encuentra dividido entre seguir su liderazgo o pugnar su ideología. Discrepancias dentro de los partidos han existido siempre, como fue el caso de Bernie Sanders en 2016 y 2020 pero los cuatro años de mandato de Trump han permeado dentro del partido a un punto que hay una crisis de poder y liderazgo con elecciones al año siguiente. La expulsión de Liz Cheney de uno de los cargos más importantes dentro del partido después de su fuerte oposición a Trump representa un golpe de timón en la dirección del partido aun con un ex-presidente sin redes sociales. Solo el tiempo dirá si la vieja guardia podrá tomar mayor poder del partido pero hasta ellos mismos han enunciado que la tercera vía es inviable mientras que el Trumpismo siga vivo y coleando y lo que probablemente procederá será otra pelea por el poder en las elecciones de 2022 y las presidenciales de 2024.

UNETE



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