La Cibertortura. Desafíos Legales. Por María Alejandra Gámez

Este artículo pertenece a una serie de tres que iré publicando en este medio. Refleja la experiencia personal del autor y de otras víctimas de cibertortura cuyas voces no han sido escuchadas. No pretende determinar los tipos de tecnologías, formas, armas o dispositivos que se utilizan actualmente en estos delitos que consideramos de lesa humanidad.

 

. Refleja la experiencia personal del autor y de otras víctimas de cibertortura cuyas voces no han sido escuchadas. No pretende determinar los tipos de tecnologías, formas, armas o dispositivos que se utilizan actualmente en estos delitos que consideramos de lesa humanidad.
Son inmensos y abrumadores los desafíos legales que enfrenta la sociedad respecto a las nuevas formas de tortura existentes, muchas de las cuales se realizan sin contacto ya que hacen uso de tecnologías avanzadas que no requieren la presencia física del torturado y el torturador en un mismo espacio físico. Es decir, que se realizan a distancia, por medio de tecnología y en el más absoluto anonimato e impunidad.

En primer lugar hay que destacar que el principal problema a enfrentar por la sociedad contemporánea es que hasta el momento no existe ninguna legislación conocida al respecto, que sirva para amparar a las víctimas, permitirles a ellas denunciar y a las autoridades responsables investigar los delitos involucrados en estas prácticas; como tampoco la hay para regular la rendición de cuentas de los estados y gobiernos involucrados, o para impedir el uso de dichas prácticas tanto por órganos represivos de los estados como por delincuentes comunes. En este sentido, se requiere con urgencia una nueva legislación, clara y específica, que permita procesar y encarcelar a los criminales y las víctimas obtener justicia y reparación. Pero esto no sería tan grave si existiera al menos la voluntad de hacerlo. Y si no no se le aunara el hecho de que el desconocimiento de la existencia y usos de estas tecnologías, no se produce sólo a nivel del público en general, sino también de los especialistas, legisladores, políticos, defensores de derechos humanos, fiscales de ministerio público, defensores del pueblo y demás garantes del respeto de los derechos individuales.

Las características de la cibertortura, sus efectos y daños sobre la víctima a corto y largo plazo, son totalmente ignorados. Los efectos psicológicos y las alteraciones que se producen en la víctima a nivel físico, neurológico y psicológico son desconocidos y suelen ser diagnosticados médicamente cómo una enfermedad mental o o un desorden de orden fisiológico.

Por todo lo anterior denunciar este delito se hace prácticamente imposible. Es una forma de acoso y tortura difícil de detectar, principalmente debido al hecho de que la persona víctima no necesariamente ha sido aprendida, encarcelada o procesada; aunque de hecho si haya sido privada de libertad. Porque la cibertortura puede tener lugar en cualquier localización en la cual se encuentre la víctima, aunque ocurre generalmente en su propio domicilio, en su habitación e incluso en su propia cama. Por otra parte, debido a las características de las armas y tecnologías involucradas, tanto el torturador como el grupo o institución a la cual pertenece permanecen ocultos y desconocidos para la víctima, así como su ubicación geográfica. Sin embargo, no por ser difícil de probar debamos cruzarnos de brazos. Dificil no es imposible. La tortura deja huellas detectables por los expertos, tanto físicas, como neurológicas y psicológicas. Y aquí viene el tercer obstáculo para las víctimas.

No existe, o al menos, las víctimas no conocen ni un solo protocolo médico forense de detección. Así cómo al parecer tampoco lo tienen los gobiernos, las organizaciones gubernamentales y ni siquiera los entes independientes especializados en la prevención de la tortura, que se4rían los encargados de certificar el delito para su posterior investigación.

Es innegable que sin una base legal sólida para la detección y castigo del delito, no es posible procesar a los responsables, y tanto ellos como los perpetradores permanecerán impunes. ¿Qué estamos esperando para exigir que se legisle en este campo?

Los delitos se están cometiendo justo ahora.

1 de Junio 2021

UNETE



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