El Condenado a Muerte



Hoy me muero. Durante quince años he combatido mi sentencia, me he declarado inocente, contratando a los mejores abogados he procurado escabullirme de la justicia. Ante una avalancha de pruebas he implorado el perdón Divino, la conmutación de mi pena, el indulto presidencial de un carajo que ni siquiera conozco, la amnistía de una cuerda de payasos que viven de nuestros impuestos.

 


​ Ayer me llegó una carta de mamá. Desfilaron pensamientos sin sentido, me vi acurrucado en los brazos de la única mujer que amé en vida, recordé mis tardes de adolescente, escribiendo las clases de matemática. Sin duda, era excelente estudiante. Mis visiones del apocalipsis me aterrorizaron. Me aliviaba no vivir el fin del mundo. Vi a mi pastor exaltado, en el púlpito de la Catedral, exclamando palabras cristocéntricas. Por ultimo, vi un tiroteo, yo en medio, escondiéndome entre la hierba, sentí un escalofrío, la adrenalina impedía que sintiera el impacto. Desperté con un fuerte retorcijon y mucho calor en mi pierna. Era una pesadilla.

​ Uno de los gendarmes me trajo un poco de agua de avena endulzada con miel de caña. Mi cara estaba pálida, una fina linea de sol atravesaba el cielo y se postraba humillada ante mi soledad. Yo era un excremento humano, un parásito despreciado por la plebe. Si en este momento saliese al publico, me apedrearían. Me alivia saber que moriré o ya morí (no termino de diferenciar los sueños ultratumbas de las realidades de una vida mítica) atrapado en las mazmorras del Estado. Acaso seré olvidado por muchos, pero no por mi madre. Acaso no se acordaran de mi lucha contra la opresión de la civilización, pero cuando un anarquista en el 2150 levante su voz contra el totalitarismo de las maquinas, o del arte, o de las mujeres y sus ideas feminazis, allí estará un pedacito de mi alma, atada a la rebelión del hombre primitivo contra las ataduras del progreso.

Había leído la Biblia de niño. Aún recuerdo la primera frase: "En el principio, creó Dios los cielos y la Tierra", para entonces el mundo era una estructura simple, las fuerzas de la entropía que destruyen el orden no habían hecho los desastres del siglo XX. A pesar de todo, Dios es tan perfecto que encontró desorden en el ordenamiento primitivo. "La Tierra estaba desordenada y vacía", nada podía estar a la altura del Creador. Él mismo demostraba estar sujeto a la entropía, ya que su creación no podía suplirle. Los teólogos quizá encuentren en mis argumentos un poco de blasfemia o herejía. Pero lo innegable es que todo iba de bien en peor. Acaso porque el bien entraña el concepto de lo mejorable, de lo perfecto, así como su contraparte, el concepto tenebroso de lo ilícito, lo pérfido, el mal.

El mundo de los gigantes permitía una longevidad que la ciencia no alcanzará nunca a emular. Entiéndase el adjetivo "nunca" aquí como sinónimo de un lapso temporal inferior al de la vida de nuestra lengua castellana. Quizá cuando la ciencia encuentre la vida eterna, mi texto sea un jeroglífico irrecuperable y por ende, seria también irrefutable. Pero luego, el pecado hizo sus estragos, los hombres se acostaron con hombres y las mujeres con las mujeres y un par de sociedades fueron destruidas con un apocalipsis patriarcal.

Tras estos sucesos, un Hombre llegó a la Tierra a redimir al mundo. Jesús de Nazareth se sacrificó como en un suicidio (sacrificio) predestinado desde el infinito tiempo pasado, murió en una cruz haciéndose pasar por un reo culpable, asumiendo una culpa inimputable a su vida integra y así termina la historia del Cristianismo, pregonado por un sector de mi especie. Luego de ello, se suceden los Padres de la Iglesia, los Santos, los Papas, las Cruzadas, la Reforma y las Cismas. Hasta que aparece en escena un personaje que es oscurecido por una condena a muerte.

Acaso prototipo de Cristo, aunque no suelo considerarme a mí mismo Mesías o fundador de un nuevo Pacto, acepto que quien pueda creer en mí, tiene su derecho a hacerlo, la libertad de pensamiento no puedo frustrarsela y por ello tiene todo el derecho a representar en su escasa mentalidad, ser un digno imbécil, como muchos que creen mentiras, cada quien tiene el derecho de ser un mentecato porque la ignorancia es libre. 

En este mundo hay muchas versiones de la historia. Otros sectores minoritarios aspiran a un orden mejor. Los Mahometanos adoran a su Dios árabe y se autodestruyen en la conquista del Dorado. Yo por mi parte viví una vida de pasiones desordenadas, de lujuria, de lascivia y de gula, una perezosa vida de desenfreno. Deje que despertaran en mi subsuelo las bajas pasiones de mi cuerpo y ello me ha traído quebranto.

Mi condena nació en mi fuero interno. Por decisión personal había aceptado mi destino y estaba condenado a muerte (eterna) desde antes de que un juez pronunciara un documento con fuerza de Ley en un Estrado de una Institución de Justicia. Ahora siento ser un espejo del mundo y mi declive le representa. veces tengo la extraña sensación de que todo es al revés, yo soy la realidad y el mundo es solo un espejo de mí, creado todo a mi imagen y semejanza, supongo que la causa de mi narcisismo es mi crianza, mi madre me toñequeaba continuamente y crecí como hijo único, mimado y malcriado. Mi orgullo me impidió pedir disculpas cuando violé el Contrato Social.

Eran las dos de la madrugada. Yo aspiraba consumir una dosis de éxtasis, me dirigí a la olla, un burdel que quedaba a escasas casas de mi hogar. El olor a humo y a hollín me embriagaba tanto así que me sentía en casa. Luego de consumir me entregue a la depravación. Sostuve un encuentro intimo con un amigo. Era robusto, de facciones ásperas, antónimo de mi yo pulcro, limpio y frágil. Era él una figura masculina que decía ser bisexual. Escuche las campanas de una Catedral. Supuse que alguien había muerto. Me sentí perdido en mi pecado. Acaso las lamentaciones eran para mí y por mí. Salí despedido y encontré un viejo enemigo que había abusado de mí en la infancia. Temí una lucha, me escondí en la maleza y corrí a casa a buscar una navaja. Al salir ya no había nadie. Era un espectro de la droga (pensé). Caminé sin rumbo por el poblado. Aún no amanecía.

Una mujer delgada, fina, de la burguesía criolla llamó inmediatamente mi atención. Ella pasaba un puente colgante, corrí a su encuentro y descubrí que era mucho más pura que mi estado, yo era para ella la hez, me repudiaría con solo mirarme. No alcance a pronunciar palabra, ni siquiera pude contener mi rabia y antes de que ella lanzara un grito escalofriante la ataqué de frente, descargué contra ella (pobre criatura enjuta, me recuerda ahora a mi madre, así debió ser de joven) un golpe descomunal. Era un golpe que había estado esperando lanzar toda mi vida contra una criatura indefensa. Era mi instinto animal, mi lobo rapaz rebelándose contra la moral aprendida. Simplemente me sentía Napoleón en aquel instante, o un héroe perdido con una maquina del tiempo escondida en mi maleta, un hombre en busca de su lugar en la Tierra. Me sentía profundamente agitado por un deseo grosero de desfigurar a esta niña. Una ansia de destrozarla, deshonrarla, descubrir su desnudez en su presencia y defecar sobre ella, demostrando a través de este chivo expiatorio mi desprecio absoluto por la Humanidad.

Al desvestirla, ella fue un manso cordero que dejaba que hiciera y deshiciera con ella, su única condición era que le perdonase la vida, se sometió callada a mi arbitrio y no hizo resistencia. Ello me causó más espanto, más rabia, por lo cual cuando terminé de humillarla y susurrarle injurias a su oído, decidí desprenderme de este deshecho de mi avaricia. Alcé sobre mi cabeza el puñal y lo clavé. La sangre me ensució completamente. Miré sus ojos suplicantes y luego de consumado el crimen, me hundí en un vértigo soporífero que no logré resistir. Acto seguido, me encontré encerrado en un calabozo de la Policía de Barinas. Desde entonces no pudiera relatar más nada, no hay hechos de importancia que subrayar. Salvo quizá una breve carta de mi abuela donde me informaba de la muerte prematura de mi madre al saber mi condena y a despecho de su fracaso como madre. La pena moral terminará matándome y por ello acepto con estoicismo mi condena a pena de muerte. Hasta diría que me recocija. Ya nos habremos ido los dos para el día de mañana. La sociedad se habrá desembarazado de una mujer noble y alcahueta, de una joven inocente que padeció el pecado ajeno y de un criminal desalmado. Mañana los niños saldrán a clases, las madres llevaran las loncheras a los preescolares y las maestras revisaran su planificación diaria. Mañana seres desconocidos por mí se darán en casamiento, otros morirán en santa paz y otros festejaran el nacimiento de un bebe. El mundo seguirá igual sin mí, salvo mi abuela, sola que quizá no sobreviva mucho tiempo. Yo estaré descomponiendome en el infierno, a menos que la Salvación del Mesías me alcance, y mi odio y mi vanidad fenecerá para entonces y no tendré más memoria de mí. Todo es vanidad. El Héroe reencarnará quizá dentro de un siglo en un anarquista que pronunciará un discurso histórico sobre las escalinatas que conducen a la estatua de Abraham Lincoln, pero ya no recordará la historia de su vida anterior. Yo por mi parte solo disfruto mi último día. En horas ingresaré a la cámara de la muerte y allí expiraré.

Postdata: El día de ayer murió el condenado E.C. sentenciado por la muerte de una joven en el puente O. Sus bienes se repartirán entre su abuela y un tio que le sobrevive. Sus cartas deberán ser quemadas por instrucción de él mismo que dejó constancia de sus últimos deseos en el testamento que escribió un mes antes de su ejecución.



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El Condenado a Muerte


Hoy me muero. Durante quince años he combatido mi sentencia, me he declarado inocente, contratando a los mejores abogados he procurado escabullirme de la justicia. Ante una avalancha de pruebas he implorado el perdón Divino, la conmutación de mi pena, el indulto presidencial de un carajo que ni siquiera conozco, la amnistía de una cuerda de payasos que viven de nuestros impuestos.

 


​ Ayer me llegó una carta de mamá. Desfilaron pensamientos sin sentido, me vi acurrucado en los brazos de la única mujer que amé en vida, recordé mis tardes de adolescente, escribiendo las clases de matemática. Sin duda, era excelente estudiante. Mis visiones del apocalipsis me aterrorizaron. Me aliviaba no vivir el fin del mundo. Vi a mi pastor exaltado, en el púlpito de la Catedral, exclamando palabras cristocéntricas. Por ultimo, vi un tiroteo, yo en medio, escondiéndome entre la hierba, sentí un escalofrío, la adrenalina impedía que sintiera el impacto. Desperté con un fuerte retorcijon y mucho calor en mi pierna. Era una pesadilla.

​ Uno de los gendarmes me trajo un poco de agua de avena endulzada con miel de caña. Mi cara estaba pálida, una fina linea de sol atravesaba el cielo y se postraba humillada ante mi soledad. Yo era un excremento humano, un parásito despreciado por la plebe. Si en este momento saliese al publico, me apedrearían. Me alivia saber que moriré o ya morí (no termino de diferenciar los sueños ultratumbas de las realidades de una vida mítica) atrapado en las mazmorras del Estado. Acaso seré olvidado por muchos, pero no por mi madre. Acaso no se acordaran de mi lucha contra la opresión de la civilización, pero cuando un anarquista en el 2150 levante su voz contra el totalitarismo de las maquinas, o del arte, o de las mujeres y sus ideas feminazis, allí estará un pedacito de mi alma, atada a la rebelión del hombre primitivo contra las ataduras del progreso.

Había leído la Biblia de niño. Aún recuerdo la primera frase: "En el principio, creó Dios los cielos y la Tierra", para entonces el mundo era una estructura simple, las fuerzas de la entropía que destruyen el orden no habían hecho los desastres del siglo XX. A pesar de todo, Dios es tan perfecto que encontró desorden en el ordenamiento primitivo. "La Tierra estaba desordenada y vacía", nada podía estar a la altura del Creador. Él mismo demostraba estar sujeto a la entropía, ya que su creación no podía suplirle. Los teólogos quizá encuentren en mis argumentos un poco de blasfemia o herejía. Pero lo innegable es que todo iba de bien en peor. Acaso porque el bien entraña el concepto de lo mejorable, de lo perfecto, así como su contraparte, el concepto tenebroso de lo ilícito, lo pérfido, el mal.

El mundo de los gigantes permitía una longevidad que la ciencia no alcanzará nunca a emular. Entiéndase el adjetivo "nunca" aquí como sinónimo de un lapso temporal inferior al de la vida de nuestra lengua castellana. Quizá cuando la ciencia encuentre la vida eterna, mi texto sea un jeroglífico irrecuperable y por ende, seria también irrefutable. Pero luego, el pecado hizo sus estragos, los hombres se acostaron con hombres y las mujeres con las mujeres y un par de sociedades fueron destruidas con un apocalipsis patriarcal.

Tras estos sucesos, un Hombre llegó a la Tierra a redimir al mundo. Jesús de Nazareth se sacrificó como en un suicidio (sacrificio) predestinado desde el infinito tiempo pasado, murió en una cruz haciéndose pasar por un reo culpable, asumiendo una culpa inimputable a su vida integra y así termina la historia del Cristianismo, pregonado por un sector de mi especie. Luego de ello, se suceden los Padres de la Iglesia, los Santos, los Papas, las Cruzadas, la Reforma y las Cismas. Hasta que aparece en escena un personaje que es oscurecido por una condena a muerte.

Acaso prototipo de Cristo, aunque no suelo considerarme a mí mismo Mesías o fundador de un nuevo Pacto, acepto que quien pueda creer en mí, tiene su derecho a hacerlo, la libertad de pensamiento no puedo frustrarsela y por ello tiene todo el derecho a representar en su escasa mentalidad, ser un digno imbécil, como muchos que creen mentiras, cada quien tiene el derecho de ser un mentecato porque la ignorancia es libre. 

En este mundo hay muchas versiones de la historia. Otros sectores minoritarios aspiran a un orden mejor. Los Mahometanos adoran a su Dios árabe y se autodestruyen en la conquista del Dorado. Yo por mi parte viví una vida de pasiones desordenadas, de lujuria, de lascivia y de gula, una perezosa vida de desenfreno. Deje que despertaran en mi subsuelo las bajas pasiones de mi cuerpo y ello me ha traído quebranto.

Mi condena nació en mi fuero interno. Por decisión personal había aceptado mi destino y estaba condenado a muerte (eterna) desde antes de que un juez pronunciara un documento con fuerza de Ley en un Estrado de una Institución de Justicia. Ahora siento ser un espejo del mundo y mi declive le representa. veces tengo la extraña sensación de que todo es al revés, yo soy la realidad y el mundo es solo un espejo de mí, creado todo a mi imagen y semejanza, supongo que la causa de mi narcisismo es mi crianza, mi madre me toñequeaba continuamente y crecí como hijo único, mimado y malcriado. Mi orgullo me impidió pedir disculpas cuando violé el Contrato Social.

Eran las dos de la madrugada. Yo aspiraba consumir una dosis de éxtasis, me dirigí a la olla, un burdel que quedaba a escasas casas de mi hogar. El olor a humo y a hollín me embriagaba tanto así que me sentía en casa. Luego de consumir me entregue a la depravación. Sostuve un encuentro intimo con un amigo. Era robusto, de facciones ásperas, antónimo de mi yo pulcro, limpio y frágil. Era él una figura masculina que decía ser bisexual. Escuche las campanas de una Catedral. Supuse que alguien había muerto. Me sentí perdido en mi pecado. Acaso las lamentaciones eran para mí y por mí. Salí despedido y encontré un viejo enemigo que había abusado de mí en la infancia. Temí una lucha, me escondí en la maleza y corrí a casa a buscar una navaja. Al salir ya no había nadie. Era un espectro de la droga (pensé). Caminé sin rumbo por el poblado. Aún no amanecía.

Una mujer delgada, fina, de la burguesía criolla llamó inmediatamente mi atención. Ella pasaba un puente colgante, corrí a su encuentro y descubrí que era mucho más pura que mi estado, yo era para ella la hez, me repudiaría con solo mirarme. No alcance a pronunciar palabra, ni siquiera pude contener mi rabia y antes de que ella lanzara un grito escalofriante la ataqué de frente, descargué contra ella (pobre criatura enjuta, me recuerda ahora a mi madre, así debió ser de joven) un golpe descomunal. Era un golpe que había estado esperando lanzar toda mi vida contra una criatura indefensa. Era mi instinto animal, mi lobo rapaz rebelándose contra la moral aprendida. Simplemente me sentía Napoleón en aquel instante, o un héroe perdido con una maquina del tiempo escondida en mi maleta, un hombre en busca de su lugar en la Tierra. Me sentía profundamente agitado por un deseo grosero de desfigurar a esta niña. Una ansia de destrozarla, deshonrarla, descubrir su desnudez en su presencia y defecar sobre ella, demostrando a través de este chivo expiatorio mi desprecio absoluto por la Humanidad.

Al desvestirla, ella fue un manso cordero que dejaba que hiciera y deshiciera con ella, su única condición era que le perdonase la vida, se sometió callada a mi arbitrio y no hizo resistencia. Ello me causó más espanto, más rabia, por lo cual cuando terminé de humillarla y susurrarle injurias a su oído, decidí desprenderme de este deshecho de mi avaricia. Alcé sobre mi cabeza el puñal y lo clavé. La sangre me ensució completamente. Miré sus ojos suplicantes y luego de consumado el crimen, me hundí en un vértigo soporífero que no logré resistir. Acto seguido, me encontré encerrado en un calabozo de la Policía de Barinas. Desde entonces no pudiera relatar más nada, no hay hechos de importancia que subrayar. Salvo quizá una breve carta de mi abuela donde me informaba de la muerte prematura de mi madre al saber mi condena y a despecho de su fracaso como madre. La pena moral terminará matándome y por ello acepto con estoicismo mi condena a pena de muerte. Hasta diría que me recocija. Ya nos habremos ido los dos para el día de mañana. La sociedad se habrá desembarazado de una mujer noble y alcahueta, de una joven inocente que padeció el pecado ajeno y de un criminal desalmado. Mañana los niños saldrán a clases, las madres llevaran las loncheras a los preescolares y las maestras revisaran su planificación diaria. Mañana seres desconocidos por mí se darán en casamiento, otros morirán en santa paz y otros festejaran el nacimiento de un bebe. El mundo seguirá igual sin mí, salvo mi abuela, sola que quizá no sobreviva mucho tiempo. Yo estaré descomponiendome en el infierno, a menos que la Salvación del Mesías me alcance, y mi odio y mi vanidad fenecerá para entonces y no tendré más memoria de mí. Todo es vanidad. El Héroe reencarnará quizá dentro de un siglo en un anarquista que pronunciará un discurso histórico sobre las escalinatas que conducen a la estatua de Abraham Lincoln, pero ya no recordará la historia de su vida anterior. Yo por mi parte solo disfruto mi último día. En horas ingresaré a la cámara de la muerte y allí expiraré.

Postdata: El día de ayer murió el condenado E.C. sentenciado por la muerte de una joven en el puente O. Sus bienes se repartirán entre su abuela y un tio que le sobrevive. Sus cartas deberán ser quemadas por instrucción de él mismo que dejó constancia de sus últimos deseos en el testamento que escribió un mes antes de su ejecución.




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