Hoy me muero. Durante quince años he combatido mi sentencia, me he declarado inocente, contratando a los mejores abogados he procurado escabullirme de la justicia. Ante una avalancha de pruebas he implorado el perdón Divino, la conmutación de mi pena, el indulto presidencial de un carajo que ni siquiera conozco, la amnistía de una cuerda de payasos que viven de nuestros impuestos.




