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Mis amigos, los libros


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08/11/2011


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Presentar libros, es como presentar a un amigo, o en este caso a un grupo de amigos. Cuando pasa eso, cuando le presentamos un amigo a alguien, después queremos que nos digan cosas buenas de ellos. Yo quisiera que después me encontrara con uno de ustedes y me dijera: gracias por presentarme a ese amigo, genial lo que me contó. Eso es presentar un libro, o como hoy, presentar a toda una camarilla de amigotes.


Los libros, los libros. Borges decía que “de los diversos instrumentos inventados por el hombre, el más asombroso es el libro; todos los demás son extensiones de su cuerpo. Sólo el libro es una extensión de la imaginación y la memoria”. Libros, caminos y días dan sabiduría, reza un proverbio Árabe. Harold Bloom dice que estar a solas con un buen libro es ser capaz de comprenderse más a sí mismo. Y si es así, cabe preguntarse por qué en Chile se lee tan poco. En el estudio de la Fundación La Fuente “Chile y los libros, 2010, podemos leer que más del 50% de los chilenos no lee libros.

Pierre Jacomet, sabía todo esto sobre los libros y se, sin ninguna duda, que sabía algo más. Sabía mucho de estos amigos, me presentó varios en largas conversaciones. Me presentó a uno que yo solo conocía de nombre, lo había visto en alguna parte. Me presentó Raymond Queneau, y su libro Ejercicios de Estilos, Editorial Cátedra. Libro, en que por donde se lea, encontraremos ingenio, y una lección sencilla, se puede contar una historia, de 100 formas distintas. Queneau, ensaya, 100 formas de una misma historia, ensaya a lo mejor todas las formas de contar lo mismo, ensaya, la vida. Lo que nos lleva por otra parte, en este Congreso de Ciencias Sociales, a todas las formas que tenemos de leer una realidad. Queneau, se especializaba en estos juegos, junto a Italo Calvino y George Perec, crearon el Taller de Escritura Potencial el Oulipo, Taller que se caracterizó, en llevar al paroxismo, el lenguaje y sus variantes, la realidad y sus lecturas. Pero el proyecto Oulipo iba más allá, pues, fue la respuesta a un contexto, a un momento particular, fue la ruptura con una doble serie de ilusiones: las del surrealismo y las sartrianas. La declaración de principios se convirtió en un emblema: "Llamamos literatura potencial a la búsqueda de formas y de estructuras nuevas que podrán ser utilizadas por los escritores como mejor les parezca", se lee en la página 38 del libro La littérature potentielle, de la editorial Gallimard. En otras palabras, se plantea nuevas formas de leer la realidad.

Borges decía que ordenar bibliotecas es ejercer de un modo silencioso el arte de la crítica. Y Jacomet lo hizo, en su libro Un viaje por mi biblioteca, de la Editorial Catalonia, en este libro Pierre Jacomet nos muestra a sus amigos y, ensaya la crítica al ordenar sus lecturas. Este libro no devela sólo las aficiones del autor, sino, que podemos encontrar una pequeña guía de lectura, pues, encontramos desde el Bhagavad Gita, al Popol Vuh, también los rusos, autores de la Edad Media, libros y autores Contemporáneos y por supuesto, los clásicos. Encontramos en definitiva, su biblioteca.

 Los clásicos, son esos libros de los cuales se suele oír decir: “Estoy releyendo...” y nunca “Estoy leyendo...”. O, “Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir”. Dice Italo Calvino, en su ensayo Por qué Leer a los clásicos. Es tal la fascinación de este autor, que escribe 14 razones para leer estos libros. Al igual que Jacomet, nos comparten su mundo, sus obsesiones. Cada uno construye una taxonomía de libros y de autores.

 Y no puedo dejar de recomendar, a propósito de taxonomías, el libro Las Palabras y las Cosas de Michel Foucault, Editorial Siglo XXI, cuando se sorprende del listado que Borges hace en el texto “El idioma analítico de John Wilkins” y que nos dice:

 “Este libro nació de un texto de Borges. De la risa que sacude, al leerlo, todo lo familiar al pensamiento —al nuestro: al que tiene nuestra edad y nuestra geografía—, trastornando todas las superficies ordenadas y todos los planos que ajustan la abundancia de seres, provocando una larga vacilación e inquietud en nuestra práctica milenaria de lo Mismo y lo Otro. Este texto cita "cierta enciclopedia china" donde está escrito que "los animales se dividen en a] pertenecientes al Emperador, b] embalsamados, c] amaestrados, d] lechones, e] sirenas, f] fabulosos, g] perros sueltos, h] incluidos en esta clasificación, i] que se agitan como locos, j] innumerables, k] dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, l] etcétera, m] que acaban de romper el jarrón, n] que de lejos parecen moscas".* En el asombro de esta taxonomía, lo que se ve de golpe, lo que, por medio del apólogo, se nos muestra como encanto exótico de otro pensamiento, es el límite del nuestro: la imposibilidad de pensar esto.

 Literatura y Ciencias Sociales. Observar la realidad a través de esta. Foucault lo hace aquí y a lo largo de su obra. Pero, la pregunta que abre y nos arroja es “la imposibilidad de pensar esto”. La imposibilidad de pensar la realidad o, los límites de pensar lo social.

 Imposibilidad que nos obliga a construir categorías y taxonomías.

 El año 2009, la Universidad Diego Portales a través de su editorial, publica el libro “El arte de clasificar a los chilenos”, donde Alfredo Joignant y Pedro Güell son los coordinadores. Es evidente que no todos los chilenos somos iguales, nos dicen los autores en la introducción, pero es mucho menos evidente la respuesta a las preguntas ¿Cuántos tipos de chilenos hay?, ¿qué rasgos definen la identidad de cada grupo y cuáles los diferencian del resto?

 Las clasificaciones sociales no vienen dada por la naturaleza, son una construcción social. Ellas son generadas por actores e instituciones con intereses específicos, sean estas iglesias, Estados, agentes del mercado, partidos, ciencias o localidades geográficas. Aún las aparentes clasificaciones “objetivas” que surgen de la cuantificación estadística de algunas características de la población, de la distribución del ingreso o de las caracterizaciones de las opiniones o estilos de consumo, dependen de criterios arbitrarios que permiten la selección de ciertas variables y no de otras. Las clasificaciones no se descubren, sino que se proponen.

 Pero aunque las clasificaciones crean realidades, no son iguales a la realidad.

 Éstas son algunas preguntas planteadas por este libro, todas ellas abordadas desde la economía, la sociología y la ciencia política. Este es un trabajo que escudriña el fino arte clasificatorio, cuyo resultado es una compleja representación de grupos extraordinariamente diversos, nos dice este libro.

 Clasificar, ordenar a los chilenos, es posible hacerlo, o nos pasará lo mismo que a Foucault con la lista de Borges, nos pondrá frente a la imposibilidad de pensar eso.

 Claudio Magris, dice en la contraportada de su libro Danubio, que “El libro es un recorrido laberíntico, en la búsqueda del sentido de la vida y de la historia; el viaje, antiguo y a la vez abierto a la más fugitiva realidad de nuestros días, se convierte en una metáfora de la existencia y una aventura en la crisis contemporánea, una odisea de la identidad”.

 De la identidad, una odisea. El encuentro que tenemos con el libro es una experiencia total, una experiencia de vida.

 El FCE publicó un libro que se titula Breve historia del alma, de Luca Vanzago. ¿Qué es el alma? ¿Dónde se encuentra? ¿De dónde viene? Interroga el autor. El hombre ha intentado responder a estas interrogantes desde mucho tiempo antes que la filosofía reflexionara acerca de ellos. La continua renovación de estas cuestiones a lo largo de los siglos bajo formas muy diversas propone una y otra vez el problema acerca del sentido de la vida y la existencia. El concepto de alma ha sido abordado desde distintas posiciones filosóficas, muchas de ellas opuestas, se lee en la contratapa. En este libro Luca Vanzago busca puntos de contacto entre dichas posiciones con el objeto de lograr una perspectiva que permita reconstruir el significado general de un término que posee múltiples sentidos. Hablar de alma significa hablar de un problema que no encuentra su verdad y auténtica respuesta y solución, de una forma definitiva, sino, por el contrario, en la continua reapertura de la indagación, en la no agotada e inagotable sed de saber qué es el alma, como interrogante, duda o tormento que cada uno siente al preguntarse quién es y por qué es.

 Fernando Pessoa escribe en el Libro del desasosiego, edición EMECE, “¿Conoce alguien las fronteras de su alma como para decir, yo soy yo?

 Odisea de la identidad como dice Magris. Vuelvo a esas palabras una y otra vez.

 Un espejo es un fenómeno físico que causa la reproducción de una imagen en una superficie pulida por la reflexión de la luz. Durante la alta Edad Media, apenas se hizo uso del espejo. Ya, en el siglo XIII, aparecen los primeros espejos de vidrio y cristal de roca sobre una lámina metálica, aunque su uso estuvo poco extendido a nivel popular, al ser considerado poco sobrio y un elemento de vanidad en plena época escolástica.

 Los espejo, objetos que reflejan, objetos que nos reflejar.

 Borges  escribe en el poema Los espejos:

 Yo que sentí el horror de los espejos

no sólo ante el cristal impenetrable

donde acaba y empieza, inhabitable,

un imposible espacio de reflejos

 Estadio del espejo es el nombre que Lacan da al fenómeno que se produce entre los 6 y los 18 meses de edad, cuando el “cachorro” humano reacciona con alborozo al contemplar su imagen en el espejo. Hasta ese punto, el cuerpo no es percibido más que como una serie de sensaciones fragmentadas. Al ver su imagen ante el espejo el niño adquiere la noción de completud de su cuerpo. La imagen que da curso a la adquisición de la noción de completud puede ser una imagen captada en un espejo o bien, la imagen de otro niño. La completud aparente abre la posibilidad de un nuevo dominio del cuerpo.

 Al identificarse con un "otro" no es entonces de extrañar que cuando el otro llore el niño llore también, y cuando el otro posea algún objeto, el niño también lo quiera. El Yo se construye, entonces, a partir de una imagen externa, lo cual implica que la identidad nos es dada desde afuera.

 Odisea de la identidad como dice Magris.

 En el libro Las Memorias de Adriano, editorial Seix Barral, Marguerite Yourcenar construye un personaje, le da identidad al emperador Adriano. La autora nos impresiona con este libro, que no solo está excelentemente documentado, sino, que da vida a un personaje que reflexiona, piensa, sufre y vive en una época que no es la nuestra. En formato de carta, Adriano le escribe a Marco, y se despliega todo un mundo, todo el mundo romano, pero, pero estamos hablando del año 117 d.c., cuando es nombrado Emperador, el sucesor de Trajano.

 Con este libro, nos podemos preguntar sobre la identidad, de cómo se va construyendo, con el paso de los años, pero sobre todo, en nuestra niñez. Adriano recuerda y reflexiona. En un ritmo tranquilo, este libro se lee como un texto de historia.

 Gabriel Salazar, escribe en su libro Ser niño “huacho” en la historia de Chile (siglo XIX), editorial LOM, que “La historia no es un secretillo de adultos, sino una realidad movediza y envolvente que baña a los adultos lo mismo que a los niños; aunque, tal vez, de distinta manera. Se derrama sobre todos los cercos protectores. Cruza todas las cordilleras verbales. Se filtra a través de todas las burbujas que rebotan en los vidrios”.

 La identidad, se aprende y se aprehende desde que nacemos y que está más cercana a la historia, propia, de nuestras familias, en nuestras casas y en nuestro entorno, en el país, en el territorio.

 La editorial LOM publicó hace unos años, un libro titulado ¿Chilenos todos? La construcción social de la nación (1810-1840) de los académicos Julio Pinto Vallejos y Verónica Valdivia. En este libro los autores reflexionan sobre lo que nos constituye como nación, o lo que es lo mismo, sobre lo que nos cohesiona como sociedad. La pregunta se hace particularmente en lo que respecta a los sectores más desposeídos y marginalizados, entre los cuales, paradójicamente, los sentimientos nacionales suelen darse con mucha fuerza. Este libro explora en los orígenes de esta sorprendente relación, desde la formación de la Primera Junta de Gobierno hasta el término del primer decenio “portaliano”. Identifica allí los mecanismos a través de los cuales la aristocracia que dirigió la construcción social de la nación procuró incluir o excluir a las y los sujetos populares.

 El escritor argentino Leopoldo Marechal dice que “La historia no es una ciencia; es el arte de mostrar una cara limpia y esconder un culo siniestro.

 Nuestra identidad, nuestra historia.

 Jorge Larraín escribe en su libro Identidad chilena de la editorial LOM, que “la identidad no es una esencia innata dada sino un proceso social de construcción”.

 Nuestra identidad está ligada a la historia y cuando hablamos de historia hablamos de memoria. En el libro “La emergencia indígena en América Latina” de José Bengoa, editorial FCE, el autor escribe que “La Historia Republicana, sobre todo en América Latina, han sido y son un intento de relatar la voluntad de unidad del Estado. Es por ellos que los niños en las Escuelas suelen ser bombardeados con fechas de batallas, nombres de próceres, en fin, la historia centralizada, lo más posible, del Estado. Muchas veces ese Estado que aparece ya construido desde una cierta eternidad mítica, es y ha sido un complejo proceso en construcción, no siempre exitoso, tanto ideológico político como técnico profesional”.

 Es tan brutal la enseñanza de la Historia, que la etapa anterior a la llegada de los españoles, se le denomina pre historia. “Las culturas y pueblos indígenas quedan normalmente confinadas a un confuso período, en algunos casos heroico, anterior a la Conquista o al choque fecundo que produce el mestizaje” dice José Bengoa.

 “La violencia simbólica es una violencia que se ejerce con la complicidad tácita de quienes la padecen y también, a menudo, de quienes la practican en la medida en que unos y otros no son conscientes de padecerla o practicarla” dice Pierre Bourdieu.

 “El ideario central en el proceso de formación de naciones en Latinoamérica”, dice Bárbara Silva en su libro Identidad y nación entre dos siglos de la editorial LOM, “proviene, precisamente, del mundo moderno, de las naciones desarrolladas del Atlántico norte. Sin embargo, esto no justifica que por muchos años, e incluso hasta la actualidad, haya primado el afán de imitar por sobre el de apropiar”.

 Identidad, Nación, Memoria. Claramente se unen, se juntan, convergen.

 Benjamin, dice que “el cronista que hace la relación de los acontecimientos sin distinguir entre los grandes y los pequeños, responde con ello a la verdad de que nada de los que tuvo lugar alguna vez debe darse por perdido para la historia”.

 Creo que nos falta mucho aún, para construir una identidad nacional, completa, con los grandes y con los pequeños acontecimientos. Con todos los actores, antes y después de los españoles.

 A lo mejor nos perdemos en digresiones. A lo mejor buscamos lo complejo de la realidad y no hemos entendido, como dice Bourdieu  que “nada hay más arduo que reflejar la banalidad de la realidad”. Son esos detalles, nimiedades banales, donde se vive el sustrato de los que somos.

 Y como dice Anatole France, “el porvenir es un lugar cómodo para colocar los sueño”. Estamos aquí, en este enorme auditorio hablando de libros, frente al mar.

 Volvamos a la literatura, Borges dice que “uno, no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído”. Por lo mismo, quiero recomendar libros.

 El año pasado Ricardo Piglia publicó el libro Blanco Nocturno con la editorial Anagrama. Este libro se puede definir como una novela total. Un libro que maneja el género policial en forma notable; donde se conjugan los conflictos reales, en un mundo ficcionado; los conflictos campo-ciudad; los prejuicios. Esta novela se inicia como una novela de personajes, como señaló Piglia en una entrevista en Página 12, pero que termina como una novela sobre el campo. Llama la atención que el personaje, que creemos el principal, de pronto, salga de escena y otro tome su lugar. El dinamismo que eso trae, permite la profundad en la historia, imaginar completamente la vida de aquel pueblo. ¿Quién es el personaje principal? Croce, Luca Belladona, Renzi, Tony Durán. Piglia, al igual que Onetti o García Márquez, construye un espacio donde todo es posible, con leyes y códigos propios. En momentos nos recuerda a Santa María de Onetti: la fábrica, el abandono y el sueño de la redención; un extranjero, las noticias y las lejanías de la civilización. Todo un mundo.

La llegada de Tony Durán al pueblo, no es el inicio de la historia, sino, que encaja en otra historia que comenzó con el primer Belladona, el fundador del pueblo. Tony

Durán, es parte del engranaje central, el chivo expiatorio, y su asesinato es la pieza que faltaba para que la maquinaria siga funcionando. El comisario Croce y sus métodos, casi sobrenaturales aportan el ingrediente de realismo mágico. Las hermanas Belladona, con su belleza, su arrogancia, su ímpetu, el misterio propio del género, no hay una mujer, existen dos iguales, dos hermanas gemelas que son el aceite, el lubricante de la máquina. Toda una maraña de sucesos y circunstancias que van envolviendo la lectura, complejizando el desenlace. Sin duda, una novela total.

 Y como dice Jaime Balmes, “en la lectura debe cuidarse de dos cosas: escoger bien los libros y leerlos bien”.

 El escritor Mauricio Electorat me recomendó que leyera a Jean Echenoz, y lo busqué y leí Correr, uno de sus últimos libros y que publicó la editorial Anagrama. El personaje de esta novela, corre para huir de la dictadura, pero, a la vez, para el régimen es un símbolo, un ejemplo y un rehén, todo junto. Echenoz devela los sistemas autoritarios, tanto el nazismo como el régimen comunista y su pesada sombra en Checoslovaquia, y lo hace a través de la figura de un personaje real, pero ficcionado en este libro, el personaje es el atleta Zátopek. Quién corre, corre a lo largo de las 140 páginas que componen este libro. Corre más rápido que la historia de su país y del mundo. Porque, correr es lo que le daba la vida, pero al mismo tiempo se la robaba, recalca Echenoz. Con un tono directo, sin distracciones en la prosa, el autor invita al lector a leer la Historia, a través de las carreras de un personaje tan real como la ficción. En momentos, seco en las frases que calan hondo. En otros, deslumbra en cada intersticio, en cada descanso que permiten las competencias. Y finalmente, lacera su lectura, por la frialdad que sugiere el correr bajo el stalinismo y el terror de la estructura ante lo desconocido, ante el correr por correr; ante la inocencia misma del niño que corre porque está aburrido. Correr es la metáfora perfecta para la denuncia, es el grito de alerta del autor, porque, esto ocurrió. Echenoz, no se detiene en los personajes secundarios, solo los enuncia, la historia le pertenecen totalmente a Zátopek, él, es quien guía al lector. Y esto es llamativo, cuando se buscan apoyos al querer contar una historia, Echenoz, omite a los extras, a todos, porque el personaje corre, y solo.

Jean Echenoz es francés y es un autor poco conocido en nuestro país, a pesar de tener publicadas diez novelas y haber recibió varios premios. Correr es su última novela, que la disfruten.

 Al releer estos comentarios, recuerdo la tesis de Hemingway sobre el cuento, en su famosa teoría del iceberg, dice: “lo más importante nunca se cuenta”. Y efectivamente, con estos dos libros nos encontramos con que los autores nos cuentan algo que no está dicho. Nos muestran la Historia, la vida y sus circunstancias, nos relatan nuestra propia vida.

 Literatura y ciencias sociales, nuevamente volvemos al punto de partida de esta conferencia.

 Podemos leer la realidad a través de la ficción, porque, finalmente todo es un juego de caretas, de ocultamientos. Leemos lo que no está dicho. Y a diario, vemos solo, lo que se nos muestra, fragmentado, parcializado, por todo tipo de filtros: medios de comunicación, el apuro de la modernidad, el cansancio, la rutina. Todo o mucho, nos impiden mirar y comprender; leer y entender. Vivimos la paradoja absoluta de la modernidad, somos funámbulos del tiempo, de repetición en repetición. Sufrimos la instantaneidad del las comunicaciones.

 Conocí a alguien que murió aplastado por la cultura. Abrumado de tanto estímulo. No supo, nunca supo, que paso por arriba de su vida.

 Hoy nos encontramos frente a fenómenos como Facebook, Twitter, Internet. Es como si por años, por muchos años, nos hubiésemos ocultado y ahora, justo ahora, pudiéramos salir y mostrarnos, salir y decir. Pero lo más interesante de este fenómeno, es que es transversal, desde el estudiante, el profesional, el empresario, el político, la dueña de casa. Todos están en la Red.

 Facebook cuenta con 500 millones de usuarios y Twitter tiene más de 100 millones de usuarios. En Chile, Facebook más de 5 millones de usuarios.

 La realidad, ese espacio poblado de subjetividades.

 Pero “y si algún día se llegara a comprobar que nosotros, los eternos penitentes del futuro, hemos vivido en el mejor de los tiempos posibles”, es día ya sería tarde.

 Esta frase la dijo el escritor búlgaro Elías Canetti, Premio Nobel 1981, que escribió un libro titulado La lengua absuelta, publicado por Alianza Editorial. Es la autobiografía de los años de infancia del autor, relatada en un lenguaje sencillo. Con una prosa directa, nos relata la experiencia de un niño en el internado, donde no oculta nada, aparentemente. Juzguen ustedes mismos.

 “Mi recuerdo más remoto está bañado de rojo. Salgo por una puerta en brazos de una muchacha y a la izquierda desciende una escalera igualmente roja. Frente a nosotros, a la misma altura, se abre una puerta y aparece un hombre sonriente que viene amigablemente hacia mí. Se aproxima mucho, se detiene y me dice: ¡Enséñame la lengua! Yo saco la lengua, él palpa en su bolsillo, extrae una navaja, la abre y acercando el cuchillo junto a mi lengua dice: Ahora le cortaremos la lengua. No me atrevo a retirar la lengua, él se acerca cada vez más hasta rozarla con la hoja. En el último momento retira la navaja y dice: Hoy todavía no, mañana. Cierra la navaja y la guarda en su bolsillo.

Cada mañana cruzamos la puerta y salimos al corredor rojo, se abre la puerta y aparece el hombre sonriente. Sé qué es lo que va a decir y espero su orden para mostrar la lengua. Sé que me la cortará y cada vez tengo más miedo. Así comienza el día, y la historia se repite muchas veces”.

 En este pequeño fragmento que he transcrito, podemos observar la crudeza del relato de una historia singular, que gira en torno a lo más elemental, la lengua, el habla. El autor grafica, en esta novela, el abuso, la mordaza, la censura. Canetti subvierte la metáfora, la explosiona en una imagen brutal, donde el lector queda atrapado en una lengua, que es finalmente, la lengua de todos. Una imagen brutal nos llega a través de la lectura, nos hace pensar, reflexionar.

Por otra parte, el efecto metonímico del título nos superpone en el efecto alcanzado en el relato mismo, porque sabes, de ante mano, que no es cortada, Canetti, procura minimizar el impacto del relato. Y por último, no deja de ser llamativo, que sea un libro autobiográfico. La Lengua Absuelta se convierte así, en una novela debeladora de los secretos del propio autor.

 Podemos observar la realidad a través de la literatura.

 Pierre Bourdieu en su texto Las Reglas del Arte analiza la autonomía del campo literario, pero a la vez, como este se instala y constituye en la educación francesa, a través de uno de los mejores libros de Gustave Flaubert, La Educación Sentimental. Y al igual que Canetti, debela una realidad.

 Y si nosotros pudiéramos analizar, nuestra propia realidad a través de nuestros escritores y libros, por ejemplo: Nicomedes Guzmán, Manuel Rojas, José Donoso, entre muchos otros. Por una parte, veríamos, en cada uno de ellos, a una clase social, luego, lo que se constituye como clase al interior de estas y luego la violencia ejercida por estas y en contra de estas.

 Por otra parte tenemos el libro Martín Rivas de Alberto Blest Gana, acá vemos claramente los inicios del campo literario chileno, de cómo se constituye, con sus actores y conflictos. Blest Gana escribe este libro en 1862. Este dato nos permite una mirada amplia, en cuanto al análisis que podemos hacer.

 Pero no debemos olvidar, que el escritor lo que hace, es contar historias, no hace otra cosa, y serán los lectores los que harán las observaciones, las lecturas, las interpretaciones correspondientes.

 Magris dice que “escribir significa transformar la vida en pasado, o sea, envejecer. Escribir, en la mayoría de los casos, significa entrar a formar parte de una familia de topos que viven en unas galerías interiores trabajando día y noche”. Y la verdad es que es cierto.

 Oscar Wilde escribió sobre la escritura: “Me pasé toda la mañana corrigiendo las pruebas de unos poemas, y quité una coma. Por la tarde, volví a ponerla”.

“Escribir es intentar saber qué escribiríamos si escribiéramos” dice Marguerite Duras.

 Literatura y Ciencias Sociales. Creo que para entender la realidad, todo vale. Lo importante es, intentar comprenderla.

 Y nuevamente, los libros los libros. Esos impertinentes que nos dicen las cosas que no queremos que nadie las diga. Esos irrespetuosos que gritan cuando todos están callados.

 Los libros. Mis amigo, los libros.





 Marcelo Beltrand Opazo





Etiquetas:   Literatura   ·   Literatura Latino Americana

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Francisco Javier Brenes Berho, Periodismo Magnífica columna !Muchas felicidades!




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