. Desde Black Lives Matter y el ascenso de Donald Trump hasta movimientos secesionistas como el Brexit, Escocia, Cataluña, entre otros han llevado a enormes cambios en el mundo, a su vez abriendo una enorme grieta en sus respectivas sociedades. Los efectos de estas escisiones comienzan apenas a ver sus consecuencias inmediatas, con los efectos a largo plazo apuntando a una menor proyección e influencia en los escenarios internacionales. Las razones para la soberanía quebequesa son diversas pero se centran principalmente en la amenaza de la anglización de Quebec, amenazando su distinta cultura católica y lenguaje distintos al resto del territorio canadiense. Los soberanistas quebequenses argumentan que la asimilación al resto del territorio canadiense amenaza esta identidad citando la asimilación de la cultura en Luisiana como ejemplo, ambas siendo ex colonias canadienses ahora siglos bajo el poder anglófono.
Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial y el subsecuente boom de las economías de occidente comenzó un significante cambio en la sociedad quebequesa comúnmente llamado la “Revolución tranquila”, una serie de procesos seculares que llevaron a la modernización de la sociedad. Comenzando con la reducción del poder de la iglesia católica sobre la educación que creó una nueva generación de quebequenses calificados para trabajar en las múltiples empresas públicas que comenzaban a explotar los recursos naturales como Hydro-Québec. El gradual establecimiento de instituciones quebequenses autónomas como el plan de pensiones, la red de escuelas técnicas y la creación de sociedades gestoras para administrar los crecientes ingresos fueron creando una identidad distinta dentro de la dirección multicultural que llevaba Canadá. La victoria del Partido Liberal en las elecciones de 1960 cristalizó la modernización de la sociedad en la Revolución tranquila, la creación del Partido Quebequés en 1968 bajo el liderazgo de René Lévesque y la aparición del Frente de Liberación Nacional de Quebec un bando terrorista que organizó múltiples ataques en la región en los años 60 cambiaron el plano político en la sociedad.
Dentro de Montreal, el centro económico de Quebec y de Canadá en ese entonces, el capital y las grandes empresas continuaban principalmente en manos de los canadienses anglófonos, situación que Lévesque comparaba con la división de los rodesianos blancos y negros. Este desbalance en el poder se vió enfrentado en contraparte al creciente movimiento nacionalista y una generación de francocanadienses capacitada y en búsqueda de mayores oportunidades en la economía quebequesa. Inspirados por los procesos de descolonización alrededor del mundo, el movimiento soberanista comenzó a ganar apoyo. Eventos como la Exposición Mundial de 1967 en donde el General Charles de Gaulle exclamó en el balcón del ayuntamiento de Montreal “Vive le Québec libre!” y los Juegos Olímpicos de 1976 cimentaron la identidad colectiva correspondiendo con el ascenso de la política nacionalista y la elección de Lévesque en ese mismo año. Bajo su mandato se pasaron leyes priorizando el francés las cuales alentaron la crispación de la población anglófona principalmente concentrada en Montreal. Comenzó un éxodo de anglófonos a otras provincias y bajo promesa de campaña se convocó el primer referéndum en 1980 estableciendo el camino para la autonomía teniendo un futuro segundo referéndum para implementar las bases de una secesión de Canadá. El “no” ganó con un 59.5% y el entonces primer ministro Pierre Trudeau siguió con el proceso de deslindarse de la corona británica y crear una Constitución Canadiense en 1982 sin el apoyo de Quebec. Los Acuerdos del Lago Meech y Charlottetown en 1987 y 1992 fueron intentos fallidos por reformar la constitución estableciendo un estado más descentralizado. La creciente división entre las provincias de occidente, rápidamente crecientes en población y economía frente al poder político de Ontario y Quebec sirvieron para que él “no” volviera a ganar en 1992, rechazado en Quebec argumentando que no se otorgaban suficientes poderes fue suficiente para avivar las llamas de la división que llevó al referéndum de 1995.Con la estrepitosa derrota del Partido Conservador en 1993 el salto del Bloc Québécois a la oposición oficial le permitió una plataforma de confrontación al poder, centrando las sesiones del parlamento en cuestiones de unidad nacional. En 1995 se establecieron las campañas para el “si” y el “no”, lideradas por Daniel Johnson Jr., líder del Partido Liberal de Québec y por Jacques Parizeau el Premier de Quebec, previamente por su postura nacionalista. Lo que comenzó como una aparente derrota para el “si”, tuvo un cambio sorpresa con el anuncio de Lucien Bouchard al frente de la campaña. Bouchard, ex miembro del partido conservador y figura central en las negociaciones de los fallidos acuerdos de Charlottetown y Lago Meech sirvió como una bocanada de aire fresco para la campaña al ser visto como una figura moderada y mejor vista por el público que el carácter errante de Parizeau. Este cambio al mando subió las encuestas al margen de error y mandó al campo del “no” a aumentar la intensidad de su campaña llevando a una marcha de la unidad en Montreal con gente viniendo de otras provincias y un expreso llamado a la unidad nacional por parte del gobierno federal. El apoyo del “si” se encontraba en el voto rural y al contestar una pregunta en una entrevista al respecto, Jacques Chiraq el entonces presidente de Francia afirmó que reconocería el resultado. Llegó el 30 de octubre y comenzaron a entrar los votos, con una participación del 93.52% la mayor en la historia canadiense, seguían entrando los resultados con una ligera ventaja para el “si”. Todo un país en suspenso al ver que esto se iría al último voto, conforme fueron llegando los votos urbanos la situación se fue revirtiendo lentamente hasta que el resultado quedó 50.58% no y 49.42% para el sí, poco después Parizeau culpó la derrota en el “dinero y el voto étnico”, comentario que llevó a una disculpa al día siguiente pero reflejaba el profundo resentimiento de un sector de la población que deseaba independizarse de Canadá. Hoy en día el apoyo a una Quebec independiente oscila alrededor del 30 por ciento con su mayor apoyo siendo en las generaciones mayores. Montreal ha pasado de ser la ciudad más grande de Canadá a ser la segunda, sabiendo reinventarse como una potencia tecnológica y bilingüe dentro de una provincia que ha pasado a segundo plano detrás de Ontario. La incertidumbre generada en los años 70 y 80 aceleró la concentración de empresas de una ciudad a otra y la fractura generada en Montreal apenas se comienza a recoser.