. El éxito de “Los hombres que no
amaban a las mujeres”, “La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de
gasolina” y “La reina en el palacio de las corrientes de aire” fue tan apoteósico
que al socaire de su éxito se produjo una eclosión de autores nórdicos que, al
menos en España, eran acosados por las editoriales para publicar sus obras,
independientemente de su calidad.
La novela negra nórdica contaba con un fantástico historial
de autores de tal manera que con el tiempo tuvo la entidad suficiente como para
crear un subgénero trufado de éxitos que unas veces se producían a nivel
internacional y en otros casos se reducían al ámbito geográfico de
Escandinavia. Creo que fueron Maj Sjöwall y Per Wahlöö los que abrieron el
camino, pero no podemos olvidarnos, por poner un ejemplo, a Karin Fossum, Jo
Nesbo, Henning Mankell o Arnaldur Indridason, todos ellos fantásticos autores de
novela negra nórdica, que eran adorados por los lectores ese género.
Así que cuando Stieg Larsson comienza a escribir la primera
entrega de su serie, lo hace continuando con una tradición literaria servida
por grandes autores, pero creo que Larsson ni por un momento soñó que
conseguiría el descomunal éxito que sus tres novelas alcanzaron, aunque
desgraciadamente el no pudiera verlo.
Stieg Larsson era un periodista y reportero de guerra, muy
conocido por su calidad de experto en los grupos de la extrema derecha
antidemocrática, participó a mediados de los 80 en la fundación del proyecto
antiviolencia Stop the Racism, al que siguió en el 95 la Expo Foundation, de
cuya revista Expo, fue director.
Fue a lo largo de su corta vida un gran luchador plenamente comprometido
contra todo tipo de violencia, escribió varios libros de investigación
periodística acerca de los grupos nazis de su país y de las oscuras conexiones
entre la extrema derecha y el poder político y financiero. Pero también era un
aficionado entusiasta del género negro y de la ciencia ficción y decidió
escribir en esos géneros, lo hacía durante la noche prácticamente en secreto.
Cuando finalizó el segundo volumen de la serie y con el diseño de la trama del
tercero cerrado, pasó su manuscrito a un amigo editor, y así comenzó a gestarse
el fenómeno de Millennium.
Stieg Larsson apenas comía y en un día llegaba a fumarse
hasta cuatro cajetillas de tabaco rubio, aunque en los últimos años de su vida
la falta de dinero le obligó a pasarse al tabaco liado. Podía beberse hasta
veinte cafés al día y así, por las noches, después de volver de la revista en
la que trabajaba, escribía sin descanso las andanzas del periodista Mikael
Blomkvist y de la salvaje Lisbeth Salander, la hacker menuda y tatuada que le acompaña
en la serie. Larsson llegó a escribir 1.500 páginas que jamás vio publicadas.
Larsson comienza su trilogía con la complicada historia de
una familia de la alta burguesía sueca de mucho prestigio, tanto social como
profesional en su país, pero que oculta una serie de oscuros secretos que nos
descubrirá el protagonista de la novela, un periodista, Mikael Blomkvist, que
se ve obligado a aceptar la investigación, porque ha tenido que dejar su
trabajo en una revista a cuenta de una condena por injurias.
Lo que hace Larsson a lo largo de las páginas de su trilogía
es presentarnos un fresco brutal en el que nos presenta una sociedad, la sueca,
absolutamente distinta de la percepción que teníamos de ella en España.
Corrupción institucional y económica, incestos, violaciones, perversiones
sexuales, trampas financieras; un entramado violento y amenazante de una
sociedad muy cruel. Y lo hace a través del indudable oficio de un narrador
riguroso y eficaz, al que se le nota, como a otros autores del género negro, su
procedencia periodística, que sabe mantener con solvencia varias líneas de
acción sin que el lector pierda nunca el interés ni el hilo de ninguna de
ellas.
Claro que al enfrentarse a todos estos asuntos, Larsson, a
través del quijotesco Blomkvist y su ayudante, la implacable Salander, nos
ofrece un discurso moral explícito, que constituye, sin duda, una de las
intenciones principales de su obra, un discurso en defensa de los derechos de
la mujer, tan maltratados como verán los lectores de la trilogía, lo que
sorprende en una sociedad tan políticamente correcta como se supone es la sueca
La trama es una parte muy importante de su éxito, pero
también lo es su capacidad para la creación de personajes, tanto de los
protagonistas, como de los secundarios. Muchos sostienen que Mikael Blomkvist
el periodista devenido en investigador, es un trasunto del propio Larsson,
personalmente creo que el protagonista es un profesional al que el autor le
hubiera gustado parecerse. Pero lo que sin duda constituye el hallazgo
fundamental para el éxito de la trama es la figura de Lisbeth Salander, la
joven que va a colaborar con Mikael en la investigación. Lisbeth una extraña y
huraña joven, lesbiana, traumatizada por los malos tratos, que practica el
boxeo, tiene un conocimiento impresionante de los atajos en Internet que le
permiten acceder a las informaciones más secretas y a la que alguien, creo que
un amigo muy próximo a Larsson, definió como una mezcla entre Pippi
Calzaslargas, una guerrillera africana y el Dalai Lama.
Salander es una hacker de pavorosa inteligencia, capaz de
meterse en el disco duro de cualquiera y vaciarle sin ningún remordimiento la
intimidad si cree que resulta necesario para alcanzar sus objetivos. Los
psiquiatras que la han tratado desde pequeña la califican como una sociópata
con rasgos psicopáticos; lo cierto es que es huraña, salvaje y vengativa. No
tiene la más mínima confianza en la ley ni en las autoridades, y en su
biografía hay motivos sobrados para ello. Por tanto, aplica sus propios métodos,
sobre la base de un particular e inmisericorde sentido de la justicia:
"Nadie es inocente. Sólo hay diversos grados de responsabilidad".
Las pesquisas de Salander y Blomkvist nos muestran el lado
oscuro de la modélica sociedad sueca, en la que tienen lugar todas las
abyecciones imaginables: violencia sexual, prostitución de menores, corrupción
pública y privada, un panorama escandaloso que no podíamos suponer existiera en
esa sociedad que inventó el “Estado del Bienestar”. Larsson nos enfrenta a esas
realidades para ofrecernos de manera explícita una crítica descarnada de la
sociedad sueca y la correspondiente denuncia pública.
Pero a la vez Larsson exhibe ante el lector un material
escabroso, un espectáculo extremadamente morboso y violento que contribuye al
indudable atractivo del texto, muchos creen que nacen del cuidadoso cálculo por
parte del novelista y por ello lo critican. Opinan que siempre estuvo
convencido de que Millennium sería un éxito y desde luego viste el mensaje
moral con un atractivo y descarnado texto que atrae y repele a la vez.
Vaya uno a saber. Pero lo que está claro es que,
independientemente de si el morbo y la carga erótica están buscados por el
autor, merece la pena leer la trilogía y si ya lo han hecho les recomiendo una
reposada relectura, creo que ese ejercicio les va a sorprender, van a encontrar
las tres novelas de Larsson mucho más atractivas que cuando las leyeron por
primera vez. Y a los que no las han leído, qué decir, pues que se den prisa y
se pongan a la tarea, la lectura de Larsson no les va a defraudar.
Hasta aquí hemos llegado, si Dios quiere, nos encontraremos
aquí el próximo miércoles. Cuídense mucho.
Un abrazo.