La estrategia de Guzmán o las elecciones

No terminar tan mal los primeros dos años de gobierno y jugar todo al extremo-- incluso más allá del extremo--- para tener una chance electoral o terminar muy mal los últimos dos años,  jugarse la  reelección e incluso comprometer económicamente un segundo gobierno. En eso además de la pandemia, se  debate el frente de gobierno.

 

. En eso además de la pandemia, se  debate el frente de gobierno.
Digo frente de gobierno porque una cosa piensa y quiere hacer el grupo  más afín a Alberto y su ministro de economía Guzmán y otra muy distinta, casi opuesta el grupo K cercano a Cristina y sobre los que ella tiene control.

En un escenario internacional normal en 2020, una economía en estado terminal, con alto endeudamiento y sin posibilidad de crédito como dejó Macri-que ya venía además de seis años de caída con Cristina--  solo  quedaba una corrección de shock como la que ocurrió desde las paso que signaron la elección,  en el tipo de cambio y que no se detuvo hasta hace poco.  Siempre fue la única salida a corregir la macro, megadevaluaciones que licuaran deudas en pesos, gasto en pesos, salarios públicos, dieran una competitividad temporal y se pudiera arrancar con inversiones y mayores exportaciones.

El comienzo del gobierno de Alberto era para aprovechar eso, la megadevaluación tenía vida propia, era posible culpar al macrismo por la herencia, se podía corregir, ajustar achicando emisión, negociar el endeudamiento y usar la competitividad para arrancar.

La pandemia lo cambió todo, la pésima decisión de cerrar todo en cuarentena lo terminó de arruinar, la emisión debió ser descontrolada para encerrar a todos, incluso cuando a la mayoría no se los debía encerrar. 

Sin embargo el déficit proyectado en el presupuesto, tiende a ser mucho menor, Guzmán gracias al alto valor de las commodities, un mayor ingreso de dólares, un buen pulso del BCRA (pese a la cantidad de Leliq colocadas porque al menos lograron bajar la tasa) el giro del  FMI y hay que decirlo, una mayor recaudación aún en cuarentenas, por diferencia inflacionaria está logrando lo impensado: cerrar el año con una mejor perfomance, sostener el dólar en un nivel competitivo pero sin sobresaltos y estar en buena posición para negociar con FMI y si lo concreta, volver lentamente al mercado de deuda voluntaria, revalorizar los bonos argentinos y aumentar inversiones.

Sin embargo para que esto sea posible y aterrizar en octubre y noviembre con un dólar tranquilo antes y durante las elecciones, necesita no volver a agrandar el déficit, mantener una baja asistencia pese a la demanda social, bajar o no aumentar subsidios a la energía (o sea no emitir) y aunque parezca atroz, no digo subir inflación pero sostener este nivel y algo más bajo que garantice recaudación, aunque sea el peor mal para la sociedad más en pandemia, para paritarias y para los reclamos sociales.

Justamente la mayor deuda de Guzmán aunque sea el menor responsable, es no haber bajado la inflación, sobre todo la de alimentos en la que la mayor responsabilidad lla tiene sin duda Producción y Comercio, aunque todos apunten al Ministro de Economía.

El  Kirchnerismo lo presiona a destinar el giro del FMI e incluso más recursos a ayuda social y a sectores pyme. El problema que aunque ese giro sean dólares, para poder usarlo hay que emitir pesos, lo cual puede hacer que se descontrole más la inflación y luego absorber esos pesos, signifique mayor endeudamiento del Central y más pago de tasas.

La encerrona continua aunque con un nivel algo más favorable que en 2020, pero que podría volver a empeorar, volver a caer en un mayor déficit, tener mayor inflación y que esto presione la cotización del dólar a la alza (el blue y el bolsa que marcan la demanda privada)

El  gobierno de Fernández juega un equilibrio casi imposible, de sostener la estrategia de Guzmán que en medio de críticas y diagnósticos feroces pero insostenibles porque ninguno da una salida superadora y el propio fuego amigo, aunque ya casi no parecen amigos, de su propio frente kirchnerista que le exigen cosas, que conspirarían contra sus propios intereses políticos electorales, ya sea para este año o 2023.

Arruinar la estrategia de Guzmán por mayor emisión, con eso inflación y agrandar déficit, significaría no resolver con FMI y volver a ser opción internacional como país, pero además llegar muy mal a estas elecciones.

Pero  a la vez quedan dos largos años de gobierno por delante y si no se logró resolver el endeudamiento, recomponer posibilidades de crédito externo, sostener la inflación a la baja y eliminar el déficit, no solo no habrá chances de empezar a pagar el endeudamiento privado aplazado a partir del  año siguiente, sino que este gobierno si llega en esas condiciones, no tendrá ninguna posibilidad de reelegir.

Pensar en llegar mejor a estas elecciones forzando y arruinando el plan de Guzmán, va a dejar mucho peor a la economía de cara a los dos próximos años y las siguientes elecciones presidenciales.

Nada es mediano y largo plazo en Argentina, y lo que se haga en los próximo dos meses, puede jugar la suerte de los próximos dos años y más.

El kirchnerismo deberá resolver si  prioriza el corto plazo o el plazo un poquito más largo a dos años, aunque ni siquiera se lo pueda calificar de mediano.

La Oposición con alguna posibilidad de reemplazar a Fernández en 2023, también deberá ver que prioriza y apoya. Si el plan no tiene éxito y deja a la economía en una situación mejor, aunque sea más dificil competir con este gobierno, de llegar mal, van a asumir para sufrir un nuevo default  al año siguiente.

Es posible por no decir seguro, que gran parte de la oposición esté más cerca de Fernández y el plan de Guzmán que el propio Kirchnerismo, aunque todos apoyarían más con menos inflación. Sin embargo la puja política electoral y la oposición del propio  kirchnerismo los descoloca y terminan criticando o apoyando, pero sin que eso modifique nada.

Estamos frente a una de esas situaciones, donde más que nunca el consenso y estar por detrás apoyando o no hacerlo, puede hacer la diferencia a seguir saliendo de a poco o caer en una crisis impensada.

Oposición kirchnerista y la otra oposición deben decidir  rápido, es dificil medir en tiempo, pero la tolerancia social está al límite y aunque no se cierre nada más, si no se frena la inflación, podría no haber vuelta atrás y la caída nuevamente sería inevitable.

UNETE



Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar
PDF

  • linkedin facebook twitter
  • ©reeditor.com
  • Todos los derechos reservados
  • Avisos Legales