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Corría el año 1965 del siglo pasado cuando García Pavón publicaba el primer
relato en el que aparecía Manuel González, conocido en Tomelloso como Plinio,
que se titulaba “Los carros vacíos”. El protagonista del relato era un policía
municipal del Ayuntamiento de Tomelloso y en aquellos tiempos de la dictadura
nadie había publicado todavía algo que se pareciera a las novelas de detectives
americanas, en todo caso se publicaban relatos en el que el protagonista era un
yanqui y lo que se relataba sucedía fuera de España, pero para publicar un
relato en el que el protagonista fuera un policía, manchego, aunque fuera
municipal, hacía falta bastante valor y una buena dosis de capacidad
intelectual.
Ya he comentado más de una vez que los regímenes
dictatoriales no son precisamente un buen caldo de cultivo para la novela
negra. No hay espacio en ellas para novelas realistas, cargadas de crítica
social y hasta política. Y eso es lo que sucedía en aquella España, las
investigaciones criminales las llevaban a cabo la Policía y la Guardia Civil -
los policías municipales estaban para lo que estaban - y nadie, que no fueran
ellos, investigaba crímenes, robos, suicidios, desapariciones, etc., etc.
García Pavón, que por cierto nació en Tomelloso el 24 de
septiembre de 1919 y que falleció en Madrid el 18 de marzo de 1989, a lo largo
de su vida cultivó la novela, el ensayo y el cuento. Doctor en Filosofía y
Letras por la Universidad de Madrid, fue docente, crítico teatral y director de
la Editorial Taurus durante diez años. Como ya he señalado cultivó con éxito
una serie de géneros diversos, pero alcanzó la fama gracias a sus novelas
policiacas protagonizadas por Plinio, el jefe de la Policía Local de Tomelloso.
Contaba en su momento que pretendió crear un personaje que
se pareciera mucho más a Maigret que a cualquier detective anglosajón. Dueño de
un fantástico estilo, fue probablemente el mejor escritor de relatos cortos de
España. Cuando se planteó la idea de escribir sobre las investigaciones de un
policía, tuvo el acierto de situar sus relatos fuera de Madrid, a pesar de que
la idea le tentara creyó que sería mucho mejor, por aquello de la natural
precaución, situar las aventuras de su protagonista en un escenario rural, que
además no tuviera nada que ver con la España de sol, paella, sangría y
pandereta que por aquel entonces vendía nuestro gobierno y decidió que sus
relatos transcurrieran en su pueblo natal.
Nace entonces Manuel González, Plinio, que como cualquier
investigador que se precie contará con un ayudante, don Lotario, veterinario
del pueblo, que era quien ayudaba al jefe de policía de Tomelloso a resolver
eficazmente todo tipo de casos que se presentaban en la localidad manchega y
alrededores: Asesinatos, desapariciones de personas, robos de jamones. El policía
no era hombre instruido, era el producto de la sociedad rural española; su
padre fue capataz de una bodega y él no pudo ir a la escuela más que unos pocos
días, porque tenía que trabajar para ayudar en casa.
Plinio es un hombre de pocas palabras, tiene muchísima
paciencia producto de su personalidad reflexiva y equilibrada, aunque a veces
se le viene el mundo encima cuando se enfrenta a la injusticia y la
irracionalidad. Dueño de una inteligencia natural sobresaliente, utiliza su
intuición, pálpito la llama el veterinario, para avanzar en sus investigaciones
que basa en el conocimiento profundo que tiene de la gente de su pueblo.
Casado, con una hija solterona, fuma picadura liada y pasa casi todo su tiempo
con su amigo el veterinario, al que la modernización del campo y la aparición
de los tractores deja mucho tiempo libre.
García Pavón enfoca el género conocido como novela policíaca
como una mezcla de lo estrictamente policíaco con elementos costumbristas y
crítica social hasta donde era posible en aquella época, precisamente por eso
Francisco García Pavón es un precursor del género negro y ocupa un lugar muy
distinguido en la historia española del género.
El acierto del autor es que de la nada absoluta que le
precede, consigue crear la primera serie policial de la literatura española.
García Pavón afirmaba que él escribía “novelas de suspensión”, que así traducía
a su castellano lo del suspense. Plinio va a ser testigo de muchísimos cambios
sociales en España, como no puede ser de otra manera sus actividades como
investigador chocarán muchísimas veces con la autoridad. El gobernador civil de
la provincia no ve con buenos ojos que un guindilla suplante la actividad que
debiera realizar la Guardia Civil.
Un elemento que caracteriza a las novelas de Plinio es que
en realidad los casos que investiga no tienen apenas componente alguno de
maldad, de hecho más de uno y más de dos de los casos que investiga con éxito,
tienen que ver con algún malentendido o algún error. Son casos locales que nada
tienen que ver con los sucesos que se puedan desarrollar en una gran ciudad,
pero analizan y nos presentan facetas de la condición humana, que salvando las
distancias son las mismas en un poblacho manchego que en Madrid o Barcelona.
Los hombres y mujeres que viven y se relacionan en las novelas de García Pavón,
responden a los mismos estímulos que los que viven en una gran ciudad, aunque
se expresen de manera distinta, las grandezas y las miserias propias del género
humano nos alcanzan a todos independientemente de dónde vivamos.
Las novelas del jefe de la policía municipal de Tomelloso
tuvieron en su tiempo muchísimo éxito y después desaparecieron como el
Guadiana. Lo cierto es que hasta que Rey Lear Ediciones no decidió rescatarlas
habían ido a parar al penoso abismo de la descatalogación. Hoy en día podemos
disfrutar de su lectura gracias al buen trabajo de rescate de esa editorial.
Les dejo una lista que se circunscribe a la obra literaria
de Francisco García Pavón que tenga que ver con Plinio, Tomelloso y sus
alrededores.
Novelas cortas.
1965. Los carros vacíos.
1968. El carnaval.
1968. El charco de sangre.
Están las tres recopiladas en un libro editado en el 2007
por Rey Lear Ediciones, que lleva por título “Plinio. Primeras novelas”
Novelas
1968. El reinado de Witiza.
1969. El rapto de las Sabinas.
1970. Las hermanas coloradas.
1971. Una semana de lluvia.
1972. Vendimiario de Plinio.
1973. Voces en Ruidera.
1978. Otra vez domingo.
1981. El hospital de los dormidos.
Cuentos
1953. “El Quaque”.
1965. “Los jamones”.
1970. “El huésped de la habitación número cinco”.
“El caso de
la habitación soñada”.
“Echaron la
tarde a muertos”.
“Las
desilusiones de Plinio”.
“Muerte y
blancura de Baudelio Perona Cepeda”.
1974. “El último sábado”.
“Las fresas
del Café Gijón”.
“Los sueños
del hijo de Pito Solo”.
“Fecha
exacta de la muerte de Polonio Torrijas”.
“Sospechas
anulares de Plinio”.
“La esquela
mortuoria”.
“Detalles
sobre el suicidio de Arnaldo Panizo”.
“Un crimen
verdaderamente perfecto”.
“Una tarde
sin faena de Plinio y don Lotario”.
“La bella
comiente”.
1980. “El caso mudo”.
1985. “Pan caliente y vino fuerte, mi muerte”.
“El
roncador”.
Todos ellos fueron recopilados y publicados por Rey Lear
Ediciones en el año 2010 en un libro titulado “Plinio. Todos los cuentos”
Creo que se pueden recomendar sin ningún tipo de problema,
entretenidas, muy bien escritas nos van a introducir en la sociedad que vive en
Tomelloso y en las tramas que creo les van a encantar. Los cuentos me parecen
de un nivel sobresaliente, son auténticas joyas de un género muy difícil de
escribir.
Hasta aquí hemos llegado, si Dios quiere, espero que no
volvamos a encontrar aquí el próximo lunes. Cuídense mucho.
Un abrazo.