Reseña "Pájaro del Noroeste" de Marta del Riego



https://ellibrodurmiente.org/pajaro-del-noroeste-marta-del-riego/

 


Reseña realizada por Begoña Curiel.

No deja de ser una historia amena pero demasiado extensa para lo que le sobra y sin embargo, le falta. Es de esas novelas que me provocan sensaciones encontradas porque hay tantas cosas en ella que me gustan como las que podrían mejorarse.

  Por su portada me la llevé a casa y las atractivas pinceladas de la sinopsis: una mujer que a sus cuarenta años regresa de Madrid a sus raíces, para rescatar las viñas familiares como si así pudiese recuperar o recuperarse de lo perdido o los objetivos incumplidos. Entre ellos el de la maternidad.

  Lo de encontrarse con un@ mism@ es argumento recurrente pero nunca lo descarto si el relato es bueno y me sorprende por los motivos que sean. Me llamaba la tierra leonesa, el aderezo del vino, el olor de lo tradicional en clave rural, la sugerencia de las búsquedas interiores y la insinuación de lo místico.

  Icia, la protagonista, vuelve tras su despido. Denota valentía, sí, por su disposición a salvar las viñas, una especie de metáfora sobre su propia fertilidad pero una cosa son las ganas y otra decir «hola, he llegado para ser viticultora de un día para otro». Es de ingenuos esperar brazos abiertos y aplausos en un lugar pequeño donde los métodos del negocio vinícola miran de reojo al emprendedor que se marchó del pueblo para “hacer su vida”.

  Por este y otros motivos que “va dando” Icia –más siendo el eje central de la novela– el personaje no me convence: entre la inocencia –o escasas luces– y ciertos aires de soberbia que no resultan coherentes. Que además sea ella la narradora elimina otros puntos de vista que he echado de menos.

  A la madre le apasionan los pájaros y los acumula en jaulas en su casa. La autora plantea el hobby como si de un toque excéntrico se tratara pero chirría que su entorno parezca ajeno a la seriedad que implica dicha obsesión. Más teniendo en cuenta la relación con Icia y su hermano Flavio.

  Este último es clave para la historia de todos los miembros de su familia. Introduce el toque de misterio asociado a determinados hechos trágicos que presenta la novela. Pero a quién más he disfrutado en proporción a su peso en la historia es el de la abuelastra, con un papel atractivo y enigmático, asociado a las leyendas de la tierra que homenajea Marta del Riego.

  La documentación es importante, pero el sentimiento no se aprende y las páginas destilan el amor de la escritora por sus orígenes y la viticultura, temas que me han cautivado (lo mismo que el habla de la zona) de Pájaro del Noroeste como la historia de la uva prieto picudo de la que habla la novela –lo cuenta la autora en sus entrevistas–, que tuvo su momento pero que quedó abocada a la desaparición salvo por el empeño y la pasión de iniciativas puntuales que pretenden rescatarla.

  En cuanto a su escritura no presenta complicaciones, es sencilla pero tiende a incidir demasiado en detalles no siempre relevantes, lo que acaba sonando a repetición, provoca una extensión innecesaria de páginas y ralentiza el ritmo narrativo. Por otro lado, cansan las frases “latiguillo”, un recurso que, por intercalarlo hasta la saciedad, pierde su efecto.

FacebookTwitterPinterestWhatsApp



Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar
PDF


UNETE






Reseña "Pájaro del Noroeste" de Marta del Riego


https://ellibrodurmiente.org/pajaro-del-noroeste-marta-del-riego/

 

realizada por Begoña Curiel.

No deja de ser una historia amena pero demasiado extensa para lo que le sobra y sin embargo, le falta. Es de esas novelas que me provocan sensaciones encontradas porque hay tantas cosas en ella que me gustan como las que podrían mejorarse.

  Por su portada me la llevé a casa y las atractivas pinceladas de la sinopsis: una mujer que a sus cuarenta años regresa de Madrid a sus raíces, para rescatar las viñas familiares como si así pudiese recuperar o recuperarse de lo perdido o los objetivos incumplidos. Entre ellos el de la maternidad.

  Lo de encontrarse con un@ mism@ es argumento recurrente pero nunca lo descarto si el relato es bueno y me sorprende por los motivos que sean. Me llamaba la tierra leonesa, el aderezo del vino, el olor de lo tradicional en clave rural, la sugerencia de las búsquedas interiores y la insinuación de lo místico.

  Icia, la protagonista, vuelve tras su despido. Denota valentía, sí, por su disposición a salvar las viñas, una especie de metáfora sobre su propia fertilidad pero una cosa son las ganas y otra decir «hola, he llegado para ser viticultora de un día para otro». Es de ingenuos esperar brazos abiertos y aplausos en un lugar pequeño donde los métodos del negocio vinícola miran de reojo al emprendedor que se marchó del pueblo para “hacer su vida”.

  Por este y otros motivos que “va dando” Icia –más siendo el eje central de la novela– el personaje no me convence: entre la inocencia –o escasas luces– y ciertos aires de soberbia que no resultan coherentes. Que además sea ella la narradora elimina otros puntos de vista que he echado de menos.

  A la madre le apasionan los pájaros y los acumula en jaulas en su casa. La autora plantea el hobby como si de un toque excéntrico se tratara pero chirría que su entorno parezca ajeno a la seriedad que implica dicha obsesión. Más teniendo en cuenta la relación con Icia y su hermano Flavio.

  Este último es clave para la historia de todos los miembros de su familia. Introduce el toque de misterio asociado a determinados hechos trágicos que presenta la novela. Pero a quién más he disfrutado en proporción a su peso en la historia es el de la abuelastra, con un papel atractivo y enigmático, asociado a las leyendas de la tierra que homenajea Marta del Riego.

  La documentación es importante, pero el sentimiento no se aprende y las páginas destilan el amor de la escritora por sus orígenes y la viticultura, temas que me han cautivado (lo mismo que el habla de la zona) de Pájaro del Noroeste como la historia de la uva prieto picudo de la que habla la novela –lo cuenta la autora en sus entrevistas–, que tuvo su momento pero que quedó abocada a la desaparición salvo por el empeño y la pasión de iniciativas puntuales que pretenden rescatarla.

  En cuanto a su escritura no presenta complicaciones, es sencilla pero tiende a incidir demasiado en detalles no siempre relevantes, lo que acaba sonando a repetición, provoca una extensión innecesaria de páginas y ralentiza el ritmo narrativo. Por otro lado, cansan las frases “latiguillo”, un recurso que, por intercalarlo hasta la saciedad, pierde su efecto.

FacebookTwitterPinterestWhatsApp




Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar

PDF


UNETE