La evidencia política dictamina que no es peor criminal el que más delitos comete, sino el que además de provocarlos sale impune de ellos; porque la impunidad permite seguir delinquiendo con un halo de honorabilidad que acrecienta el mesianismo, la desvergüenza y el atrevimiento de gentuzas con carácter carcelario que gozan de libertad inmerecida para seguir alentando a delincuentes de la misma estofa.



