. Es entender que
necesitamos de apoyo y que el logro individual nunca será superado por el logro
de los equipos, y cualquier meta alcanzada por grande que sea no significa nada
sino tenemos con quien compartirla.
Humildad es actuar con
equilibrio, sin excederse, aprovechar todo lo bueno que poseemos, para obrar
bien hacia tus semejantes, el humilde lo caracteriza su sencillez y pide ayuda
cuando lo requiere. Humildad es no olvidar nunca quienes somos y dónde venimos.
Para una organización contar con
líderes inteligentes con un ego de proporciones colosales es negativo, ellos
son los que contribuyen a la posterior decaída, desaparición y continua
mediocridad de la empresa. El verdadero liderazgo necesita una alta dosis de
humildad y modestia y el compromiso de modelar comportamientos coherentes en
pensamientos y actuación que permitan alcanzar los objetivos de la empresa. Un
líder humilde debe:
- Practicar
la modestia y rechazar la adulación publica, nunca se jacta.
- Establecer
normas que regulen, no dejar que en el carisma sea el único criterio.
- Canalizar
sus ambiciones hacia su equipo y la organización, no hacia sí mismo.
- Escoger
un sucesor para lograr más éxito en la siguiente generación.
- No
vivir de logros pasado y plantearse el futuro como objetivo.
- Al
momento de asignar el mérito de la compañía mira por la ventana, le asigna
el éxito a sus colaboradores, al trabajo constante y al compromiso del
Equipo de trabajo.
- Donde
hay humildad hay sabiduría. Sin humildad no hay conocimiento de sí mismo
y, por tanto, falta la sabiduría.
Es difícil conocerse ya que la
soberbia, que siempre está presente dentro de nosotros, ensombrece la
conciencia, busca justificaciones a los fallos. Es frecuente que, ante un hecho
en el que nuestra actuación fue negativa, el orgullo se niegue a aceptar que
aquella acción haya sido real, y se llega a pensar no es malo lo que hice y la
culpa es de los demás.
Una vez que se ha conseguido un
conocimiento propio profundo, es que llega viene el Segundo Escalón de la Humildad:
Aceptar la propia realidad. Resulta difícil porque la soberbia se
rebela cuando la realidad es fea o defectuosa. Aceptarse no es lo mismo que
resignarse. Si se acepta con humildad un defecto, error, limitación, se sabe
contra qué luchar y se hace posible la victoria, no se camina a ciegas sino que
se conoce dónde poner las Energías.Por Hildemaro Infante, Consultor Gerencial, Docente y Escritor,(Web: www.hinfante.com, Twitter:@hinfantei, Facebook: Hildemaro Infante, Instagram: @HildemaroInfante).Link a mi libro libro en Gerencia de la Humildad:http://a.co/jbsBfJL