Actitud emprendedora

Cada vez más personas eligen emprender como una vía para profesionalizar su talento, una alternativa a considerar en estos tiempos, sobre todo cuando se cuenta cierto recorrido profesional y una cierta actitud ante la vida.

 

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Un emprendedor tiene una idea y siente el impulso de llevarla a cabo, a pesar de los obstáculos que se encuentra y de la oposición directa o indirecta que ejercen muchas de las personas y factores que le rodean. Llegar a serlo dependerá de cómo sea su percepción de fracaso y de la forma en que se relaciona con su zona de confort, ya que se ha demostrado estadísticamente que su probabilidad de éxito será más alta si ya ha tenido algún fracaso previo.

La zona de confort es el conjunto de ambientes y comportamientos con los que nos sentimos seguros y sin riesgo, y que sin embargo, representan una barrera mental –no real- entre nosotros y lo que deseamos. Es donde la mayoría de los emprendimientos fracasan, porque dejamos de ser productivos para limitarnos a habitar ese lugar pequeño donde nos resguardamos del mundo. Es donde dejamos de  aprovechar las oportunidades de crear y crecer que la vida diariamente nos brinda. Un sitio que ejerce influencia sobre nosotros por su seguridad aparente, y por el que seríamos capaces de pagar un precio demasiado alto, sacrificando los sueños y la vida misma.

Superado el miedo al fracaso, el primer ingrediente necesario para emprender es la visión de negocio, que empezará con la detección de nuevas oportunidades pero que no puede mantenerse sólo en el campo de las buenas ideas, sino que hay que acompañarlo de talento y estudio, para ser capaces de ofrecer propuestas de valor a las necesidades detectadas en los clientes, y otras competencias de negocio, como negociación, buena gestión y financiación, entre otras.

El segundo ingrediente es el asociativo, porque un buen líder nunca está solo y debe saber elegir a los compañeros de viaje adecuados, crear un equipo de valor y tejer una buena red de colaboración externa, con los que se establezca un buen modelo de comunicación e integridad. Además, se requiere foco y plena dedicación, para sobrellevar los períodos de esfuerzo que indiscutiblemente llegarán y requerirán paciencia,  perseverancia y cierto sacrificio, y para mantener la  firmeza de espíritu y continuar con la visión atenta  hacia el propósito compartido.

Los grandes éxitos empresariales suelen basarse en ideas muy simples de puro sentido común, que se visualizan con claridad y se persiguen con pasión y tenacidad, simplemente porque se cree en ellos, y después se apoyan en un Plan de Empresa. No en vano, la historia sigue el curso de los propósitos y deseos, ya que como decía John Lennon: “La vida es lo que nos pasa mientras hacemos otros planes.” (Ver video del post original)

UNETE



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