Carta a ''Uno de los Nuestros''



 

Eufemio Caballero Álvarez.

Un hombre dijo una vez: “Las películas tocan nuestros corazones, despiertan nuestra visión, y cambian nuestra forma de ver las cosas. Nos llevan a otros lugares. Nos abren las puertas y las mentes. Las películas son los recuerdos de nuestra vida. ¡Tenemos que seguir con vida!”.

Su nombre es Martin Scorsese y el cine fue el espejo de su propia vida. Fue el reflejo de aquellas ‘‘Malas Calles’’ de Little Italy que, cuando era pequeño, observaba desde una ventana mientras él veía películas en su casa porque su padre no quería que su hijo deambulara por aquella realidad llamada mundo.

No supimos si Marty fue el mejor ‘‘Aviador’’, pero siempre ha volado alto, y seguirá haciéndolo. Quizá fue un incomprendido, pero su sueño era contar historias. Lo hizo a partir de aquella ‘‘Edad de la Inocencia’’ que, desde su infancia, pensaría en un lugar alejado de la mano de Dios llamado ‘‘Shutter Island’’ que le daba miedo y ocupaba sus sueños más oscuros en la noche. Puede que desde niño tuviera a su lado un amigo invisible o real que se llamara ‘‘Hugo’’ con el que veía las películas de ‘‘Georges Méliès’’, y que, sin duda, fue su mejor ‘‘Invención’’. Sabemos que tuvo una amiga o un amor no comprendido conocida como ‘‘Alice’’, sin embargo, ella ‘‘ya no vive aquí’’.  

Con el tiempo, Marty fue creciendo y no nos dejó claro si estuvo ‘‘Al límite’’ con el juego y si el ‘‘Casino’’ le arruinó, pero todos sabíamos que le encantaba observar el ‘‘Color del dinero’’.  Así, con ese incentivo, pudo darnos de las mejores obras maestras del cine. No llegamos a saber si tuvo varios ‘‘Infiltrados’’ en el grupo de amigos que le equiparaban con el ‘‘Lobo de Wall Street’’ o si, verdaderamente, conoció al propio Jordan Belfort. Desde entonces, Marty supo deleitarnos, y nos hizo decir a más de uno, y más de una vez, ‘‘¡Jo, qué noche!’’.

Sin duda, supimos que tuvo un ‘‘Taxi Driver’’ que le llevaría a casa después de un duro día de trabajo. Siempre elegía a aquel conductor porque que vio en él un héroe social en la sombra. Y Marty comprendió que el verdadero Dalai Lama de su época no se llamaba ‘‘Kundun’’ sino que su nombre fue Travis Bickle.

El amor es una de las cosas más raras e inexplicables de la vida de las personas, para Marty también lo fue, al igual que la religión. Con ambas quiso saber cuál era ‘‘La última tentación de Cristo’’. Como muchos de nosotros, en ciertas escenas de su vida se acabó el color dando paso al blanco y negro. Esas escenas rellenarían las páginas de su más sincera y apagada soledad. No pudo aguantar más y quiso boxear, al menos en su mente, como un ‘‘Toro salvaje’’ que danza solo en el ring de la vida dando golpes a ciertos aspectos de esa época oscura. Como modo de venganza decidió irse a ‘‘El cabo del miedo’’, un lugar oscuro donde nadie quiere ir para vencer las injusticias. Una misión en la que todos nosotros, como espectadores, nos sumamos de forma conjunta como si fuéramos ‘‘Gans of New York’’.  

Y el momento tenía que llegar. Todo lo que aprendió en su vida se resumía: en la lealtad, el honor, la familia y el trabajo. Valores que, quizá, aprendió de Frank Sheeran, su anti-héroe, pero el más humano de todos sus personajes y al que no sabemos si le pintó la casa alguna vez o leyó sobre su vida en los periódicos. En ‘‘El Irlandés’’, el viejo Marty, con elegancia, pausa y contemplación como si se tratara de ‘‘Un Rey’’ pero no ‘‘de la Comedia’’, se despide de su mejor amigo, el género de gánsters, de la manera más viva, y, a la vez, más mortífera que habíamos visto en su filmografía. Sabemos que no será ‘‘El último Waltz’’ como director, pero cierra un género con el que creció como cineasta. Esta vez, es un adiós y lo hace con un fundido a negro sumido en un verdadero ‘‘Silencio’’, del que estaría orgulloso hasta el propio Leone, y en el que no quedan más palabras que contar.

Esta carta es un homenaje personal a su carrera. Y le doy mi más sincera felicitación por su trabajo.

Gracias Martin Scorsese por ser siempre ‘‘Uno de los nuestros’’.



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UNETE











Carta a ''Uno de los Nuestros''


 

Eufemio Caballero Álvarez.

Un hombre dijo una vez: “Las películas tocan nuestros corazones, despiertan nuestra visión, y cambian nuestra forma de ver las cosas. Nos llevan a otros lugares. Nos abren las puertas y las mentes. Las películas son los recuerdos de nuestra vida. ¡Tenemos que seguir con vida!”.

Su nombre es Martin Scorsese y el cine fue el espejo de su propia vida. Fue el reflejo de aquellas ‘‘Malas Calles’’ de Little Italy que, cuando era pequeño, observaba desde una ventana mientras él veía películas en su casa porque su padre no quería que su hijo deambulara por aquella realidad llamada mundo.

No supimos si Marty fue el mejor ‘‘Aviador’’, pero siempre ha volado alto, y seguirá haciéndolo. Quizá fue un incomprendido, pero su sueño era contar historias. Lo hizo a partir de aquella ‘‘Edad de la Inocencia’’ que, desde su infancia, pensaría en un lugar alejado de la mano de Dios llamado ‘‘Shutter Island’’ que le daba miedo y ocupaba sus sueños más oscuros en la noche. Puede que desde niño tuviera a su lado un amigo invisible o real que se llamara ‘‘Hugo’’ con el que veía las películas de ‘‘Georges Méliès’’, y que, sin duda, fue su mejor ‘‘Invención’’. Sabemos que tuvo una amiga o un amor no comprendido conocida como ‘‘Alice’’, sin embargo, ella ‘‘ya no vive aquí’’.  

Con el tiempo, Marty fue creciendo y no nos dejó claro si estuvo ‘‘Al límite’’ con el juego y si el ‘‘Casino’’ le arruinó, pero todos sabíamos que le encantaba observar el ‘‘Color del dinero’’.  Así, con ese incentivo, pudo darnos de las mejores obras maestras del cine. No llegamos a saber si tuvo varios ‘‘Infiltrados’’ en el grupo de amigos que le equiparaban con el ‘‘Lobo de Wall Street’’ o si, verdaderamente, conoció al propio Jordan Belfort. Desde entonces, Marty supo deleitarnos, y nos hizo decir a más de uno, y más de una vez, ‘‘¡Jo, qué noche!’’.

Sin duda, supimos que tuvo un ‘‘Taxi Driver’’ que le llevaría a casa después de un duro día de trabajo. Siempre elegía a aquel conductor porque que vio en él un héroe social en la sombra. Y Marty comprendió que el verdadero Dalai Lama de su época no se llamaba ‘‘Kundun’’ sino que su nombre fue Travis Bickle.

El amor es una de las cosas más raras e inexplicables de la vida de las personas, para Marty también lo fue, al igual que la religión. Con ambas quiso saber cuál era ‘‘La última tentación de Cristo’’. Como muchos de nosotros, en ciertas escenas de su vida se acabó el color dando paso al blanco y negro. Esas escenas rellenarían las páginas de su más sincera y apagada soledad. No pudo aguantar más y quiso boxear, al menos en su mente, como un ‘‘Toro salvaje’’ que danza solo en el ring de la vida dando golpes a ciertos aspectos de esa época oscura. Como modo de venganza decidió irse a ‘‘El cabo del miedo’’, un lugar oscuro donde nadie quiere ir para vencer las injusticias. Una misión en la que todos nosotros, como espectadores, nos sumamos de forma conjunta como si fuéramos ‘‘Gans of New York’’.  

Y el momento tenía que llegar. Todo lo que aprendió en su vida se resumía: en la lealtad, el honor, la familia y el trabajo. Valores que, quizá, aprendió de Frank Sheeran, su anti-héroe, pero el más humano de todos sus personajes y al que no sabemos si le pintó la casa alguna vez o leyó sobre su vida en los periódicos. En ‘‘El Irlandés’’, el viejo Marty, con elegancia, pausa y contemplación como si se tratara de ‘‘Un Rey’’ pero no ‘‘de la Comedia’’, se despide de su mejor amigo, el género de gánsters, de la manera más viva, y, a la vez, más mortífera que habíamos visto en su filmografía. Sabemos que no será ‘‘El último Waltz’’ como director, pero cierra un género con el que creció como cineasta. Esta vez, es un adiós y lo hace con un fundido a negro sumido en un verdadero ‘‘Silencio’’, del que estaría orgulloso hasta el propio Leone, y en el que no quedan más palabras que contar.

Esta carta es un homenaje personal a su carrera. Y le doy mi más sincera felicitación por su trabajo.

Gracias Martin Scorsese por ser siempre ‘‘Uno de los nuestros’’.




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