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Llevamos un año
que no ganamos para disgustos y sobresaltos. Por estas fechas ya se veía venir
la permanente desavenencia entre los socialistas y la parasitaria extrema
izquierda. El Consejo de Ministros era un hervidero de despropósitos a los que
Sánchez callaba, agachaba la cerviz y seguía adelante. Nunca un Gobierno había
hecho tanto daño a su propia nación: no es de extrañar que en un meme se
representara a Sánchez y al ‘Coleta’ dentro de un coche militar, a la vez que
el primero pedía “disparad, disparad, que el enemigo va dentro”.
Demasiado hemos
aguantado los españoles, a pesar del vendaval de ineptos que comenzó con los
miles de muertos por su abandono e ineficacia, siguió con la ineficiente
gestión de material sanitario y acabó represaliando a las comunidades autónomas
porque se le adelantaban en todo y gestionaban con más eficacia, eficiencia y
efectividad. Si no es por las gestiones iniciales de Felipe VI, Amancio Ortega
e Isabel Díaz Ayuso, “al Gobierno español se le hubieran caído los calzones en
medio de la pandemia”; eran palabras de la prensa europea para destacar la
vergüenza que Pedro Sánchez representaba para España y Europa, a lo que se unía
la cadena que le ataba a la miserable ultraizquierda comunista, sectaria y
reaccionaria.
Eran días en que
en el Consejo de Ministros todos miraban a Pablo ‘El Coleta’ porque no portaba
mascarilla cuando ya se sabía que su barragana estaba afectada por la ‘peste
china’ que acabó siendo pandemia. Y en paralelo se avergonzaban de ese mismo
espécimen porque se sonaba la mucosidad y se limpiaba a la chaqueta.
¿Recuerdan? Esa reacción del chico del casoplón me recordaba a un ‘burrajero’
de mi tierra que, acostumbrado a arrojar los huesos a su espalda cuando comía
en pinar, actuó de igual modo en una comida protocolaria con alcalde y
concejales el día de su jubilación y tuvo que dar explicaciones puntuales
porque el hueso fue a parar a la máquina de escribir del teniente de alcalde. A
día de hoy, ‘El Coleta’ aún no ha explicado por qué se limpiaba los mocos a la
manga de la chaqueta. En fin… Cuestión de educación y de no saber estar.
Pedro Sánchez
estaba en cuarentena porque su media naranja había acudido a la ‘manifa’ del
8-M y contrajo la ‘peste china’. No era más que un ejemplo de los estragos de
la manifestación hortera que habían predicado Carmen Calvo e Irene Montero,
hasta el punto de decir Calvo: “En ello va la vida a las mujeres feministas” y
ya lo creo que tristemente se acabó la vida de numerosas asistentes. La misma
concentración donde a Ciudadanos le arrojaron orines, lanzaron esputos y
atosigaron con improperios personales y familiares.
Ministros y
ciudadanía estaban muy molestos por la ruptura de la cuarentena por parte de
‘El Coleta’; un periodo de prescripción sanitaria que debía guardar, pero que
se lo pasaba por el ‘arco del triunfo’, cual amargado chulo de feria, al igual
que lo hacía el plagiador mayor del descentrado y desnortado Gobierno
socialcomunista. Ambos querían el protagonismo en un estado de alarma que nadie
imaginaba que durara tanto.
La ciudadanía
seguía preocupada por la demostrada incompetencia de ambos, el despropósito de
querer figurar a toda costa, la horterada del ‘Coletas’ de nacionalizar las
eléctricas y aplicar el artículo 128 de la Constitución. Y en el trayecto de
muertos y más muertos a diario, un golpista y un insurgente seguían pidiendo la
independencia, por una parte (Torra), y las competencias de instituciones
penitencias y la Caja de la Seguridad Social, por otra (Urkullu). ¡Manda
huevos!
La impresión de la
ciudadanía era que los bueyes que veía eran muy malos para seguir arando y peor
para prosperar. Además, la coalición era algo que se había mostrado
incoherente, irresponsable, imposible y sectaria. Todo se resumía en el mal
ejemplo que era para los españoles, así como en la necesidad de romper ese
Gobierno cuanto antes.
Era un hecho que
los españoles no querían inútiles que manejaran el erario público a su antojo,
sin producir, sin planificar ni tener aspiraciones nacionales de futuro.
En fin, como decía
Julio César: mientras quede algo por hacer, no habremos hecho nada. Me duele
recordar todo ello, pero lo recogen así las hemerotecas y mi propia agenda
personal, incluso con más crudeza. Y, si nosotros somos capaces de recordarlo con
veracidad y certeza, por qué Pedro ‘Cum fraude’ y Pablo ‘El Coleta’ no son
capaces de entender que “si dos cabalgan un caballo, uno debe ir detrás”.