Tengo más dudas de las que quisiera

Cuando empecé a pensar en el título de la presente entrada pensé en escribir “Tengo una duda”, pero francamente si sólo tuviera una duda para qué iba a molestarles a ustedes con mis problemas. No sé quién dijo que la vida no era otra cosa que una continua toma de decisiones. Igual no lo dijo nadie, pero la frase me suena y si no se ha dicho, lo cierto es que me parece que describe muy bien lo que nos sucede a todos o a casi todos. El ser humano vive tomando continuamente decisiones, unas nimias, otras complicadas, unos las toman con sin demasiados problemas y otros tienden de manera natural a la duda.

 

. No sé quién dijo que la vida no era otra cosa que una continua toma de decisiones. Igual no lo dijo nadie, pero la frase me suena y si no se ha dicho, lo cierto es que me parece que describe muy bien lo que nos sucede a todos o a casi todos. El ser humano vive tomando continuamente decisiones, unas nimias, otras complicadas, unos las toman con sin demasiados problemas y otros tienden de manera natural a la duda.
Creo que pertenezco al segundo grupo, vivimos en un mundo cambiante que nos obliga constantemente a adaptarnos a nuevas situaciones y en ocasiones no podemos acudir ni a San Google Bendito ni a la Wikipedia para que nos solucionen el problema que sufrimos, porque la solución a nuestra incertidumbre no se encuentra por allí. Dicen los que dicen saber de estas cosas que dudar es bueno, yo creo con el griego - que también sabía mucho - que la virtud está en el justo medio. Bien está dudar, pero con medida, porque hay momentos en que las dudas tienden a paralizar a los individuos que las sufren y eso no es bueno.

Todo este rollo viene a cuento porque tras mucho dudar he decidido trasladarles una idea. Escribo para ustedes tres veces a la semana, lo hago sobre un tema monográfico, el género negro y les propongo una serie de autores, totalmente contrastados que conste, que elijo personalmente. A propuesta de un amigo, lo que hoy pretendo es que convirtamos esta vía de dirección única, al menos por ahora, en una de doble dirección, de tal manera que, aprovechando que en el blog, en Reeditor o en la página de Facebook “Al madero no le gusta la ropa vieja” hay posibilidad de que ustedes puedan comentar lo que mejor les parezca, lo hagan y ya de paso me expliquen que les parecen mis publicaciones.

No me refiero a la forma, sé cómo escribo, me leo con muchísima frecuencia, no pretendo que me digan que opinión les merece como lo hago, eso a estas alturas, tiene poco arreglo; me refiero a que me comenten que opinan de mis propuestas e incluso que me sugieran algún autor que a ustedes les parezca interesante. Con una salvedad, no escribo sobre novedades editoriales, porque las empresas ya hacen su trabajo en la promoción de sus autores, nadie puede olvidarlos. Personalmente prefiero comentar sobre autores que siendo maestros del género hayan perdido algo de “actualidad” y brillo en el mercado, atropellados por el ingente número de escritores que publican novela negra y por la perentoria necesidad que tienen las multinacionales de la literatura, de vender el producto que fabrican.

Conste que estoy convencido de que entre los que hoy se estrenan en el proceloso mundo de la escritura en general y del género negro en particular - quien dice hoy, dice en esta última década - están los que serán maestros del género dentro de treinta años, pero creo que sería bueno dejar que los años y los lectores decidan quiénes son los llamados a ese puesto de privilegio.

Sé que igual me meto en un lío, de hecho lo he estado pensando mucho, ¿Qué tampoco es para tanto? lo sé, pero ya les he confesado que soy de los que viven en la duda perpetua, aunque si he de ser sincero espero que esta idea prospere. ¿Qué pretendo? fácil, por poner un ejemplo, entre mis lectores los hay que opinan que escribo muy poco sobre autoras, pero no es porque yo sea un machista irredento, es que el género negro ha estado durante muchos años casi exclusivamente en manos de los varones. Conste que no acuso a nadie de machista, pero es cierto que por las razones que fueran y que escapan a las posibilidades de este modesto escrito, ciertos géneros estuvieron cerrados a cal y canto a las féminas durante mucho tiempo. No es el caso del mercado actual, por lo tanto el tiempo que todo lo cura, probablemente también equilibre esa situación, pero mientras tanto algo podremos hacer.

Algún lector me ha señalado que parece que me cuesta hablar de autores franceses, ahora tiene la oportunidad de resolver el entuerto, escriban su comentario en el apartado correspondiente y procuraré colaborar para que el déficit disminuya.

Vamos a ver si consigo que ustedes colaboren conmigo y de paso me quito de en medio al amigo que me ha aconsejado que tome esta medida y que seguro que debe estar observándome para ver si sigo su consejo.

Anímense, si son capaces de leerme es que les tiene que gustar muchísimo el género negro, si tienen alguna opinión o propuesta, háganmelo saber, se lo agradeceré.

 

Hasta aquí hemos llegado, no quiero aburrirles más. Si Dios quiere nos volveremos a encontrar aquí el próximo lunes. Entretanto cuídense mucho.

Un abrazo.

 

 

 

UNETE



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