. El susto no quedaba ahí,
sobre todo si tenemos en cuenta que los expertos consideraban que se iba a
seguir perdiendo empleo hasta 2012. Era para estar muy preocupados, a la vez
que para dejar de confiar en el presidente Rodríguez; posiblemente el presidente
más trapacero y mentiroso de todos los que ha tenido la democracia española.
Incluso, muy por encima del ‘encantador de serpientes’, Felipe González.
Nos acercamos a 2012 y el Gobierno sigue
destruyendo empleo, no deja de crecer el paro y el tejido industrial se
tambalea. Por si no era suficiente, los datos aportados por el INE han dejado
sin resuello a Rodríguez y a su equipo económico, que se ha perdido en
afirmaciones sin sentido y en vaguedades de sobra conocidas por repetidas y estrafalarias.
La economía española ha entrado en barrena, por falta de medidas, de
planificación, de visión económica, además de por la demostrada torpeza del
Gobierno. Un Gobierno que, sin duda, es el más inepto de cuantos han conocido
los españoles en los últimos treinta y seis años.
El presidente Rodríguez prometió el pleno
empleo y negó la crisis. Se durmió en los laureles y dejó que se endeudaran las
familias y las empresas. Ese ha sido el camino de los últimos ocho años, que ha
desembocado en los casi cinco millones de parados actuales. A ello hay que
añadir el nuevo tratamiento que se dio al cómputo de parados siendo ministro
Jesús Caldera: de no haberse alterado el criterio de cómputo, estaríamos
hablando de una realidad que no reconoce el Gobierno; es decir, hablaríamos de
cinco millones setecientos mil parados.
El desequilibrio entre la realidad y los
datos del INE es lo que trastoca todos los planes del Gobierno socialista y
deja con las posaderas al aire al ministro, Valeriano Gómez. ¿Recuerdan la
categórica afirmación del ex ministro Corbacho, respecto a que no se llegaría a
los cuatro millones de parados? Pues, cuando se es honrado, lo que procede es
acudir presto a Moncloa, convocar una rueda de prensa, pedir perdón a la
ciudadanía, reconocer la propia incompetencia y presentar la dimisión a
Rodríguez con carácter irrevocable pero Corbacho no lo hizo. En el socialismo
hay más cara que espalda y, además, forma parte de su ser. Ya comprobarán cómo,
si gana el PP las elecciones del 20-N, le van a criticar y culpar hasta de la
existencia del arco iris.
El Gobierno de Rodríguez ha logrado
destruir todos los indicadores de empleo; desprestigiar a quienes consiguieron
la convergencia con Europa; engañarnos con la estabilidad de la economía
española; ridiculizarnos ante los países de nuestro entorno; gastar la hucha
que le dejó llena Rodrigo Rato; generar sospechas sobre la Seguridad Social;… Y
lo más grave de todo: acelerar la destrucción de empleo, por incompetencia
propia y de sus equipos económicos.
Ya no se puede disculpar a este Gobierno.
Hay que quitarlo del medio antes de que siga haciendo más daño a la población y
a la economía. Zapatero debió convocar elecciones anticipadas hace dos años. El
socialismo está condenado a hacer la travesía del desierto. Ya no cabe echar las
culpas al ex presidente Bush, a Aznar, a Pepito Grillo o al lucero del alba. El
paro en España tiene una sombra mucho más larga.
En este momento el Gobierno no puede aducir
que crece el paro por la incorporación al mundo laboral de miles de trabajadores
nuevos. Los más de millón y medio de nuevos parados se deben, única y
exclusivamente, a la destrucción de empleo puro y duro. Demasiado puro y
excesivamente duro. Que se lo pregunten al millón y medio de familias que han
dejado de percibir ingresos.
Rodríguez Zapatero piensa que las cosas
suceden como él las piensa y cuando a él le parece; pero la realidad es que
España tiene un grave problema, donde de día en día aumenta la pobreza de la
ciudadanía, mientras desde el Gobierno se observa la situación con distancia,
cierta mofa y sonrisa bobalicona añadida. Rodríguez es el gran fracasado y
alguien debería explicarle que cada fracaso le enseña al hombre algo que
necesitaba aprender.