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Cantar la victoria anticipada de Peña Nieto, el talón de Aquiles


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04/11/2011

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En los círculos realmente cercanos al precandidato a la presidencia de la república, en este momento más aventajado según los últimos reportes de las empresas encuestadoras, el priista Enrique Peña Nieto, los que en efecto son con quienes comparte estrategias y preocupaciones, hay dos temas que son de la mayor trascendencia y por ello motivo de atención particular, la administración de esa ventaja y la ansiedad que les provoca la arrogancia de una gran parte, mayoritaria de la militancia de su partido, que canta ya una victoria con mucha anticipación.


No porque la antelación por si misma signifique un riesgo, sino por la forma exacerbada de la manifestación, esa que es agresiva y no admite la crítica, mucho menos el análisis de los errores propios y que se va volviendo un argumento de reflexión para el electorado.

El grupo cercano al precandidato ha establecido un sistema de monitoreo a lo largo y ancho del país, pero sobre todo en las entidades gobernadas por su partido, para ir conociendo fielmente y calificando esas expresiones, para tener un recuento de donde y de quienes provienen.

Es evidente que en toda competencia es de suma importancia presentar un frente de confianza, una imagen de seguridad, más aun si las mediciones al respecto son tan favorables, sin embargo hacerlo en exceso conlleva una sensación de soberbia que atenta precisamente contra la idea de administrar la ventaja.

Es natural que para poder diferenciar una propuesta de gobierno de la otra, se deben ponderar los logros y señalar los errores del contrario, presentar propuestas de solución y que estas sean lo suficientemente convincentes ante la población para imaginarlas posibles, que estos planteamientos además se acompañen de argumentos que confirmen la capacidad para llevarlos a cabo, de otra forma es solamente una cuestión de retorica, entonces la disputa se centra en ese debate, no en la agresividad y la descalificación como herramienta.

Porque cuando se va adelante, lo que debe imperar es la prudencia y la sobriedad, un comportamiento acorde a lo que se propone y en este caso, que coincida con la personalidad del candidato, en el caso particular y ya lo hemos comentado anteriormente, es Peña Nieto quien carga a su partido, su avance en las simpatías no proviene de la fuerza del PRI como tal, sino en la expectativa de su comportamiento de llegar a la presidencia.

Porque ahora además de los pasivos tradicionales con los que se cataloga al priismo, habrá que sumar la intolerancia de la llamada nueva generación, a todas luces inexperta, insensible y provocadora, cuya actitud no es más que un reflejo de una profunda y desmedida ambición.

Esta reflexión que es la ocupa hoy la planeación de la estrategia, primero de la precampaña para la candidatura y posteriormente con esta en la bolsa, la que corresponde a la elección federal, calculo que deja como resultado que estas manifestaciones sobradas de petulancia, son un reflejo de la enorme ambición de líderes y militantes priistas que avizoran ya la posibilidad de acceder a un poder inmenso con el eventual retorno de su partido al gobierno.

Lamentablemente esa imagen se traduce en un pesado lastre, porque el mensaje que con ella se envía a la sociedad, se relaciona con el abuso del poder, la corrupción y la impunidad, el regreso del culto a la personalidad en los términos más estrictamente banales posibles, como antecedente de la instauración de un régimen autoritario que limite por principio de cuentas la libre expresión y la apertura al debate, ese al que tanto temen esos seguidores que tratan de ocultar en su agresividad sus carencias, porque quien es ajeno a la discusión y la autocritica solo demuestra su incapacidad, falta de sensibilidad y verdadero compromiso.

Porque al menos en el denominado círculo rojo del virtual candidato Peña Nieto, existe conciencia y aceptación plena, de que si la elección dependiera de los resultados de la gestión actual de muchos de esos líderes y militantes, en el senado, la cámara de diputados y los gobiernos estatales en los que se desempeñan, el resultado sería muy diferente y el pronóstico de ese triunfo que hoy claman, estaría demasiado lejano de la realidad. La excitación de una victoria que todavía no consiguen, a la que no abonan y que no les pertenece.

Esta postura engreída, puede transformarse en un desafío para una sociedad que apuesta por una clase política seria, una provocación en extremo que no corresponde a la supuesta madurez que los priistas debieron haber alcanzado luego de doce años fuera de la presidencia.

Un elemento que puede convertirse en el talón de Aquiles, un exceso de confianza expresado en esa inútil y retadora actitud, a pesar de la distancia de la que hoy gozan en las preferencias, pero que por ningún motivo puede considerarse definitiva, que puede remontarse gracias a los errores propios como ya hemos visto en el pasado reciente. Los mexicanos quieren soluciones, no una batalla verbal frívola e intrascendente.

Un contra sentido evidente del mensaje que el propio candidato trata de imponer con su comportamiento y que debería ser la pauta para sus múltiples seguidores para emularlo, porque independientemente de los resultados de su recién concluido gobierno en el estado de México, que finalmente no fueron tampoco tan espectaculares como los principales medios de comunicación afines a su causa insisten en reportar, al menos Peña Nieto, ha privilegiado el dialogo y el acuerdo, manteniéndose alejado de la confrontación estéril, elemento que seguramente le ha servido para despertar el interés de diversos sectores sociales, los que no se dejan influir por la mercadotecnia a ultranza de su figura.

Porque Peña Nieto y su equipo cercano entienden que en este momento el posicionamiento logrado hasta ahora en función de esa publicidad, ya rindió los frutos necesarios para el momento previo, ahora el filtro del electorado y su atención se fija en otro tipo de argumentos, sin duda uno de ellos, la sobriedad de su desempeño personal, que provoca la esperanza del retorno al orden.

El anhelo colectivo de una conducción serena de los asuntos públicos, que limite los cacicazgos regionales fomentados por la debilidad de la investidura presidencial en los sexenios panistas, que provocaron un grosero libertinaje sobre todo en los gobiernos estatales, que bien podría calificarse como el recreo de los gobernadores y para muestra un botón, el escándalo relativo al endeudamiento público del estado de Coahuila, aderezado por las demandas correspondientes a la falsificación de decretos del congreso estatal, en la gestión nada más y nada menos, que de el propio presidente del partido, Humberto Moreira, cuando este fungía como mandatario de esa entidad.

Lo de Moreira es un síntoma inequívoco del nivel que puede llegar a alcanzar esa soberbia, en la confianza ciega de que la impunidad del poder protegerá lo que sea y como sea.

El caso Moreira por ejemplo, comienza a tener efectos y eso que todavía no alcanzan su dimensión real, sin embargo podría ser el motivo por el cual su partido ha perdido la ventaja para la elección de gobernador en Michoacán, como preámbulo de lo que será una derrota que puede ser la primera de otras que se produzcan por estas causas.

Por eso para Peña Nieto hoy lo más importante es mantener viva la idea de que su candidatura representa, primero un esquema de posibles soluciones, la oferta de un gobierno respetuoso de las demás fuerzas políticas, sin el menor atisbo de la creación de un régimen autoritario y por supuesto de un desempeño estructurado en el respeto a la investidura presidencial, ajeno a la frivolidad que tanto ofende a la población y que ha sido el factor que tiene a la clase política en el mayor de los descréditos.

De otra forma la ventaja en las encuestas podrá sufrir variaciones, porque a pesar de los números de este momento todavía hay un largo trecho por recorrer y la sociedad está más que nunca atenta al desarrollo de los acontecimientos porvenir y si bien es cierto, que no puede considerarse a Enrique Peña Nieto, el culpable de las actitudes retrogradas de sus seguidores, si será su responsabilidad llamarlos al orden y la prudencia y más aun al trabajo que es lo que en este momento se requiere, convocarlos a la participación cumpliendo con sus respectivas encomiendas, en vez de festinar tan injustificada como anticipadamente un triunfo, que mas bien parecieran estar boicoteando y poniendo en riesgo. Porque su ceguera y necedad solo pueden significar que no están capacitados para la tarea, el reto extraordinario de intentar recomponer este país, antes de que sea demasiado tarde.

 

guillermovazquez991@msn.com

twitter@vazquezhandall







Etiquetas:   Elecciones   ·   Política

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