¿Dónde están los ciudadanos?

¿Dónde están los ciudadanos?


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¿A qué situaciones nos referimos? La lista es variada y muy extensa, en ella se pueden incluir un sinfín de casos de distinta índole, en esta oportunidad nos referiremos exclusivamente a hechos relacionados con el tránsito automotor, el uso de la vialidad vehicular y el desplazamiento peatonal. Los ejemplos abundan, intentaremos enumerar los más resaltantes:

¾       En Venezuela las motos se utilizan como vehículo familiar, es muy usual ver hasta cuatro pasajeros subidos en ellas; por lo general dos adultos y dos pequeños niños, cuya inocencia les permite viajar felizmente, como si se tratara de un paseo en limosina. Al que conduce parecieran tenerle sin cuidado los riesgos que implica semejante irresponsabilidad, mientras las autoridades con total descaro, se desentienden cuando la dantesca realidad pasa frente a sus narices.

¾       Una nueva modalidad de traslado está proliferando en nuestras ciudades, nos agradaría decir que es el producto de la prosperidad, el progreso y las acertadas políticas públicas, pero no; se trata de camiones transportando personas que viajan de pie, en vehículos cuya estructura enrejada, es similar a la utilizada para transportar cerdos al matadero. El desafortunado medio de transporte, refleja una imagen de atraso, miseria y pobreza que no tiene comparación. El deterioro del sistema de transporte público, es la “justificación” de esta penosa y peligrosa manera de transportar seres humanos, en la que algunos ven una solución, mientras otros vemos un alto grado de irresponsabilidad y desapego a la vida.

¾       Es normal ver vehículos de dos, cuatro y más ruedas que transitan en horas nocturnas por autopistas, calles y avenidas, con algún faro o stop que no ilumina, o peor aún, sin una sola luz que permita avistarlos. Los irresponsables que transitan con vehículos en esas condiciones, convierten sus autos en guillotinas andantes, que colocan en grave peligro no sólo a los conductores que tengan la desdicha de no divisarlos en la oscuridad, sino a ellos mismos y a quienes los acompañan.

¾       Sin restricción alguna, las autoridades permiten que vehículos con severos deterioros mecánicos y/o destartaladas carrocerías, transiten alegremente por nuestras vías; esta actitud flexible de quienes deberían hacer cumplir la ley, además de incrementar la probabilidad de accidentes, impacta la fluidez del tránsito, pues los mencionados vehículos son candidatos a quedarse parados en medio de la vía en cualquier momento. A lo anterior debemos agregar, el alto nivel de contaminación ocasionado por las densas nubes de humo que expiden los vehículos con problemas de combustión; al parecer los dueños de estas unidades no sienten la más mínima vergüenza por el daño que causan.

¾       Para un altísimo porcentaje de quienes conducen motos, la luz roja del semáforo no existe, las aceras les pertenecen y viven convencidos de que pueden andar en la dirección que les venga en gana, sin importar el flechado. Para esta especie, los peatones son seres insignificantes que torpemente se atraviesan en su camino, con el objeto de evitar que ellos lleguen más rápido a su destino. No deja de impresionar que los audaces conductores de motos, comúnmente cometen sus abusos mientras transportan “parrilleros”, incluidos menores de edad, a quienes exponen a un peligro inenarrable.

¾       El irrespeto a los semáforos no es una exclusividad de los motorizados, buena parte de quienes conducen vehículos de cuatro ruedas, incluidas personas de todas las edades, lanzan su vehículo sin piedad a los peatones, cuando éstos cruzan en el rayado creyendo estar “amparados”  en una luz roja que le indica que es su turno.

¾       El rayado que demarca la zona por donde los peatones deben cruzar las calles, desde hace tiempo no le pertenece a éstos, eso es propiedad de los motorizados y de “distraídos” conductores de otro tipo de vehículos que “descuidadamente” se detienen ahí. Si usted es afortunado, puede que reciba un gesto de disculpa y que el vehículo retroceda, pero es mucho más probable, que lo miren con desprecio y hasta lo amenacen, sólo por atreverse a reclamar su legítimo derecho. 

¾       La prioridad de paso que la ley le confiere al peatón al momento de cruzar una calle es prácticamente una especie en extinción; son pocos los conductores que al tener luz verde, se detienen hasta que el último de los transeúntes le deja el paso libre. Si se trata de un conductor “anormal” que espera pacientemente su oportunidad, le tocará recibir el escandaloso corneteo y una sarta de improperios, cortesía de desesperados choferes para quienes es inconcebible que el semáforo cambie y que ellos no logren cruzar.

¾       Los motorizados son “dueños” de un canal en las autopistas, canal que ellos mismos se asignaron a través de su propia ley; pobre de aquel conductor que intente cambiar su vehículo de canal y no se percate de que algún “inofensivo” motorizado viene a toda velocidad por “su canal”; en el mejor de los casos si este no cae al piso, el conductor sólo recibirá una andanada de insultos, amenazas de maltrato físico o la pérdida de un retrovisor, producto de un golpe propinado con el casco protector; pero si el motorizado cae, que Dios y la virgen lo protejan. Que me disculpen aquellos pilotos de dos ruedas, que piensan que al cumplir las normas, se pierde el sentido único de andar en moto, que según ellos no es otro que llegar en pocos minutos a cualquier lugar, sin importar lo que tengan que hacer para lograrlo.

¾       El abuso e irrespeto de las normas no es exclusividad de quienes están al frente de un volante, peatones inconscientes a diario se lanzan a la calle cuando la luz está en verde para el paso vehicular; esto los convierte en verdaderos suicidas, que arriesgan su vida a cambio de “ganar” unos pocos segundos. A esto hay que sumarle la infame costumbre de cruzar las calles y avenidas fuera del rayado designado para tal fin; “especializados” y “cómodos” peatones disfrutan exponiendo su vida y la seguridad de los conductores.

¾       El ya no tan nuevo oficio de mototaxista, que para algunos contribuye a resolver parte del problema de movilidad de las grandes ciudades del país, trae consigo algunos males; ejemplo de ello es la toma de aceras peatonales y espacios pertenecientes a edificaciones privadas. Lamentablemente las autoridades no han ejercido sobre estas “organizaciones” y “asociaciones” el debido control y vigilancia que requieren.

¾       Existe una nueva raza en Venezuela conformada por pilotos de motocicletas de alta cilindrada, nos referimos a quienes conducen las famosas Vstrom u otras conocidas marcas; para esta especie, integrada en su mayoría por espalderos, no existe ley, norma, ordenanza ni restricción alguna que regule su desplazamiento por las vías, actúan como seres superpoderosos, que están muy por encima de los simples mortales. Lo mejor es no toparse nunca con uno de estos elementos, pues además de la intimidadora vestimenta que por lo general portan, es bien sabido que la mayoría andan fuertemente armados y no se destacan por su amabilidad. Como guinda del vaso, estos temibles personajes acostumbran a encaramar sus pesadas máquinas en las aceras, interrumpiendo el libre tránsito de los peatones.

¾       Un gran número de propietarios o choferes de lo que en Venezuela denominamos “camionetas”, conducen estos vehículos como si ellos compraron las vías y su licencia de conducir los autoriza a “atropellar”  a cualquier desafortunado conductor, que prefirió optar por movilizarse en un pequeño sedan. Sin ninguna mezquindad, ni mucho menos envidia por los bienes que puedan poseer, estas personas no tienen mayor consideración con los demás conductores y muestran poco respeto por las leyes y señales de tránsito.

¾       Un alto porcentaje de profesionales del volante (taxistas), encajan perfectamente en la categoría anterior, la única diferencia es el tamaño del vehículo. La necesidad que ellos se crean de trasladarse en el menor tiempo posible de un lugar a otro, les hace pensar que tienen el derecho de violentar las normas de tránsito vehicular y de “pasarle por encima” a los demás conductores.

¾       Los conductores de los llamados microbuses o busetas, no se destacan en lo absoluto por cumplir las normas de tránsito ni las ordenanzas que regulan la prestación del servicio; si hablamos de las rutas urbanas, la mayoría de ellos detienen sus vehículos en cualquier lugar, incluido el medio de la vía, menos en las paradas establecidas. A esto debemos sumarle la contribución al caos y la anarquía que hacen los pasajeros con el famoso “me deja por donde pueda”,  sobre el cual creen tener pleno derecho. Si hablamos del transporte que cubre rutas extraurbanas o viajes más largos, nos encontramos con personajes amantes del peligro, que conducen a toda velocidad por carreteras y autopistas, poniendo en riesgo la vida de personas que no tienen otra opción que rezar para que no les pase nada, porque atreverse a pedirle al conductor que baje la velocidad, es prácticamente una provocación para que éste lo invite a bajarse de su propiedad.

¾       Buena parte de los conductores de microbuses, buscan hacer menos dura su jornada, haciéndose acompañar de sofisticados sistemas de sonido, donde ponen a sonar lo mejor de su propia recopilación musical o las complacencias que alguna emisora radial brinde a sus oyentes; esto no sería ningún problema, incluso si el género musical no es de nuestro agrado, si no fuese porque el volumen que dan a sus aparatos, alcanza un nivel estruendoso, que además de no ser agradable, impide al alegre conductor escuchar las solicitudes de parada que los usuarios le hacen. Subirse a una unidad con las características señaladas, se convierte en un verdadero tormento.

¾       Es usual ver en las calles, avenidas, autopistas y carreteras, vehículos que al transportar su carga, van dejando parte de ésta a lo largo de su trayecto; este “descuido” del transportista, no sólo pone en riesgo la vida de quienes se trasladen por la vía, también afea los espacios y genera un problema de salubridad. Mención especial debe hacerse a los camiones recolectores de basura, que van derramando a lo largo de su trayecto un líquido de olor putrefacto y nauseabundo, conocido como lixiviado. Esto es tan común, que muchas personas creerán que no hay forma de evitar dicho derrame, la buena noticia es que si la hay, la mala es que las autoridades no se toman esto en serio.

¾       Sin duda, una de las situaciones que genera más molestia e impotencia es la causada por los  suicidas “comecola”; nos referimos a los sujetos que al transitar por vías de un canal en cada sentido, no conciben permanecer en la fila, hacerlo resulta poco menos que una ofensa para ellos mismos, por lo cual se lanzan por la vía contraria desafiando el peligro y exponiendo la vida de propios y extraños. Tan absurdo proceder los hace candidatos a un castigo severo y ejemplarizante, diga usted que haría con estos señores, si tuviese la oportunidad de sancionarlos.

¾       Con total libertad transitan por todo el país vehículos de transporte pesado y semi pesado, que exceden los límites de carga recomendados por el fabricante o los permitidos por las autoridades. Las consecuencias de este incumplimiento, en muchos casos es la lamentable pérdida de vidas humanas y el consabido deterioro de carreteras y autopistas. No podemos dejar de mencionar los accidentes que ocurren cuando conductores de gigantescas gandolas, hacen caso omiso a los límites de altura establecidos, para transitar por determinadas vías. La impunidad que reina en este sentido es totalmente incomprensible e inaceptable.

¾       El espacio que en las autopistas se destina para que al momento de una avería u otra emergencia, los conductores detengan su vehículo en “zona segura”, prácticamente no existe, el llamado hombrillo es utilizado por muchos conductores como un canal de transito normal; son numerosas las desgracias causadas por la negligencia de quienes nunca han entendido, que el objeto de ese espacio es salvaguardar la vida de las personas.

¾       Los vendedores de chucherías, bebidas, películas, mata zancudos, auto periquitos  y hasta facturas de Taxi para falsificar las relaciones de viáticos, son un clásico de nuestras autopistas; hemos visto envejecer y perder el cabello al gordito de Hornos de Cal, al igual que a otros de sus competidores; si bien esto les ha servido como medio de vida durante muchos años, resulta insólito que las autoridades no eliminen de plano tan peligroso oficio, donde la vida pende de un hilo y los conductores temen por su integridad.

¾       Por último, uno de los abusos más indignantes, nos referimos a las personas para quienes lanzar basura desde un vehículo a la vía pública, es un acto totalmente natural y permitido; la forma tan deportiva como lo hacen no nos permite pensar otra cosa. Esto no es exclusivo de determinadas zonas ni tipo de vehículos, lo hemos visto hacer indistintamente desde lujosos y costosos deportivos, inmensas camionetas, motos de alta o baja cilindrada, transportes colectivos o desde viejos y destartalados “catanares”. Que poco aprecio por los espacios ciudadanos y por el medio ambiente tienen quienes  actúan de tan absurda manera.

 

Los casos relatados lamentablemente forman parte de la cotidianidad del venezolano, quien no haya presenciado alguno de estos actos, o haya sido víctima de cualquiera de ellos, simplemente no vive en este territorio. Los transgresores de las normas, sin duda se verán retratados en esta foto, queda de su parte recapacitar, educarse y cambiar su equivocada conducta, o por el contrario, seguir contribuyendo con la destrucción progresiva de la vida ciudadana. Luego están las autoridades, quienes de manera inexplicable y complaciente, han abandonado su rol como vigilantes del cumplimiento de la ley; ellos también tendrán que reeducarse, para enfrentar el reto que significa deslastrar estos males, tristemente arraigados en la conducta del venezolano.

 

 

 

                                                                                                                                             Jorge Cabrera Venot






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