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Los escritores y la muerte


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04/11/2011


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Entonces, los escritores escriben para trascender. Para no morir.Porque la muerte comienza a instalarse en la vida, a través del olvido. Cuando poco a poco, las imágenes se van quedando en aquellos lugares de nuestra memoria que ya no podemos acceder fácilmente. Ese lugar que me imagino como un espacio pedregoso, lleno de pantanos y que las sombras están siempre presente, sombras que no dejan ver la luz, la luz que es la memoria.La memoria, esa porfiada que no se va, que una y otra vez se encarga de decirnos aquello que muchas veces queremos olvidar. Pero también, es la que se ocupa de lo esencial, de lo importante de la vida. Borges dice que somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos.

La muerte, la muerte. Para un país, la muerte empieza con el olvido de su propia memoria, de su propia historia. La muerte se instala con su sombra en las páginas de los libros, en los discursos políticos, en los consensos y los acuerdos entre cuatro paredes, en los pasillos del parlamento, en la sonrisa del candidato que ofrece el futuro sin memoria, porque el pasado es malo, es el culpable de todos los males del país. La muerte llega aun país cuando el olvido es ley.



Y para nosotros, sujetos finitos, qué es la muerte en nuestras vidas, como vivimos con la muerte los lunes, los martes, los miércoles, o sólo nos acordamos de ella cuando un familiar, un amigo o nuestro vecino fallecen.La muerte nos acompaña, pero la olvidamos, porque es insoportable la convivencia con ella.

Los escritores, los artistas, o mejor dicho, los creadores en general, se deben a su obra, que los trasciende, que permanece. Pero a su vez, sucumben. No son ellos los responsables de la permanencia de ella, la misma historia los exime de ese trabajo de marcketeo, son, finalmente, los otros, quienes se encargan de llevar a un tiempo transhistórico las obras de los creadores. La trascendencia está en los otros. La inmortalidad está en los otros.La inmortalidad la vive el autor, cada vez que su obra es revisitada. Así, hablamos de la inmortalidad de los clásicos, de esas obras que como dice Italo Calvino son libros que nunca dejan de decir lo que tienen que decir.La muerte, esa invitada de piedra a este festín que es la vida.Pero, que hacemos entonces, con este miedo irresoluto al acto más inevitable que se nos presenta, en la vida.



Kundera escribe en el libro La Inmortalidad que Goethe no le temía a esa palabra, pero la inmortalidad de la que habla Goethe no tiene, por supuesto, nada que ver con la fe religiosa en la inmortalidad del alma. Goethe, cree en una inmortalidad completamente terrenal, de la de quienes permanecerán tras su muerte en la memoria de la posteridad.









 



Etiquetas:   Libros   ·   Literatura

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