Decidir el futuro

Comienza  la campaña electoral de las que al decir de muchos pueden ser las elecciones más importantes desde 1977. Todo momento electoral es importante pues se trata de decidir el futuro. Pero quizá el 20N sí que tenga un plus en la decisión a tomar a la hora de introducir la papeleta en la urna con las siglas y los nombres que queremos que nos representen para un periodo de cuatro años. De sobra conocemos, porque la estamos sufriendo, la situación global y local incubada durante años y que estalló hace tres.

 

. Todo momento electoral es importante pues se trata de decidir el futuro. Pero quizá el 20N sí que tenga un plus en la decisión a tomar a la hora de introducir la papeleta en la urna con las siglas y los nombres que queremos que nos representen para un periodo de cuatro años. De sobra conocemos, porque la estamos sufriendo, la situación global y local incubada durante años y que estalló hace tres.

En un análisis rápido, incluso simple aunque no tanto, están en juego dos modelos antagónicos a menudo no claramente definidos.

Hay una opción con visión conservadora de la sociedad y del sujeto y objeto social bastante compacta. Y otra opción progresista con un espectro más amplio y difuso de la sociedad en cuanto a deberes y derechos de ciudadanía; en cuanto al papel de lo público en la vida cotidiana.

Y aquí es donde entran en juego las etiquetas. Los marcos conceptuales en los que se mueven todas nuestras decisiones. Así, la opción conservadora es “la campeona en la gestión económica” en contraposición a la opción progresista, “manirrota, utópica y soñadora”. Y la opción progresista es “más sensible a la solidaridad y justicia social colectiva” en contraposición a la opción conservadora “más preocupada por una actitud individualista y una cierta querencia a lo privado”.

Si padecemos una tasa de paro brutal, una urgente necesidad de crecimiento de la economía para paliar el desempleo, podría parecer lógico pensar que los que nos pueden sacar de esto son los conservadores, al suponer que gestionan mejor la economía. Pero, afortunadamente, los marcos, aun cuando sabemos que son estructuras mentales que conforman nuestro modo de ver el mundo, no son inamovibles.

No es cierto, y está comprobado, que la opción conservadora tenga la exclusiva de la buena gestión económica. Sí es cierto, y está comprobado, que la opción conservadora está atacando mediante privatizaciones la columna vertebral de nuestro estado de bienestar. El pastel de la sanidad y la educación es muy jugoso, pero en estos temas la cuenta de resultados no debería cuantificarse en rentabilidad económica sino social y de progreso. Lo contrario sería romper el compromiso que todo Estado debe tener con su ciudadanía y ensanchar la brecha de la desigualdad. La sanidad y la educación deben ser públicas y universales por cuestiones tan elementales como la igualdad de oportunidades y el derecho a la salud.

Las señales de privatización están encendidas ya en las Comunidades gobernadas por los conservadores. La tarea progresista en esta campaña es explicar claramente lo que nos estamos jugando en este sentido y en muchos otros. Diferenciar claramente los modelos.

Al final será “el pueblo soberano” quien decida. Dicen que el pueblo nunca se equivoca, pero yo añado que en ocasiones (y ésta puede ser una) no decide según su mejor conveniencia en conjunto.

Hay una bolsa grande de voto indeciso que puede decantar la balanza. Votando con la razón, según el “perfil sociológico” de los españoles debería decantarse hacia valores y propuestas de solidaridad, de igualdad y de progreso. Pero, ¿dónde está escrito que votamos con la razón, incluso cuando se trata de decidir el futuro?

UNETE



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