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Échale la culpa a Bárcenas


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15/02/2021

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Bueno, pues ya tiene Casado el primer resultado electoral de ese pretendido “giro al centro” que inició en la primavera pasada. Aunque mirado en escaños el PP solo ha perdido uno en las elecciones catalanas de ayer, el partido de Casado se ha dejado casi la mitad de los votos que obtuvo en los últimos comicios (185.000 votos en 2017 y 109.000 en 2021), un desastre sólo superado por el apocalipsis naranja de Ciudadanos, que se ha dejado por el camino 950.000 votos respecto a 2017. 


Si miramos al resto de partidos, vemos que el llamado “efecto Illa” ha consistido en sacar cuarenta y pico mil votos más que Iceta. Illa ha obtenido poco más de la mitad de los votos que sacó Arrimadas en 2017, pero aún así ha encabezado la única lista (junto a la de Vox, de los que hablaremos después) que ha mejorado en votos respecto a los últimos comicios autonómicos. ERC ha perdido a uno de cada tres votantes y Junts a dos de cada cinco. 

Es decir, quien más y mejor ha movilizado a sus votantes ha sido el PSC, y los que peor el PP y, sobre todo, Ciudadanos. La abstención ha mostrado claramente el nivel de desencanto de la ciudadanía, y ha perjudicado muy especialmente al llamado centroderecha constitucionalista.Y lo peor de todo es que era perfectamente esperable. 

Ciudadanos ha recibido el pago a la bofetada que Inés Arrimadas dio a los catalanes que la hicieron ganar en 2017, después de ni siquiera presentarse a la investidura y salir huyendo a Madrid en busca de un silloncito. Para acabar de arreglarlo, en un comportamiento caciquil de esos que Ciudadanos venía a regenerar, Arrimadas se cargó a la candidata elegida en primarias para poner a su amigo Carrizosa. Con este panorama es fácil entender la frustración del votante que confió en Ciudadanos tras el intento de golpe de estado catalanazi. Y esta frustración ha llevado a la mayoría a quedarse en casa, y a otros a engrosar la cosecha de Vox.

Lo del PP merece capítulo aparte. Las cobardías de Rajoy habían llevado al partido de los 11 escaños de 2015 a los exiguos 4 de 2017. Pero contaba con un buen candidato, Alejandro Fernández, que se ha pasado la legislatura batiéndose el cobre en el parlamento catalán. Pero lo que no podía esperar el pobre Alejandro es que las peores zancadillas se las iban a poner los de casa. 

En verano Casado purgó a Cayetana, una de las cabezas visibles del partido en Cataluña. Para rizar el rizo, en la confección de la candidatura, Casado impuso como número dos a la misma Lorena Roldán que acababa de quedarse sin candidatura en Ciudadanos, y como número 3 a Eva Papera, ex de Unió Democrática y con pasado secesionista. La jugada de Casado ha resultado tan esperpéntica, que ahora, de los ridículos tres diputados que ha obtenido el PP, sólo Alejandro Fernández era del partido hace un par de meses. 

Por si fuera poco, la campaña del PP ha sido un disparate absoluto. Mientras se tiraba de Ayuso para intentar aparentar algo de firmeza y frenar la fuga de votos a Vox, por otro lado Casado daba entrevistas genuflexas en las radios independentistas. Mientras Ayuso sacaba pecho por el modelo económico madrileño, Casado rendía pleitesía al empresariado catalán tantas veces cómplice del separatismo. Mientras Alejandro plantaba cara al nacionalismo, Casado se lamentaba de las cargas policiales del 1-O. Con estos mimbres lo que sorprende es que el PP haya logrado convencer a 100.000 votantes.

En vez de reconocer el desastre, García Egea comparecía anoche para culpar a Barcenas, y hoy Cuca Gamarra equiparaba a Vox con la CUP, demostrando que la cúpula del PP lejos de ser una solución a nada, se ha convertido en un problema.

Desde las bambalinas del partido intentan achicar agua con mensajes de tranquilidad: “total en Cataluña nunca hemos pintado mucho..,”, “los resultados no son extrapolables...”. Pero cada vez es más difícil esconder que el rey está desnudo.

Para cambiar España es necesario un proyecto, una alternativa, una ilusión para los votantes. Pero Casado ya nos dijo que su partido no estaba aquí para cambiar el país sino para parecerse a él. En Génova no queda vida inteligente, y no hay más estrategia de la pervivencia en el machito del tándem Casado/Egea. Y así lo único que va a crecer en el centro derecha en España es la abstención. Y Vox







Etiquetas:   Partidos Políticos

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