Ciego de Ávila: epítome de culturas.

Las referencias que existen sobre los inicios de la región histórica de Ciego de Ávila  se remontan a los primeros años del siglo XVI cuando Pánfilo de Narváez visita, en 1513, el cacicazgo de Ornofay, un asentamiento preagroalfarero ubicado en el suroeste avileño, definido por el ingeniero Ernesto Segeth y referido por varios historiadores a partir del autor español Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés. 

 


Además del bojeo a Cuba realizado por Sebastián de Ocampo, donde se circunvalan las costas de la isla a finales de la primera década del XVI, existe la posibilidad de que en 1494 durante el recorrido que realiza Cristóbal Colón por la costa sur de Cuba en su segundo viaje, el almirante, necesitado en abastecer de alimentos frescos y agua potable a su numerosa expedición, haya fondeado sus naves en la costa sur de Ciego de Ávila, justo en la zona que más tarde se conocería como puerto de Júcaro.

Establecidos los españoles en la Isla, comienza un proceso de ocupación amparado por el salvoconducto colonial de la “pacificación” de los indios, para lo cual se hacía indispensable lograr el sometimiento de aquella presunta casta inferior en desarrollo y conocimiento.

Éste sería el inicio de la instauración de un sistema basado en relaciones de producción y evolución cultural que se correspondía con las concepciones feudales que imperaban en España. Era la transculturación.

Se fundaron las siete primeras villas, y el territorio avileño pasó a formar parte de Sancti Spíritus, mercedado en 1538. Un largo proceso de repartición de tierras ubicadas en esta zona devino en la delimitación de terrenos  oficializada el 30 de octubre de 1577 con la demarcación del hato de Ciego de Ávila.

El escaso desarrollo económico de la Villa de Sancti Spíritus, afectada por los ataques piratas, incidió en la lenta evolución desde el hato hasta la hacienda comunera de Ciego de Ávila. Sería para el año 1756 que se crea una posta de correo por su ventajosa posición geográfica como lugar de tránsito que comunicaba a Sancti Spíritus y Puerto Príncipe. Es entonces cuando, en los inicios del XIX, comienza a formarse el poblado de Ciego de Ávila y a despuntar a partir del desarrollo de la ganadería, la producción azucarera y la agricultura.

La construcción en 1873 de la línea militar desde Júcaro, en el extremo sur de Ciego de Ávila, hasta San Fernando, en la costa norte de este territorio, fue una obra diseñada por el gobierno español con el fin de impedir el avance mambí hacia occidente, pero significó además un progreso en la actividad económica y cultural. 

En la segunda mitad del siglo XIX la posición del Ayuntamiento y su influencia territorial fue de vital importancia para el desarrollo urbanístico de Ciego de Ávila: integrantes de la jerarquía de poderes (cabildo, iglesia católica y otras figuras notables), depositarios de un reconocido crecimiento económico, intervinieron en la construcción de nuevos espacios, edificios que hicieron del poblado un lugar más desarrollado.

Un exponente de marcada notoriedad lo fue la plaza Alfonso XII. Este nuevo espacio sirvió, además de eventos políticos, como centro de esparcimiento público donde comenzaron a realizarse algunas actividades culturales. Ejemplo de ello lo tenemos en las Verbenas del Santo Patrón y Fiestas Patronales celebradas en honor a San Eugenio de la Palma y primeras fiestas populares de influencia hispánica.

La creación de la Banda de Música de la Comandancia Militar, también resultado de la imposición española en el territorio, se convirtió en una de las opciones recreativas principales del público avileño, con sus presentaciones fijas en el corazón del poblado, la plaza Alfonso XII: ““[…] como espacio público, lugar de encuentros, paseos, conversaciones y retretas”. 

Al finalizar el siglo XIX se habían dado pasos de avance, sin embargo, con la llegada del XX el territorio crece económica y demográficamente. El acelerado desarrollo de la industria azucarera trajo consigo la construcción de centrales y un intenso proceso migratorio interno y externo: “La avalancha comenzó en 1906. Entre ese año y 1925, quince fábricas de azúcar se levantaron en la actual provincia avileña. De ellas, solo cuatro pertenecían a capitales cubanos, el resto sería propiedad de compañías norteamericanas.”  

La creación de nuevos centrales en la etapa de 1900 a 1926 llega a alcanzar la cifra de 75 en el país, de los cuales 40 se construyeron, fundamentalmente, en las provincias de Oriente, Camagüey y las Villas.

La importación de mano de obra hacia tierras avileñas devino mosaico cultural que fue conformando paulatinamente la fisonomía de la cultura popular tradicional del territorio. Etnias africanas, asiáticas y europeas, coexistieron desde entonces con inmigraciones provenientes de disímiles zonas del país.

“… la procedencia de los pobladores de Ciego de Ávila, en su mayoría de la villa y jurisdicción de Sancti Spíritus, con algunos provenientes de otros lugares como Puerto Príncipe, Morón, Trinidad, Remedios, Villa Clara, Santiago de Cuba, La Ciudad de la Habana, Guanabacoa, Bejucal, Jiguaní, Bayamo, Camarones, El Jíbaro, Guamitas, Yaguaramasa, Hanábana, y algunos incluso extranjeros, en lo fundamental de España, de sus regiones de Asturia, Medina, Oviedo, Lue, Andalucía y Galicia...”  

Como es lógico, estas oleadas incidieron en el crecimiento de la población y comenzaron a florecer, con gran fuerza, una serie de comunidades.

“En apenas doce años de 1907 a 1919, la población de la ciudad se multiplicó casi por cuatro. Una oleada de emigrantes españoles, jamaicanos, haitianos, así como otras islas del Caribe […] situaron a Ciego de Ávila y Morón como los mayores receptores de inmigración extranjera de todo el país, exceptuando la Habana. En cada central se levantaron sus bateyes, prontos convertidos en verdaderos poblados. Familias campesinas del occidente de Cuba viajaron en busca de trabajo, a pie o en carretas tiradas por bueyes, unas se quedaron, otras reiniciarían cada año el viaje hacia el territorio avileño con los anuncios de molida.”  

Los que llegaron de Haití, África y el Caribe anglófono, entraron en el territorio a partir de 1913, y con ellos sus tradiciones y costumbres: música, bailes, fiestas, culinaria, artesanía, literatura oral, creencias religiosas y bebidas tradicionales.

Por otro lado, vinieron emigrantes de España, Inglaterra, Francia, y otros países, que, entre 1907 y 1943, se radicaron fundamentalmente en las comunidades azucareras de Ciego de Ávila y Morón, lo que también contribuye al acelerado crecimiento demográfico en el territorio.

Ya para el año1940 Ciego de Ávila se considera una plaza comercial fuerte con una gran afluencia de inmigrantes extranjeros que han buscado una manera de reunirse ya sea en sociedades, asociaciones o instituciones, para mostrar las disímiles prácticas sociales que nutren las distintas culturas.

Este desarrollo integral posibilita la transformación paulatina del territorio avileño hasta alcanzar, con una nueva división político administrativa, la condición de provincia en el año 1976.

Por: Lic. Yoan Zamora/ MsC. Yusmaidi Marrero Núñez

 

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