"Bibliotecas del Mundo" Biblioteca Nacional de España

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“Bibliotecas del mundo” por Mariángeles Salas.

En 1711, el rey Felipe V, primer rey de la dinastía Borbón, aprobó el plan para crear una biblioteca que renovara la erudición histórica y difundiera las raíces de la nación y de la monarquía española. Se comenzó la construcción de la Real Biblioteca en el pasadizo que unía el Real Alcázar de Madrid con el convento de la Encarnación. Su primer catálogo estuvo formado por 6.000 libros que el nuevo rey trajo en su mayoría de Francia, así como mapas, manuscritos y obras de música.

Denominada Real Biblioteca Pública, se abrió al público el 1 de marzo de 1712, aunque no fue hasta 1716 cuando Felipe V firmó el Real Decreto Fundacional, que aclaraba el carácter público de la biblioteca y establecía las bases fundamentales de su funcionamiento.

Por un privilegio real, precedente del actual depósito legal, los impresores debían depositar un ejemplar de los libros impresos en España.

En 1761 el bibliotecario mayor pasa a ser el director de la Biblioteca Real, y los bibliotecarios son considerados criados de la Real Casa con los privilegios correspondientes. Además se establecen nuevas normas de funcionamiento interno en lo referente a libros de registro, índices temáticos de los fondos.

Se funda una imprenta real, a cargo del bibliotecario mayor, vinculando la labor editorial de la Biblioteca a los más destacados impresores, encuadernadores y grabadores de la época.

Durante el siglo XIX la Biblioteca cambió varias veces de sede: primero en 1809, cuando, durante el reinado de José Bonaparte, se trasladó al convento de los trinitarios calzados de la calle de Atocha. En 1819 volvió a cambiar, esta vez al palacio donde celebraba sus sesiones el Consejo del Almirantazgo Real, debido a las reclamaciones realizadas por los trinitarios calzados tras el regreso de Fernando VII. Y, en 1826, se trasladó a la antigua casa del marqués de Alcañices, en la actual calle de Arrieta, donde permaneció hasta finales del siglo.

En 1836, la Biblioteca dejó de ser propiedad de la corona y pasó a depender del Ministerio de la Gobernación, y recibió por primera vez el nombre de Biblioteca Nacional.

No sería hasta 1876 cuando la reina Isabel II colocara la primera piedra del Palacio de Archivos, Bibliotecas y Museos, situado en el paseo de Recoletos, junto a la plaza de Colón, siendo el proyecto de Francisco Jareño Alarcón. Por problemas económicos, las obras avanzaron con gran lentitud y con cambios en el proyecto inicial, hasta que en 1892 concluyeron y, en marzo de 1896, se abrió la Biblioteca Nacional al público en su nueva y actual sede.

Durante la guerra civil, se reunieron en la Biblioteca Nacional cerca de 500.000 volúmenes procedentes de la actividad de la Junta de Incautación, designada para salvar de su destrucción las obras de arte y libros conservados en centros religiosos, palacios o casas particulares.

Como cualquier entidad centenaria la BNE tiene estancias vedadas al gran público y llenas de controles de seguridad: el Depósito General, la Sala de Incunables, el Laboratorio y la Sala de Encuadernación.

Su Depósito General es un sombrío almacén en el que se guardan libros que abarcan más de cuatro siglos de conocimiento impreso. Hay tratados de astrología, memoriales, arcanos, estudios de metalurgia o traducciones de clásicos prohibidos durante años por el férreo dictamen de la Iglesia Católica.

En la Sala de Encuadernación todavía siguen trabajando a la antigua usanza, es decir, sólo unas pocas máquinas les facilitan la labor de tallado de las guardas, de los lomos. Pero los títulos de muchos de los libros deteriorados se siguen ornamentando manualmente con la técnica del hierro a presión, con la que se forman las letras doradas.

En la Sala de Incunables se encuentran los libros anteriores a 1501, es decir, al momento previo a la aparición de la imprenta de Gutenberg.

Dedicada a reunir, catalogar y conservar piezas bibliográficas producidas en territorio español ​la Biblioteca Nacional de España se ha consolidado, durante sus más de 300 años de historia, como uno de los pilares vertebradores de la riqueza cultural de nuestro país y un foco de proyección cultural universal. No es de extrañar, pues, que la Writer’s Academy de la editorial Penguin Random House la incluyera en 2017 en su ranking de las 25 mejores bibliotecas del mundo, junto otros templos del conocimiento como la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, la Biblioteca Nacional de Francia o la Biblioteca Británica.

Su papel como institución guardiana de tesoros bibliográficos españoles no le ha impedido, sin embargo, adaptarse a los nuevos tiempos. Su presencia en redes y la puesta a disposición de contenidos digitales han otorgado a la BNE una importante presencia en Internet. Su web ha recibido casi 7 millones de visitas durante el último año, y se han descargado unos 10 millones de documentos. En redes sociales tiene más de medio millón de seguidores, que reciben información no solo de su fondo documental, sino de su amplio programa de actividades culturales.

La digitalización de los fondos de la BNE iniciada en 2008 ha supuesto, de hecho, una profunda transformación en la forma en que la institución se relaciona con sus usuarios, permitiendo el acceso digital a más de 220.000 obras.

La Biblioteca Nacional de España también está presente en las principales plataformas internacionales de contenido digital: Europeana, en el ámbito europeo; la Biblioteca Digital Mundial impulsada por la UNESCO; y la Biblioteca Digital de Patrimonio Iberoamericano (BDPI)​.

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