Sobre alumnos con altas capacidades y padres que no lo son

La semana pasada escribí un artículo publicado en IDDocente titulado “Requiem por los maestros” que tuvo un impacto brutal, con unas 600.000 visitas en 72 horas. El artículo trataba, en líneas generales, del aumento de una burocracia excesiva en educación y de una tipología de padres. La inmensa mayoría de docentes y de padres llenaron las redes de mensajes en los que manifestaban sentirse identificados. Sin embargo, hubo un colectivo de padres en particular que se sintió ofendido por una frase. En el párrafo donde aparece la frase, hablaba precisamente de una tipología de padres. La frase en cuestión es la que aparece en negrita: 

 

.000 visitas en 72 horas. El artículo trataba, en líneas generales, del aumento de una burocracia excesiva en educación y de una tipología de padres. La inmensa mayoría de docentes y de padres llenaron las redes de mensajes en los que manifestaban sentirse identificados. Sin embargo, hubo un colectivo de padres en particular que se sintió ofendido por una frase. En el párrafo donde aparece la frase, hablaba precisamente de una tipología de padres. La frase en cuestión es la que aparece en negrita: 
“…que su hijo no va a hacer los deberes porque a él no le da la gana (o, literalmente, porque no le sale de sus santos cojones); que si su hijo se aburre en clase porque es de altas capacidades (ya se sabe que alumnos de altas capacidades hay pocos, pero padres de alumnos con altas capacidades, a millares); que su hijo no termina las actividades en casa porque no lo apunta en la agenda y eso es culpa del maestro que no lo comprueba (en una clase de 25 alumnos de 6º de Primaria, que si los niños pasan frío en la fila a la entrada del colegio; que si pasan mucho calor en el patio en verano; que si se mojan los pies cuando llueve; que si patatín; que si patatán”.

Como por fortuna tengo muchos padres (padres con mayúsculas) que me conocen por redes sociales y que comparten muchas de mis ideas, varios de ellos me comentaron que en grupos de asociaciones de niños con altas capacidades se me estaba “poniendo a parir” por esa frase. Y, como el ser humano es como es, ya aprovechaban para despotricar contra todo el artículo y contra mí, como si por una frase ya me conociesen de toda mi vida. El ser humano adulto a veces es más simple que el mecanismo de un chupachup. Por eso me encanta trabajar con niños. Son, sin duda, mucho más inteligentes.

Yo entiendo que cualquier colectivo que no vea atendida su problemática como se merece tiene derecho a la susceptibilidad, es lógico, pero desde luego no puedo aceptar ni la ignorancia, ni la mala fe, ni la manipulación, ni la demagogia, ni la estupidez. La frase, como se puede observar (excepto para aquellos cuya susceptibilidad les lleva a hacer interpretaciones sesgadas debido a su problemática) no habla de los niños con altas capacidades y sus problemas, sino de los padres que creen que su hijo, por aburrirse en clase, es de altas capacidades. Precisamente, con esta frase critico un tópico que se hizo muy común entre la sociedad por culpa de una mala interpretación que se fomentó desde los medios de comunicación, y era que los alumnos que se aburrían en clase era porque ya lo sabían todo y eso quería decir que eran de altas capacidades. Y eso no es correcto. No todos los alumnos que se aburren en clase son de altas capacidades ni todos los alumnos de altas capacidades se aburren en clase. Esto es semejante a aquella época en que los medios de comunicación no paran de hablar sobre el acoso escolar sin el más mínimo criterio: de repente, empezaron a acudir al centro algunos padres para denunciar acoso escolar ante cualquier mínimo incidente puntual en el patio. Pero si lo que quieren este colectivo es hablar de altas capacidades, sin despotricar, hablemos de altas capacidades. 

Con toda seguridad, las altas capacidades son las grandes abandonadas en nuestro país: lo he dicho en infinidad de intervenciones. Estos alumnos tienen unas necesidades educativas particulares, unas necesidades que muy pocas veces son atendidas, ya que casi todos los recursos personales y económicos van destinados a los alumnos con mayores dificultades por la zona de abajo, pero raras veces para los alumnos de la zona de arriba. De esta manera, muchas veces la administración cree que, por ser alumnos con altas capacidades, ya van solos, así que para qué dedicar recursos. Y no es así. El niño de altas capacidades tiene una capacidad intelectual superior, sin embargo, esto no garantiza un desarrollo social, afectivo y personal igual de avanzado. Muchas veces, todo lo contrario. Debido a ello, estos alumnos requieren por un lado un currículo adaptado y, por otro, una adecuada atención psicoemocional. 

A parte de esto, es cierto que en España ofrecemos cifras ridículas de detección de alumnado con altas capacidades con respecto al resto de Europa, en parte debido a que se utilizan pruebas obsoletas basadas exclusivamente en el CI. También es cierto que hay muchos alumnos de altas capacidades cuyas características hacen que se les diagnostique erróneamente como TDAH, Trastorno de Oposición Desafiantes y otro tipo de trastornos. Es cierto también que los padres de este tipo de alumnos muchas veces no encuentran respuestas ni ayudas en determinados centros educativos ni por parte de la administración, y que se sienten abandonados e incomprendidos. También es cierto que en España hay una deficiente formación del profesorado para la detección de alumnado con altas capacidades. También es cierto que, por lo general, los centros educativos cuentan con la figura de un orientador un día a la semana o dos a lo sumo, lo cual complica más todavía su detección y evaluación. Todo esto es cierto, y es triste, y es lamentable, y lo he denunciado en infinidad de ocasiones, como muchas cosas que pasan en España con la educación. Sin embargo, también es cierto que esto no es lo que abordaba en mi artículo. Si en lugar de poner esa frase hubiese puesto que hay padres que piensan que porque su hijo corre mucho ya es un bien futbolista (porque ya se sabe que en este país niños que sean buenos futbolistas hay pocos, pero padres de hijos futbolistas, a millares), posiblemente no hubiera pasado nada, porque todo el mundo hubiese entendido que no hablo de los niños ni del fútbol ni de si correr es importante o no para ser futbolista: todo el mundo sabría que hablo de un tipo de padres, sin que esto quiera decir que no haya padres cuyos hijos corren mucho y que son buenos futbolistas, pero no porque corran mucho, sino por otras miles de múltiples razones. 

Es evidente que cuando uno escribe, se expone públicamente a ser criticado, y lo entiendo. Siempre hay opiniones a favor y opiniones en contra. Sin embargo, en este país somos muy dados a faltar al respeto o a despotricar o a decir lo que opinamos antes de analizar e, incluso, antes de leer el texto completo. Y muchas veces, antes de informarnos o de formarnos. Hablamos porque ya tenemos nuestra opinión prediseñada, y con eso ya es suficiente para decir lo que nos de la gana, sin analizar, sin reflexionar, sin desligarnos de ese egocentrismo tan enfermizo que no nos deja avanzar. No creo que ese sea el mejor modo ni de construir un mundo mejor ni de ser modelo de aquellos que están educándose con nuestro ejemplo, que son nuestros hijos. 

UNETE



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