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Impresiones desde Irán. Día 3: El significado de apátrida


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02/11/2011


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Había quedado con mi cuñada para visitar varias tiendas de artesanía iraní, por lo cual me levanté pronto y me fui a desayunar en el restaurante del hotel. Durante el desayuno se me acercó el maître y me preguntó en inglés si ocupaba la habitación ??? Extrañado, le contesté, en farsi, que podía hablar conmigo en el idioma iraní y que no ocupaba tal habitación. El hombre se disculpó, me dijo que buscaba otra persona y se fue. El incidente me dejó perplejo. Como bien sabes, mis facciones son muy similares a la de mis paisanos, por lo que no entendía la confusión del maître.


Más tarde, tuve la ocasión de volver al mismo restaurante para comer y cuando me iba, pasé por caja para dejar firmado el recibo de la comida y me encontré con el mismo maître, que nada más verme, y lógicamente después del saludo protocolario, me preguntó, esta vez en farsi, de dónde venía. Le miré y enseguida le contesté: “de España”, y acto seguido le pregunté: “¿tan evidente es que vengo de fuera?” El cajero, que también escuchaba la conversación, se acercó y los dos, cajero y maître, contestaron, con una gran sonrisa, que sí, que era muy evidente que yo venía de fuera. Yo les rebatí la afirmación, poniendo de manifiesto que mi apariencia era iraní, hablaba farsi perfectamente sin ningún acento, no era rubio con ojos azules, ¿cómo demonios sabían que yo venía de fuera? Me contestó el cajero que lo notaba por mi forma de vestir, por mi forma de andar y en general por mi forma de estar. Para ellos era un hecho irrefutable: yo era un forastero. Me sentí como un extraño en mi propio país. Más tarde, cuando paseaba por las calles tuve la incómoda sensación de que todo el mundo me miraba. Creo que en ese momento logré entender el verdadero significado de la palabra “apátrida”, alguien sin patria.

Este tercer día visité varias tiendas de artesanía iraní, comprando suvenires para familiares y amigos, como cualquier turista, poniendo de prueba mis capacidades de regateo. Se me quitó, un poco, esa sensación de forastero cuando comprobé que estaba a la altura de cualquier iraní a la hora de regatear el precio de las cosas, e incluso recibí la enhorabuena de mí cuñada por mis habilidades.

A las cinco de la tarde me acerqué a la consulta de mi amigo el médico y media hora más tarde nos metimos en su coche él, un primo suyo y yo, camino hacia el norte, hacia las bellas orillas del Mar Caspio.

Ya había anochecido y para evitar el intenso tráfico de la ciudad, mi amigo decidió coger el camino de las montañas que bordean Teherán por su flanco o extremo norte. Me consta que de día es un camino precioso, aunque un tanto peligroso, ya que abundan las curvas de 180 grados y el asfalto deja un poco que desear. De noche, tan sólo conductores con pericia y que conozcan el camino se atreverían a circular por ahí. Pasamos por el camino de Darband, que luego se entronca con el camino de Chaloose, llegando a atravesar la cima de la montaña a una altura de 3.200 metros. Yo confiaba plenamente en las habilidades de mi amigo, que ya de joven era un conductor versado. Poco tardamos en ponerlas a prueba, cuando de repente nos encontramos con una curva inesperada y supo controlar su vehículo a la perfección y sortearla sin grandes dificultades.

Teníamos que cubrir una distancia de aproximadamente 250 kilómetros, que hicimos en poco más de seis horas, parando varias veces para cenar, tomar el té y descansar. Mi amigo llegó a la conclusión de que la próxima vez tomaría la autovía de Rasht, pues aunque tuviera que recorrer 200 kilómetros más y atravesar el denso tráfico de Teherán, llegaría antes. ¡Cómo se nota que nos estamos haciendo mayores!

_____________________________________________________________________

 

[Un amigo iraní afincado en España ha vuelto al país del que tuvo que exiliarse tras la revolución islámica. Asuntos familiares le devuelven a la tierra de los ayatolás y de Ahmadineyad, y desde allí me envía sus impresiones, que, con el disfrute de su permiso, reproduzco en este espacio a título personal y con cierto retardo para evitarle al protagonista cualquier tipo de complicación]



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