Poesía "Flor de la Vida" de Luis Ramírez



https://ellibrodurmiente.org/flor-de-la-vida-por-luis-ramirez/

 


Pétalos purpúreos sobre Unamundo,

Gajos celestes, flores silvestres,

Matices espurias, quimeras del mundo,

o del inframundo.

 

 

Tal como nubes, cirrus que suben,

Dichosos copos, que en azul se hunden,

Como estaciones que al fin sucumben,

Cual son los años que a la vista nublen.

 

 

Ved a los polluelos, hoy son ciruelos,

Ved a las montañas, que no se bañan,

Ved a la patria, que luce sana,

Ved a la tumba, que espera tu alma.

 

 

Joven yo fuí, y envejecí,

Más nunca vi, un pobre al fin,

Que nunca coma, que no reposa,

Porque los justos, verán la hora,

En que aparezca quien les redima,

En que surgiera, el Dios de dichas.

Así oí, del Rey de Sión.

 

 

Que bellas tardes, sin frío ni sol,

Yo las pasé zagaletón.

Por las veredas, de  Socopó,

Enamorado como hechizado,

De una morena, gorda y preciosa,

De ojos marrones,

Juntos cuál osos saltones.

 

 

Ahora ya voy, como un jornalero,

Sin prisa ni sueldo,

Esclavo del cielo,

Camino a muerte,

En vías de ser viejo,

Mientras suspiro,

al ver el renuevo.

 

 

Escarpando los surcados,

De colinas y encallados,

Apenas si diviso,

Un joven ilusionado,

Quizá sea yo, reencarnado,

Que viene de un antes,

por mí olvidado.

 

 

Solo escucho de lejos,

los ecos de mi infantil voz,

cuando mi madre,

vida me dió.

Se acerca muy deprisa,

Que loca maravilla,

mi rostro, mis manos, mi cuerpo engalanado,

Son los muchachos que Dios me ha dado,

Mientras yo parto a un valle sagrado.

Con mi Dios emprendo,

Un viaje alargado.

 

 

Una gota de lágrima inunda mi párpado,

mientras resumo un siglo en un cuadro mágico,

Me voy, me largo, a un mundo amado,

Un edén en mi tierra dejo sembrado.

 

 

Cerca la vida, cerca la muerte,

todo es un ciclo, destino ardiente,

de pasiones irreverentes,

y sueños incumplidos, acaecidos con fe ferviente.

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purpúreos sobre Unamundo,

Gajos celestes, flores silvestres,

Matices espurias, quimeras del mundo,

o del inframundo.

 

 

Tal como nubes, cirrus que suben,

Dichosos copos, que en azul se hunden,

Como estaciones que al fin sucumben,

Cual son los años que a la vista nublen.

 

 

Ved a los polluelos, hoy son ciruelos,

Ved a las montañas, que no se bañan,

Ved a la patria, que luce sana,

Ved a la tumba, que espera tu alma.

 

 

Joven yo fuí, y envejecí,

Más nunca vi, un pobre al fin,

Que nunca coma, que no reposa,

Porque los justos, verán la hora,

En que aparezca quien les redima,

En que surgiera, el Dios de dichas.

Así oí, del Rey de Sión.

 

 

Que bellas tardes, sin frío ni sol,

Yo las pasé zagaletón.

Por las veredas, de  Socopó,

Enamorado como hechizado,

De una morena, gorda y preciosa,

De ojos marrones,

Juntos cuál osos saltones.

 

 

Ahora ya voy, como un jornalero,

Sin prisa ni sueldo,

Esclavo del cielo,

Camino a muerte,

En vías de ser viejo,

Mientras suspiro,

al ver el renuevo.

 

 

Escarpando los surcados,

De colinas y encallados,

Apenas si diviso,

Un joven ilusionado,

Quizá sea yo, reencarnado,

Que viene de un antes,

por mí olvidado.

 

 

Solo escucho de lejos,

los ecos de mi infantil voz,

cuando mi madre,

vida me dió.

Se acerca muy deprisa,

Que loca maravilla,

mi rostro, mis manos, mi cuerpo engalanado,

Son los muchachos que Dios me ha dado,

Mientras yo parto a un valle sagrado.

Con mi Dios emprendo,

Un viaje alargado.

 

 

Una gota de lágrima inunda mi párpado,

mientras resumo un siglo en un cuadro mágico,

Me voy, me largo, a un mundo amado,

Un edén en mi tierra dejo sembrado.

 

 

Cerca la vida, cerca la muerte,

todo es un ciclo, destino ardiente,

de pasiones irreverentes,

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