Red de publicación y opinión profesional
Política · Economía · Sociedad · Cultura · Ciencia · Tecnología ·
Últimas etiquetas:   Poesía   ·   Pandemia   ·   Andrés Manuel López Obrador   ·   Salud   ·   Perú   ·   Periodismo   ·   Escritores   ·   Libros   ·   Literatura Latino Americana   ·   Lectores



0 seguidores

El Torturador


Inicio > Literatura
12/01/2021


116 Visitas



¿Qué es la oscuridad Jesús? ¿Acaso los tormentos del infierno o mi conciencia moribunda tras una carga de maldad atravesando cada minuto de mi maldita vida?


Mientras pensaba, el pánico me atravesaba de pies a cabeza. Una ráfaga de lluvia interrumpió mi sollozo.

Frente a mí, un monstruo. Su piel hendida por una sed sempiterna, su costado rasguñado por luchas sin número, su rostro felino demolió mis esperanzas de escapar de la asquerosa celda, su cabello desparramado por su cara se encendía en furor y un aliento fétido devoraba mi existencia.



Suenan las primeras descargas eléctricas, es un chirrido metálico que se acerca a mi piel y me sofoca. Una larga inconsciencia me da un sorbo de descanso. Soñaba entonces que iba descalzo hacia el cadalso, una nevada me escondía de mis verdugos, el miedo se hundía como un veneno en mi garganta y mi voz perdida apenas soplaba como un silbido.

Una voz ronca me devolvió a mis prisiones.

En alguna parte leí que los muertos resucitan, pero que podría consolarme el futuro frente a un presente pérfido.

Un chapuzón de agua congelada me devolvió a mi calvario, gritos de múltiples direcciones me aturdieron, reaccioné con un suspenso de muerte. No podía ser un hombre más miserable.

Ya lo era por haber nacido. ¿Qué tiene el hombre más que el animal? Nuestra conciencia es un pasivo frente a la naturaleza salvaje. Ellos son acreedores de nuestra felicidad, nos oprimen con sus cantos matutinos las aves, nos humillan los pavos reales con sus espléndidos colores primaverales, nos escupen en la cara los leopardos con su rapidez olímpica, nos derrumban hasta el polvo las tortugas con su larga vida. ¿Qué somos nosotros más que seres infelices? Todo se lo debemos a alguien. Ellos no despiertan a la creación y con ello, no descubren la muerte. Nosotros en cambio, vivimos muriendo. Cada mañana nos levantamos con esas preguntas que nos vacían por completo.

Una navaja rebanaba mi carne.

Miradas mordaces de mis torturadores me causaban más dolor que sus continuos bofetones. Un esputo escurrió por mi frente. Uno de quienes me custodiaban rasgó mis vestiduras y tiritando de frío quedé desnudo mientras su mano recorría zonas vírgenes de mi cuerpo. Mi dignidad se escurría como un río caudaloso y mi ignominia no encontraba límites. Sinceramente prefería la muerte en aquel momento, todo menos la vergüenza de la violacion y los alaridos de las cuchilladas que destrozaban mis desgraciados nervios.

Me preguntan la razón por la que conspire contra el orden establecido. Me preguntan el pago que me prometieron. Me preguntan cuando comencé a maquinar la caída de su dios. De su semidiós, mitad hombre, mitad burro.

Yo les digo que no sé nada. Que soy inocente de cuanto me acusan pero entonces mi inocencia les repugna. Seré culpable para ellos aunque les presente la Verdad. Fabricarán un culpable con sus Leyes estrafalarias y egoístas. Lo crearan pasando a un inocente por la rueda, por la hoguera, por la cruz. Destilarán mi pureza de corazón por un bate que rebotara contra mi cráneo y sacaran un líquido podrido que expresara mi culpabilidad. El derecho liberal se someterá a los juicios de Dios, me hundirán en agua hervida y sancocharán mi personalidad, beberé aguas amargas y seré un adúltero, un criminal más.

Firmo una carta que no leo. Acepto los términos y condiciones de su Contrato Social y luego, estampado en cada pulgada cuadrada de mi piel de marcas horripilantes, me encuentro de nuevo en la calle "La Libertad" y me redescubro, soy otra persona, un prisionero de conciencia parado justamente, por obra del sarcástico destino en una calle que recuerda lo poco libre que soy y lo poco libre que siempre fui y que somos todos. Soy solo una larva sometida a quienes dicen ser mis semejantes. Torturado pero no importa, humillado y ofendido pero a nadie le concierne esto, lo que sí les concierne y lo que tanto quieren de mí, eso sí soy, un criminal. Sólo así se acuerdan de mí. Si fuera un científico sería olvidado después de tres o cuatro generaciones. Si fuera un escritor sería criticado por un reducido círculo de sabelotodos, para después ser sepultado como uno más del montón. Pero no soy nada de esto, soy lo que ellos quisieron hacer de mí, lo que la estructura represiva de aquella celda y aquel demonio infame quiso hacer de mí, eso soy para ellos: un criminal.

Pero no importa, quizá de aquí a tres o cuatro siglos, deje de serlo, allí si me honrarán y dirán que yo fui un precursor de tal o cual movimiento político. Pero que importa, para entonces, otros sufrirán la misma suerte que yo, padecerán injustamente y serán tan criminales como yo y nadie los honrará en su tiempo por levantarse contra las estructuras "sagradas" contra las que me levanté.



Etiquetas:   Literatura   ·   Relato Breve   ·   Derechos Humanos   ·   Crimen   ·   Derecho Penal

Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar
PDF

0 comentarios  Deja tu comentario




Los más leídos de los últimos 5 días

Comienza
a leer


Un espacio que invita a la actualidad e información
 

Publica tus artículos


Queremos ser tus consejeros y tu casa editorial

Una comunidad de expertos


Rodéate de los mejores y comienza a influir
 

Ayudamos a tu negocio


El lugar y el momento adecuado donde debes estar
Secciones
21902 publicaciones
5259 usuarios
Columnas destacadas
Los más leídos
Mapa web
Categorías
Política
Economía
Sociedad
Cultura
Ciencia
Tecnología
Conócenos
Quiénes somos
Cómo publicar en Reeditor
Contacto
Síguenos


reeditor.com © 2014  ·  Todos los derechos reservados  ·  Términos y condiciones  ·  Políticas de privacidad  ·  Diseño web sitelicon.com  ·  Únete ahora