. Lo que
ocurre en nuestro país se puede enmarcar en el contexto global del asedio y
estrangulamiento que sufren las democracias en el mundo y, por supuesto, en
Latinoamérica; solo que en nuestro caso, ese desmantelamiento se impulsa
utilizando a la propia institucionalidad pública. Sin embargo, la batalla
política que se libra sigue en desarrollo y no ha concluido; pues existe una
mayoría social que a pesar de su escasa organización política, aún se resiste al
totalitarismo.
La dinámica política
nacional sigue bajo la presión del grupo oficialista que insiste en “apretar
las tuercas” al resto de la sociedad, para imponer su modelo de organización
social. Para ello, cuenta con una infraestructura estatal -que si bien no
responde a los cánones y condiciones de legitimidad democrática-, sirve para
alcanzar sus propósitos políticos cubriendo ciertas formalidades ante la
opinión pública nacional y ante la comunidad internacional. Está todo bien
pensado.
En este contexto, la
alianza con el componente militar es vital; tanto para su mantenimiento como
para la muy relativa gobernabilidad que aún preserva la revolución de Maduro. El
control absoluto del Poder Público ha facilitado la creación de redes
clientelares con factores privados (legales e ilegales) que se manejan bajo la
absoluta discrecionalidad. Un producto social directo de esas redes
clientelares lo constituyen los llamados “enchufados”. Los enchufados es el
término popular para referirse a aquellos grupos que obtienen beneficios y
prebendas de su relación con la administración pública y, que exhiben sin decoro los beneficios de su apoyo
sumiso a la revolución, sin ningún reparo ético.
Al margen del sector de los
enchufados se encuentra una muy amplia mayoría de venezolanos bajo la
indefensión y la precariedad económico-social directamente originada por la
revolución del PSUV. El desempleo y subempleo, la hiperinflación, la
devaluación, la inseguridad jurídica y personal (hay zonas dominadas por la
delincuencia organizada); así como la incertidumbre en medio de una pandemia de
cuyo tratamiento se sabe poco y el deterioro generalizado de los servicios
públicos básicos constituyen la dinámica diaria de la población del país y,
también el incentivo para que otros casi 6 millones de venezolanos hayan decido
emigrar del país buscando una mejor calidad de vida.
En el plano político la
persecución de la disidencia ha comenzado este año 2021, sin desmayo ni reparo.
Así, lo demuestran las visitas oficiales a medios de comunicación independientes
a los cuales se les ha sustraído sus equipos de trabajo. Hay además amenazas de encarcelamiento a los diputados de
la legítima Asamblea Nacional y denuncias de persecución de activistas y
defensores de los derechos humanos, lo cual ha encendido las alarmas de las
organizaciones de desarrollo social y de los movimientos sociales autónomos.
En realidad, la oposición
democrática se encuentra dividida y dispersa; quizás influya en ello la severa
precariedad social que vive la mayoría de la población, hecho que debilita y
aleja sus posibilidades de organización. Al liderazgo democrático se le formulan
críticas constantes; tanto por lo que hace o por lo que se deja de hacer. Al
parecer, hay una campaña contra Juan Guaidó; así como la hubo en su momento contra
Henrique Capriles, Leopoldo López, María Corina Machado o cualquier otro
dirigente opositor que destaque. Aunque sea pintoresco hay una oposición, tan
opositora (y por ende, negacionista) que termina justificando las acciones de
Maduro y descalificando cualquier iniciativa democrática.
Los sectores democráticos
requieren una estrategia política con mayor eficacia política; y esa estrategia
pasa por la unidad de todos los factores. Necesitan también mejorar su
narrativa y elaborar un discurso convincente. Cabe recordar que, la fuerza de
los sectores democráticos descansa en la esperanza de cambio y de mejoramiento
de las condiciones de vida de la población y, esa esperanza requiere un buen
discurso. De paso, ¿será posible, traducir o convertir al Plan País, en una
narrativa o discurso político atractivo y coherente?
Es muy importante destacar
que la oposición necesita optimar su aspecto organizativo. A los demócratas
venezolanos les toca asimilar que la organización interna y el trabajo en
equipo son eventos cruciales e indispensables para afrontar con éxito la
batalla política que libran. Los partidos políticos deben recuperar su organicidad
y no solo en el ámbito nacional; sino también a niveles regionales, locales y
micro-locales. Un detalle vital es elevar la formación de su dirigencia y su
militancia. Se trata de ampliar su visión y capacidad de análisis del país que
pretenden liderar. El trazado del futuro del país también pasa por comprender
su historia (política, económica y social) ¿Qué tal entonces, si se comienza al
menos, por una lectura de Rómulo Betancourt y de German Carrera Damas?
Me permitiré hacer tres
comentarios sobre las organizaciones de desarrollo social (¿o la sociedad
civil?) porque hay una creciente presunción de acentuar la acción de las ODS en
el tema político. Esa presunción puede ser positiva, siempre y cuando, no se
pierda la noción de sus objetivos reales. Además resulta poco serio leer a
dirigentes sociales pontificando sobre la autenticidad de unas organizaciones
sociales sobre otras. Las tres observaciones son las siguientes: i) las ODS son
intermediaciones entre el Estado y la ciudadanía, son canales de participación,
ii) las ODS también son un tipo de organización política (ciudadanas) de la
sociedad; pero eso no significa que sean partidos políticos. Es decir, las ODS no
buscan la administración del poder público aunque sí tratan de influir en él y,
iii) en las ODS es natural que cohabiten distintas posiciones políticas; por
ende, hay una pluralidad de intereses que no son los intereses de sus
directivos.
En el anterior contexto resulta
relevante también destacar un conjunto de iniciativas ciudadanas (incluso
eclesiásticas) que vienen trabajando -por separado-, temas referidos a la
redemocratización del país, a la formulación de un Estado Ciudadano o el
relacionado con la creación de instancias de participación federal alternativas.
Ojalá, se comprenda en el seno de esos valiosos grupos de activistas e
intelectuales ciudadanos la fortaleza que brinda el estudio y el trabajo
unitario. Hay que establecer nexos con los grupos vecinales y comunitarios; así
como con las organizaciones sociales.
Por último, el apoyo
internacional seguirá siendo extremadamente importante para el avance las
luchas democráticas en Venezuela. Una buena noticia es que en la comunidad
internacional, el liderazgo y reconocimiento de Juan Guaidó sigue siendo firme.
¿Cómo imaginar cualquier proceso de encuentro y de diálogo internacional sin la
participación del joven Guaidó y del mayoritario sector democrático que lidera?
La era Trump pasó y llega ahora la gestión Biden. La Unión Europea (UE) y otras
organizaciones regionales mantienen el apoyo al liderazgo democrático
venezolano. En tal sentido, abrir una disputa interna para cuestionar el
liderato unitario sería una tontería.
@migonzalezm