. Piensan que tras la Conferencia de San Sebastián -- mal
llamada de “paz” porque no hay conflicto armado -- se esconde la clave de numerosas concesiones a
los presos vascos. Hasta los propios familiares están convencidos que va a
haber un cambio de la política penitenciaria tras los favores que el Gobierno
socialista ha hecho a la banda; unos favores que van desde el soplo del ‘Faisán’
a la concesión del tercer grado a algunos asesinos de la banda etarra.
De cuanto plasmamos, saben mucho las víctimas
del terrorismo. Por eso se temen lo peor. De poco sirven las palabras de
algunos políticos respecto a que “ha sido un triunfo de la democracia” y
tonterías semejantes. La banda plantea abandonar las armas por los problemas
internos existentes en la organización armada; unos problemas que van desde la
aparición de dos facciones contrapuestas hasta el problema que tiene ‘Etxerat’
con los presos, recordemos que un preso en la cárcel es un chollo económico
para la familia.
Otra de las cuestiones que parecen tener
clara los presos es que el Gobierno que salga del 20N va a llevar a cabo una
política de acercamiento de presos al País Vasco. Mal empezaría el nuevo
Gobierno si diera ese paso porque -- no
más lejos del día siguiente -- tendría en la calle a las víctimas, a sus
familiares y a la ciudadanía que ha soportado la represión y amenaza de la
banda asesina vasca, un buen anticipo ha sido la manifestación reciente.
Sorprende que los presos den por hecho algo
que, si gana la derecha, van a comprobar que no es así, aunque el brazo
político abertzale obtenga representación en el Parlamento
español. Los propios presos “…tienen
claro que esto está hecho, que ellos forman parte del paquete que hay que
negociar ahora para ver el final de ETA”, dicen desde fuentes penitenciarias.
Eso es lo que ETA quiere incluir en la negociación con el nuevo Ejecutivo pero
le va a salir rana. Acabarán volviendo a las andadas porque la Justicia debe
ser implacable; bien es verdad que la actuación de esa parcela estos años ha
sido penosa, incluidas muchas de las actuaciones del Fiscal General. ETA es
como los animales criados salvajes: difícilmente se adaptan a la vida
doméstica. ETA es lo que es, cargada de engaños y pretenciosas ambiciones
ajenas al ámbito político.
Hay tres cuestiones en las que el nuevo
Gobierno debe incidir como claves propias de la rendición: primera: un Gobierno
no negocia con terroristas, por lo que los gobiernos francés y español no deben
ceder ante las peticiones de dispersión. Segundo: bajo ningún concepto se debe
derogar la doctrina Parot. Tercero: hay que tener un control riguroso de las
Juntas de Tratamiento para evitar injusticias con los presos, como es la
concesión de múltiples beneficios penitenciarios.
El Gobierno que salga de las urnas no debe
pagar ningún precio a ETA. Bastante ha pagado el Gobierno socialista con
revitalizar, ‘amamantar’ y claudicar ante la banda; esa es la deuda que tienen Zapatero
y sus cómplices mientras vivan. Una deuda que no se descarta que se amplíe y
complete una vez clarificados los sucesos del 11-M aún por conocer. No hay duda
que ETA estaba detrás, como no hay duda que alguien más apoyó la masacre y que
al Tribunal le llegó falseado buena parte del proceso. Es muy fácil conocer
toda la trama si el nuevo Gobierno no desea mentir a la ciudadanía, como lo
hicieron Rubalcaba y sus afines; un importante adelanto lo podemos comprobar en
“La afilada navaja de Ockham II. Usar el sentido común ante la evidencia
criminal”, de Ignacio F. Candela.