El Padre

Por Ignacio Eufemio Caballero Álvarez.


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He visto en el cine ‘‘El Padre’’ o ‘‘The Father’’ en inglés. Antes de hacer una reseña de la película, déjenme contarles una historia. Porque es importante para entender el gran significado que tiene esta obra para mí.

En el verano de 2019, fui con unos amigos, Miguel y Alejandro, y mi hermano Jaime a una feria de libros que se celebra cada año llamada Celsius 232 en Avilés, España. Allí, entre muchos libros, conferencias, escritores y escritoras de todas las nacionalidades que conocimos a diario, di a parar con un libro de fantasía que se llamaba: ‘‘El Último de los Thaurim’’.  Me interesé por el libro porque el chico del puesto, que se llamaba José, me dijo:

-          Si te gusta J. R. R. Tolkien, llévate este. Te gustará. Por cierto, trata un tema muy interesante y mañana viene la autora. Pásate y podrás conocerla.

Entonces le dije al dependiente:

-          Guárdame uno para mañana y así me lo llevo firmado.

No había leído nada, ni siquiera la contraportada de aquel libro. Solamente vi la caratula y el título y, por supuesto, el nombre de la autora. El dependiente me atrapó con solo mencionar al profesor de Oxford. Al día siguiente, fui con muchas ganas de conocer a la autora y que me firmara aquella obra misteriosa que me había dejado intrigado el día anterior. Allí, estuve con Cristina García Trufero, la autora, hablando un buen rato sobre el libro. Recuerdo que todo lo que me contó fue maravilloso. Me dijo que su novela formaba parte del proyecto VALIDAS, una iniciativa de varios autores en el que los protagonistas de sus historias sufren incapacidades. En el caso de Cristina, su personaje sufría Alzheimer y que en la novela la enfermedad estaba representada mediante el ‘‘Humo’’. Todo me llamó la atención, me regaló un mapa del mundo que había creado y comprendí que ella también había crecido con J. R. R. Tolkien y su mundo de fantasía. Recuerdo que le di las gracias y que deseaba leer pronto su libro. Me firmó la novela y nos despedimos.

Desde entonces, no he vuelto a ver a Cristina. Pero sí le escribí al Instagram para darle las gracias por haber escrito una de las mayores obras que he leído nunca.  No solo por su calidad literaria y por el mundo fantástico que había creado, sino porque había tratado una enfermedad real, el Alzheimer, de la manera más sutil y verdadera. Esta novela me había acercado a entender esta enfermedad y a darme cuenta de que cualquiera la puede sufrir. Desde entonces, siempre que leo sobre esta enfermedad o veo alguna película relacionada, recuerdo aquel encuentro con Cristina y la posterior lectura de su novela que me hizo comprender el sufrimiento de aquellos que han olvidado todo lo que una vez fue recuerdo.

Dicho esto, procedo con la reseña de ‘‘El Padre’’.

Florian Zeller, el director de la película, ha reflejado a la perfección el Alzheimer y permítanme decir que ha sido gracias a cuatro elementos importantísimos:

En primer lugar, está el guion, que es la que inicia la obra en sí y sustenta una de sus patas. Esta vez la enfermedad nos es contada desde el punto de vista del que la sufre. Algo innovador y difícil de llevar a cabo, pero que ha hecho que todo cobre sentido con una fuerza narrativa abrumadora, frente a otras películas que han tratado la misma enfermedad. El guion de Florian Zeller y Christopher Hampton no tiene errores. No los he encontrado. Es increíble, como todo lo que aparece en el relato, que tiene como base el Alzheimer, está sustentado en unos cimientos tan sólidos que hacen de esta enfermedad tan compleja algo tan sencillo para el espectador, desde el punto de vista narrativo.

En segundo lugar, está Anthony Hopkins, que es el que da papel a esta persona afectada por la enfermedad. Para mí, es su mejor interpretación hasta la fecha, superando, incluso, al despiadado Hannibal Lecter de ‘‘El Silencio de los Corderos’’. Su actuación es digna de admiración y le consagra como unos de los mejores actores de la historia del cine. Su sensibilidad traspasa la pantalla de una manera descomunal. He sentido el miedo, la alegría, la impotencia y el olvido.

En tercer lugar, está el montaje, que es la pieza que hace de esta película una obra maestra en esta disciplina. No conocía a Yorgos Lamprinos, el montador, pero, sin duda alguna, va directo a ser reconocido por el montaje de esta película. Construye cada secuencia en función de la demencia del protagonista, luego alterando los tempos, más tarde las circunstancias del relato y, finalmente, las maneras de ver la enfermedad a través de otros personajes. Todo el montaje es una obra maestra que da sentido y orden a la obra de Florian Zeller.

Y, en último lugar, está la dirección. Florian Zeller ha dirigido obras de teatro, pero jamás una película hasta el 2020. ‘‘El Padre’’, su obra prima, es una delicadeza de dirección. Y, analizando detenidamente el largometraje, me doy cuenta de que muchos directores quieren mostrar una sola perspectiva, un género. ¡Cómo si fuera lo único que se pudiera hacer! Florian Zeller hace todo lo contrario, es imaginativo, es innovador y mantiene los estándares de los directores clásicos, es decir, no todo lo que es drama debe de hacer llorar, también, se puede hacer reír, y viceversa. Las películas deben de parecerse a la vida, y no siempre hay tristeza en la vida, también, hay alegría, hay suspense, miedo, amor, odio… Todo esto está perfectamente dirigido y llevado a la pantalla por este director revelación. ‘‘El padre’’ no inicia con un acto dramático o cómico. ‘‘El Padre’’ no discurre con giros del relato tristes o alegres. Y, ‘‘El padre’’, no concluye desgarrando el alma o con un final feliz. ‘‘El padre’’ inicia, discurre y concluye como la vida misma. Hay que afrontar que así es la vida: justa e injusta, triste y feliz al mismo tiempo.

Hay árboles en los que florecen hojas y otros que se secan. Esta película, tal vez, sea una metáfora de que la vida puede llegar a ser un instante suspendido en el tiempo. Un recuerdo que puede ser olvidado. Y que puede haber un final a todo lo que una vez fue construido.

Gracias a Cristina García Trufero por haberme acercado a empatizar con esta enfermedad en aquel verano de 2019 al comprar tu libro. Hoy, más que nunca, agradezco haber leído tu novela, sin ella no hubiese entendido esta película.  

Y gracias a Florain Zeller por hacer visible el sufrimiento de aquellos que padecen el Alzheimer, y a los que conviven con ellos. Gracias, por traer al cine esta obra llena de vida.

UNETE
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