Red de publicación y opinión profesional
Política · Economía · Sociedad · Cultura · Ciencia · Tecnología ·
Últimas etiquetas:   Poesía   ·   Periodismo   ·   Escritores   ·   Reseña   ·   Lectores   ·   Lectura   ·   Cultura   ·   Andrés Manuel López Obrador   ·   Libros   ·   Bitcoin



Sobre ocupaciones, innovación social y emprendimiento


Inicio > Empresas
30/10/2011

1369 Visitas



Una práctica reciente de algunos activistas del 15M consiste en la ocupación de inmuebles vacíos. Ha ocurrido en Madrid, en Sevilla, Barcelona y en otros sitios.


Estas ocupaciones llaman la atención sobre tres realidades:

a) existe capital en desuso que podría utilizarse para satisfacer necesidades sociales;

b) existe una parte de la sociedad con ganas de trabajar con ese capital, con un criterio de beneficio colectivo, no principalmente económico ni privado; y

c) la manera de hacerlo es accediendo directamente a esos bienes, sin la mediación de sus propietarios.

Habrá quien vea en estas ocupaciones una típica conducta antisistema. Otros verán en ellas un nicho de potenciales votantes.

Sin embargo, estas ocupaciones son la versión actual de un tipo de práctica con mucho recorrido que ha jugado papel importante en la historia de las sociedades europeas y del surgimiento del Estado del Bienestar: ocupaciones de tierras por parte de campesinos, de fábricas por obreros, expropiaciones y nacionalizaciones forzosas de empresas por los gobiernos (no siempre de izquierdas)…

Si echamos la vista atrás veremos que el cuestionamiento del derecho a la propiedad del capital infrautilizado fue una práctica que llevó a cabo con decisión (y no poca violencia) la burguesía liberal en el siglo XIX, en aquella época contra los intereses de la aristocracia y de la Iglesia.

Los métodos podrían ser más o menos legales, negociados o expeditivos, pero se ponían en práctica con la intención de superar un modo de producción heredado de la Edad Media que ya no daba respuesta a las necesidades de la burguesía como nueva clase emergente.

La destrucción de capital forma parte del capitalismo, tanto como su producción. Así lo describió con acierto Marx y, posteriormente, Schumpeter, uno de los padres de la “innovación empresarial”, cuando se refirió a esta característica en términos de “destrucción creativa”.

Sin duda es una dinámica capaz de revolucionar las sociedades humanas y de provocar un enorme desarrollo científico-técnico, pero con un coste desmesurado que se carga sobre los ecosistemas naturales, la cohesión de la sociedad y los seres humanos individual y colectivamente considerados.

Hay suficiente experiencia y teoría como para saber que sin controles morales, legales e institucionales la “mano invisible” del mercado se lo lleva todo por delante. No sólo porque destruye cada vez más rápidamente los objetos que fabrica, sino porque en su ciego impulso a convertirlo todo en mercancía hace lo propio con las fuentes de energía no renovables, la biodiversidad y las personas (cuya obsolescencia en el mercado laboral cada vez es más rápida, lo cual entra en contradicción con el aumento de su esperanza de vida, sobre todo si su capacidad de consumo se reduce a causa de la crisis).

Una interpretación socialmente más productiva del movimiento 15M es la que ve en él una energía social creadora, innovadora en sus formas de organización y de trabajo, que busca ser útil y productiva para la satisfacción de necesidades sociales, especialmente de los sectores de la población más vulnerables, sustentándose en valores igualitarios, democráticos, no discriminatorios y ecológicos.

¿Acaso todo esto no se apunta ya en las actuales corrientes empresariales y de management que promueven la Gestión con Valores, la Responsabilidad Social Corporativa y la Innovación Social?

El camino a mi juicio más interesante es buscar, de forma dialogal y negociada, una forma de integración del movimiento 15M que NO pretenda neutralizar su potencial crítico y conflictivo, ni por su reducción a un problema de orden público, ni por su reducción a un problema de encauzamiento político-electoral.

Algo que lo facilitaría sería una actitud política e institucional receptiva a los proyectos económicos, sociales y culturales que quieran impulsar sus miembros; de tal forma que sus experiencias puedan ser consideradas como parte de una política general que apoye los laboratorios sociales donde se pongan a prueba y se genere conocimiento sobre nuevas formas de vinculación social y de dar respuestas a las necesidades de la gente.

En el movimiento 15M y en toda la sociedad hay muchas personas enfadadas con un sistema político y económico contradictorio, que genera riqueza con el concurso de muchas manos y al mismo tiempo la concentra en cada vez más pocas . Y habrá más descontento si no se pone remedio.

Muchas de esas personas sin embargo están bien formadas, tienen talento, son creativas e innovadoras. Facilitar el desarrollo de sus inquietudes y proyectos puede ser una buena manera de hacer socialmente productiva su indignación.

¿Cómo se puede empezar a hacer esto? Supongo que con distintos estímulos, de los cuales quiero destacar aquí la posibilidad de poner a disposición de los emprendedores en general, sobre todo si son jóvenes, recursos de diverso tipo, entre ellos aquellos que pueden estar en proceso de obsolescencia y deterioro por falta de uso (inmuebles, tecnología, mobiliario, personas que acumulan experiencia y conocimiento…).

¿Quien debería facilitarlo? Las instituciones políticas y las administraciones públicas, sin duda; pero no sólo, porque también pueden contribuir a ello significativamente las empresas, las ONGs y la ciudadanía en su conjunto.

No somos, aún, una sociedad pobre en recursos; aunque, si no ponemos freno a la destrucción de capital de todo tipo que estamos viviendo, tiene pinta de que cada vez puede ser más desigual y que una parte importante de la población puede sufrir -ya está ocurriendo- un proceso de grave pauperización que no es buena para la inmensa mayoría de la gente, tampoco para los políticos y las instituciones democráticas, ni para los empresarios y sus negocios.

Hay mucho capital infrautilizado distribuido en la sociedad, en manos de agentes públicos y privados muy diversos a los que les gustaría encontrarles utilidad sin que el dinero sea necesariamente el principal obstáculo a superar. Ese capital habría que volverlo productivo en manos de los emprendedores sociales y empresariales.

Los ayuntamientos podrían ejercer un importante papel como parte de una amplia red de agentes mediadores (de la que pueden formar parte otras entidades: sindicatos, asociaciones empresariales, ONGs, etc.), elaborando mapas de recursos, conectándolos y facilitando que puedan llegar a manos de los emprendedores. Las reformas legislativas y las políticas de incentivos económicos deberían ayudar a que esto pueda hacerse realidad más fácilmente.

Este enfoque me parece más inteligente respecto al 15M u otros movimientos ciudadanos redistributivos, que su simple represión o captación electoralista. Al fin y al cabo es la expresión de una energía social creadora que busca como expresarse productivamente para dar respuesta a los graves problemas globales de sostenibilidad social y medioambiental que hasta ahora ha generado el capitalismo, tanto en su fase keynesiana como neoliberal.

En mi opinión, se necesita una nueva política mediadora entre la iniciativa ciudadana y los recursos necesarios para satisfacer necesidades sociales, unos en manos del Estado y otros en manos de entidades privadas; una nueva política mediadora que no sólo se ocupe de redistribuir la riqueza sino también de recuperarla y hacerla converger en favor del emprendimiento, la experimentación y la innovación socialmente responsables, no sólo a nivel empresarial, sino también asociativo, político y cultural.

Esta política podría ser punto de partida y lugar de encuentro entre este tipo de movimientos, las administraciones públicas, los partidos, los sindicatos, las ONGs y asociaciones de diverso tipo, las empresas, los medios de comunicación y la ciudadanía en general. No tiene por qué inhibir la protesta ni la reivindicación legítima, ni exime a nadie de sus responsabilidades, pero pone a todos en clave de aportar algo que los demás necesitan y de compartir sus recursos de forma dialogal y negociada, con reciprocidad y beneficios mutuos.

No es un camino perfecto, libre de contradicciones ni exento de dificultades; y sus resultados tampoco creo que puedan ser inmediatos ni espectaculares, pero ¿acaso hay mejor alternativa para intentar transformar las debilidades en fortalezas y las amenazas en oportunidades, de modo que podamos construir una salida a la crisis justa, sostenible y democrática?

(+ información en www.javiermalagon.com)







Etiquetas:   15 M   ·   Movimientos Sociales

Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar
PDF

0 comentarios  Deja tu comentario




Comienza
a leer


Un espacio que invita a la actualidad e información
 

Publica tus artículos


Queremos ser tus consejeros y tu casa editorial

Una comunidad de expertos


Rodéate de los mejores y comienza a influir
 

Ayudamos a tu negocio


El lugar y el momento adecuado donde debes estar
Secciones
22175 publicaciones
5292 usuarios
Columnas destacadas
Los más leídos
Mapa web
Categorías
Política
Economía
Sociedad
Cultura
Ciencia
Tecnología
Conócenos
Quiénes somos
Cómo publicar en Reeditor
Contacto
Síguenos


reeditor.com © 2014  ·  Todos los derechos reservados  ·  Términos y condiciones  ·  Políticas de privacidad  ·  Diseño web sitelicon.com  ·  Únete ahora