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El rol de los militantes en las organizaciones politicas de Venezuela


Inicio > Psicología
17/12/2020

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“Nos han dominado más por la ignorancia


que por la fuerza”.

Simón Bolívar.





“Para que el Partido viva y esté en contacto con las masas,

es menester que todo miembro del Partido

sea un elemento político activo,

sea un dirigente”.

Antonio Gramsci.





La moral y la virtud son dos baluartes fundamentales en la edificación y el proceso de una organización política, asimismo como la eficacia, la calidad y los grandes sentimientos de amor que mueven a una militancia a actuar en consonancia con una idea, con un objetivo. Éste opúsculo escrito no va a ir en detrimento de cualquier partido político, ni va a inmiscuirse en los procesos internos que realiza cada organización política en la escogencia y selección de sus candidatos, porque ésta es una cuestión que no nos corresponde tratar aquí y así nos limitaremos a bosquejar solo los rasgos principales de la militancia y su desenvolvimiento dentro de las organizaciones políticas. Se trata de brindarle herramientas a los militantes, para que tengan la capacidad ideológica imperiosa de contrarrestar los embates del imperio norteamericano, así como las arremetidas de partidos políticos, e incluso, hasta de los cuales formamos parte. Son cinco ejes primordiales como mencione ut supra que van a fortalecer y a despertar la conciencia aletargada y política del militante.

Revolución política, revolución social, revolución económica,

revolución moral, primero que nada; porque la moral es la fuerza

que mueve a los pueblos (…) me estoy refiriendo a la revolución

moral, espiritual, que tiene que recorrer las venas abiertas de

América Latina.

Hugo Chávez Frías.

Universidad de Pernambuco

Recife, Brasil

2 de septiembre de 2000.





MORAL REVOLUCIONARIA.

Me es muy pertinente comenzar con la inmortal frase célebre que dijo Simón Bolívar en el Congreso de Angostura en 1819: «Moral y Luces son los polos de una República, Moral y Luces son nuestras primeras necesidades»

La Moral es la pieza primordial de la igualdad y la justicia. La moral es la columna vertebral de cualquier sociedad y por supuesto de cualquier gobierno, pero las acciones humanas inclinadas hacia el mal han sido un dilatado devenir que ha aquejado a la sociedad en su conjunto. Y la sociedad crece con un concepto tergiversado de la moral.

Cuando Simón Bolívar hablaba de Luces, no se refiere a la luz que procede de un líder o de los poderes públicos, sino de la luz que poseemos cada uno de nosotros para fragmentar las barricadas de la oscuridad propia y favorecer la claridad social. La luz es un llamado a la participación de todos en la búsqueda incansable de la verdad, de la transparencia, de la justicia, del bien soberano, de la sublevación a lo deshonesto y corrompido. Si buscamos la verdad y la transparencia mantendremos la moral de toda la vida.

Y otros pensadores como Aristóteles establecen que «la moral forma parte de la política». Ante todo, debemos preguntarnos ¿qué es la política? ¿cómo la moral forma parte de ella? y ¿cómo se relaciona con ella? ¿Cómo nace la moral en el ser humano? y ¿Cómo se adquiere?

Para estudiar la moral es preciso saber cómo se adquiere y sobretodo saber de dónde procede y como puede producirse.

Según el diccionario de La Real Academia Española define a la moral «como un conjunto de acciones de las personas desde el punto de vista de su obrar, en relación con el bien o con el mal y en función de su vida individual y sobre todo colectiva». Veamos.  

La moral es un conjunto de normas, costumbres y valoraciones que forman parte integrante de la tradición histórica y cultural de una sociedad. Sirve para distinguir el bien y el mal, es decir, las buenas acciones de las malas acciones. A menudo se maneja como sinónimo de la ética, aunque dependiendo del punto de vista no sean exactamente lo mismo.

La existencia de la moral es un rasgo único de las sociedades humanas, dado que el libre albedrío y la conciencia nos hacen susceptibles de juzgar el modo en que vivimos, y de distinguir entre las que contribuyen a la estabilidad y la armonía social de las que no. Es decir, que permite el surgimiento y la existencia de valores.

Sin embargo, mucho se ha debatido a lo largo de la historia respecto a qué cosa son exactamente el bien y el mal. Que significan estas palabras en el devenir de la política y en el actuar del militante.

En sus orígenes, la moral estaba íntimamente vinculada a la religión y los códigos de conducta religiosos, que entonces eran indistinguibles de la vida cívica y social, ya que no había separación entre Estado y religión. Sin embargo, esto cambió radicalmente a partir de la Modernidad, en la medida en que la humanidad se vio obligada a redefinir y repensar sus conceptos y códigos de moralidad.

Hoy la moral tiene cuotas de participación en las ciencias, el ejercicio de las profesiones y en otras áreas del quehacer humano. Y aunque las distintas iglesias y religiones siguen constituyendo voces importantes en la materia, hoy en día podemos regirnos a través de una moral laica, o sea, no religiosa. Me explico. En la historia de la sociedad es posible clasificar la moral de acuerdo al ámbito específico, en el que se circunscriben sus reflexiones sobre lo bueno y lo malo. Como en los siguientes casos: por ejemplo, existe la moral religiosa, que es aquella que está determinada por una tradición mística o religiosa determinada, y que se rige por los mandamientos de su credo o doctrina. Ésta puede ser una moral más rígida o inflexible, especialmente en el caso de los sectores fundamentalistas, y aunque se hereda de generación en generación gracias a la institución eclesiástica, a su modo va adaptándose a los nuevos tiempos. La moral laica no está determinada por una tradición mística o religiosa. La moral fundamental, este tipo de moral aspira a ser universal, o sea, que tiende a juzgar los elementos más básicos de la existencia del ser humano. La moral sexual determina el modo en que se comprenden ciertas prácticas u orientaciones sexuales, de acuerdo a una consideración de lo bueno o malo sustentada a menudo en otras ideas como lo natural, lo reproductivo o simplemente lo placentero. La moral social diferencia los preceptos morales de la sociedad, o sea, los tradicionales y heredados o que imperan en un momento determinado a un colectivo determinado, de los que puede tener un individuo en su fuero interno. Y por último aparece la moral individual, la cual es ante todo la aproximación personal, singular e individual que cada quien tiene hacia los conceptos de lo bueno y lo malo. Parte de ella está determinada por la moral colectiva o social, y otra parte por su propia capacidad de evaluar la realidad subjetivamente. En este escrito vamos a explicitar la moral social y la individual.

Así como existe en la sociedad la moral, también se desprenden de la moral la inmoralidad y la amoralidad, pero con significados diferentes. Me explico. La inmoralidad es aquello que resulta contrario a una visión de la moralidad específica. Es aquello que fracciona sus reglas, que contradice sus visiones y transgrede sus preceptos. Por ejemplo, en algunas tradiciones islámicas y judaicas se considera inmoral que las mujeres muestren libremente su cabello, y por ende están obligadas a cubrirlo con un pañuelo o una peluca. La amoralidad en cambio, es aquello que simplemente no se somete a cuestionamientos morales, es decir, no responde a la pregunta respecto del bien y del mal. Eso no significa que sea bueno ni malo, sino que puede ser ambas cosas, dependiendo del caso y del contexto, pues no está en su naturaleza ser o no moral. Por ejemplo, la ciencia y la tecnología se consideran saberes amorales: pueden usarse de forma moral y para el bien de la humanidad, o pueden usarse para cometer atrocidades y empobrecer el mundo.

¿Pero qué tiene que ver la moral con la política?

La política a mi juicio, es la toma de decisiones a través de entes gubernamentales y no gubernamentales, públicos y privados. Y esa toma de decisiones (sean acertadas o desacertadas) influyen en el ser humano, tanto individual como colectivo, es decir, la sociedad en general. Porque la política está relacionada absolutamente con todo. Está íntimamente ligada a la moral. Pero la moral está condicionada por un conjunto de elementos presentes en la sociedad. Por ejemplo, la sociedad venezolana yace influenciada desde hace años por un sistema de índole colonial-capitalista-rentista y contracultural. Y ese sistema ocupa todos los espacios de la vida societal. Por ejemplo, introdujo su maquinaria ideológica en la educación, medicina, ciencia, tecnología, política y sobretodo la contracultura. Porque a través de la contracultura, entendiendo ésta, como la cultura del sistema capitalista nos han transculturizado. El sistema colonial-capitalista-rentista nos ha impuesto su cultura dominante, es decir, su ideología, sus modelos colonialistas y no solo eso, sino que nos han obligado a defenderla y a olvidar la nuestra. Nos han transformado en sujetos defensores de esa cultura dominante que nos oprime. Por eso es necesario y apremiante transformar la sociedad. Como diría Fidel Castro: «cambiar todo lo que tenga que ser cambiado» Y es aquí donde la organización política de índole revolucionaria juega un rol trascendente en la des-ideologización del pueblo, en desmontar el descoloniaje de la conciencia del militante y de la sociedad en general, a través de contenidos revolucionarios, de un sistema capaz de abordar de forma completa el entorno del militante.

Por ejemplo, el niño va aprendiendo desde su escuela inicial, es decir, la familia. Este núcleo es el primer espacio por antonomasia que tiene el niño para ir aprendiendo valores, principios morales, pero también aprenderá conductas amorales e inmorales dentro de ese núcleo familiar. Más adelante aparece la escuela y la sociedad y por ende terminan de moldear al niño a semejanza de esa sociedad imperante.

 Por ello, es menester que nosotros nos ubiquemos en la realidad internacional, es decir, hablamos de un sistema globalizado, hablamos de un imperialismo y la mayoría de las veces los militantes no sabemos ni que es ese imperio, ni que es ese mundo globalizado y si nosotros no sabemos en el mundo que estamos viviendo y cuáles son las fuerzas que condicionan la actividad humana en ese mundo, pues nosotros no sabremos nunca lo que pasa a nuestro alrededor, ni las causas por lo que eso pasa, ni mucho menos podremos tomar medidas para mejorar, acondicionar o corregir muchas fallas. Así que nunca entenderemos como es que la sociedad en la que vivimos funciona y si no entendemos cómo funciona entonces estamos condenados a ser víctimas de esa sociedad, porque si no sabemos cómo funciona, tampoco sabemos cómo vamos a transformarla en una sociedad mejor, porque si no conocemos lo que tenemos, mucho menos podemos conocer cómo transformar lo que no conocemos.

Pero volviendo a la conceptualización de la moral, la cual establece que es una acción humana y que esa acción se vincula con el bien y con el mal. Ahora debemos entender qué es el bien y qué es el mal. Me explico: El bien a mi juicio es lo que es correcto, lo que es justo, lo que verdaderamente nos ayuda, se trata del bien que aplica especialmente a nosotros. No se trata aquí del bien Colectivo, del bien Divino, del bien Común, no. Se trata del bien desde el punto de vista político, desde cada organización política para con sus militantes. Porque el bien involucra el fin último y completo, entendiendo el fin último como la suprema felicidad social del ser humano, es decir, vivir bien. Solo eso. Porque el fin es el bien. Así como existe el bien, existe también el mal, con menos o mayor intensidad en el ser humano, puesto que va a depender de la influencia de la sociedad en cada ciudadano.

Pero cómo se relaciona el bien, los militantes y las organizaciones políticas. Veamos.

Es preciso tener en cuenta que todo conocimiento político y toda facultad ejercida por el hombre tienen un fin, y que este fin es el bien. El fin último de un partido político es la conquista del poder para gobernar y para lograr esa conquista el partido necesita de militantes y esos militantes a su vez, necesitan de un líder que los unifique en un objetivo común. Pero los militantes que participan en una organización política, siempre van en busca de algo, es decir, buscan el bien que no es otra cosa que el fin último y completo, la felicidad. Vivir bien. No se trata de militar en un partido por unas pacas de cemento, por unos cuantos bloques, por prebendas, por regalitos, no. Somos militantes de un partido porque compartimos un objetivo común, porque creemos en otra forma de hacer política y porque tenemos la posibilidad y la firme convicción de ayudar a nuestras comunidades. De transformar las relaciones sociales de producción. De convertir nuestro espacio de vida en un espacio más humano, más solidario, más humanista. Pero aún y con todo lo que implica somos seres humanos y como tal necesitamos satisfacer nuestras necesidades primarias básicas, como decía Ludovico Silva. Y más cuando en el partido que militamos logra conquistar el poder político. Es aquí donde el partido político, una vez alcanzado su fin último se preocupe por ayudar a alcanzar el fin último de sus militantes, porque los militantes le ayudaron al partido a alcanzar su fin último. Es una ayuda recíproca. Pero lo que sucede infinidad de veces es que una vez que la organización política conquista el poder político se olvida de sus militantes y quedan éstos relegados meramente para cuando hay elecciones. Por eso unos militantes gozan de la bonanza y otros arrastran la apatía y el desinterés.

Hay tres tipos de militantes, a saber:

Hay quienes hablan de militantes y militontos, refiriéndose al militante como un ciudadano comprometido con el partido y el militonto como una persona que está presente en todas las reuniones del partido para saber que saca para su beneficio personal. A mi juicio particular estas definiciones son totalmente erróneas. Hay tres tipos de militantes. Uno el militante astuto, zafrisco, aprovechador, falso, los perfectos camaleones; este tipo de militante nunca está en las reuniones que se hacen en el seno de las comunidades, con las patrullas socialistas del PSUV, en la UBCH, pero si está presente en las reuniones que se hacen en la gobernación con las altas autoridades del partido PSUV, jamás se involucra con el pueblo, ni camina junto a él. Siempre está por conveniencia, por sobresalir entre todos. También existe el militante pendejo o el militonto, pero con otro significado. Este tipo de militante es el que patea todos los días el cerro, es el que está junto al pueblo, al calor del pueblo, es el que recorre las calles llenando encuestas y censos y haciendo las tareas del partido, es el que se trasnocha haciendo reuniones con la comunidad, es el que está al pie del cañón para transmitirle los últimos lineamientos políticos al pueblo, es el que en un día de elecciones no descansa, no duerme y no come, muchas veces por estar pendiente de ir a buscar a los electores para que vayan a sufragar y sin embargo su trabajo de hormiga no se ve remunerado con nada. Y está el militante verdadero, comprometido con la causa revolucionaria, que sus acciones hablan por sí solas. Este tipo de militantes no necesita zalamerías, ni adulaciones; su trabajo es silencioso, pero eficaz y eficiente, pero a veces el militante astuto, el falso se viste con las prendas del militante verdadero para aparentar y escalar en las filas del partido y del gobierno. A esos los llamo la quinta columna. Porque cuando el partido conquista el poder político, se hace gobierno pues, y es a partir de allí donde se beneficia con prebendas, regalitos y adjudicaciones a el militante astuto, zafrisco y aprovechador, mientras que, al militante pendejo, el que se desgasta todos los días en el barrio, ni siquiera un vasito con agua le dan. Esto me recuerda a una experiencia que viví en un estado de Venezuela, a decir verdad, en un barrio muy populoso. Recuerdo que eran tres sujetos que en una elección presidencial estaban apoyando a un candidato del partido Acción Democrática y en su momento nos hicieron la vida imposible en la comunidad, nos pusieron estratagemas, triquiñuelas, trabas en la creación del Consejo Comunal, la Sala de Batalla Social y la Comuna y entorno al partido PSUV se burlaban de nosotros todos los días y que paso más adelante, bueno en unas elecciones de Concejales y Diputados, aparecieron ellos como candidatos abanderados por el PSUV. Ahora eran los chavistas del estado. Los chavistas más que Chávez. Y que resultó de esto, pues, que perdimos. Que se puede esperar de semejante puñalada al corazón de los militantes. Bueno el pueblo es sabio. La voz del pueblo es la voz de Dios dijo una vez nuestro Comandante Eterno Chávez. Y esto pasa porque a veces el partido no escucha a las mayorías de los militantes, en este caso a los militantes pendejos, a los que conocen cada centímetro de las comunidades; el partido prefiere escuchar a los militantes zafriscos, a los sobresalientes, a los perfectos camaleones, que ni siquiera conocen el patio trasero de su casa.

Por ello el verdadero militante tiene que pararse firme ante el partido y ante el gobierno, porque ellos siempre se aparecen en tiempos de elecciones con promesas quiméricas, entregando prebendas y regalitos, que al final resultan pañitos de agua caliente, que te sacan del embrollo por unos días y luego vuelves a ser el que eras, un militante desamparado por su partido. No nos dejemos absolutamente de nadie. Como dijo el Comandante Chávez: «no se dejen» ¿De quién? Bueno se los dejo a reflexión. 

VIRTUD REVOLUCIONARIA.

El mundo griego daba una gran importancia a la virtud, que veía como la excelencia o la plenitud que puede alcanzar una realidad, y de modo especial el hombre. Sócrates opinaba que la virtud es aquello que nos ayuda a conseguir el bien mediante razonamientos y la filosofía.

Platón plantea que el ser humano dispone de tres poderosas herramientas: el intelecto, la voluntad y la emoción. Para cada una de estas existe una virtud: la sabiduría, la valentía y el autocontrol.

Los estoicos sostenían que la virtud consistía en actuar siempre de acuerdo con la naturaleza, que, para el caso del ser humano, concebido como ser racional, se identifica con actuar siempre de acuerdo con la razón, evitando en todo momento dejarse llevar por los afectos o pasiones, esto es, todo lo irracional que hay en nosotros, que no puede controlarse y por tanto debe evitarse. Los estoicos consideraban que la virtud, como facultad activa, era el bien supremo.

Una virtud es una disposición de la persona para obrar de acuerdo con determinados proyectos ideales como el bien, la verdad, la justicia y la belleza. La virtud se opone al vicio, y tiene una gran importancia para la vida ética. La virtud del latín virtus hace referencia a una cualidad positiva en el ser humano que permite producir ciertos efectos, ya sean naturales o adquiridos.

Los militantes dentro de las organizaciones políticas tienen cualidades que lo identifican y lo caracterizan y lo mismo sucede con el partido político, éste se fundamenta en virtudes colectivas sociales, que hacen junto al conglomerado militante la unión perfecta para producir en la sociedad los efectos deseados. Cada militante dentro de la organización política y fuera de ella debe disponer de la sabiduría para identificar las acciones correctas, saber cuándo realizarlas y cómo realizarlas. El valor para tomar estas acciones a pesar de las amenazas, y defender los ideales propios. Y el autocontrol para interactuar con los demás militantes y ante las situaciones más adversas cuando se está realizando lo que se debe hacer para lograr los fines propios. Y a estas tres virtudes se añade una cuarta, la justicia, que permite convivir en derecho responsablemente y con seguridad. El siguiente relato nos muestra que, aunque tengamos las ideas necesarias a nuestro alcance, a veces no sabemos comunicarlas y tampoco sabemos infundir virtudes en nuestros militantes y así de nada sirve tenerlas.

DEBEMOS SER BUENOS SOLDADOS

Un soldado se preparaba para ir a la guerra. Estaba bien provisto, con armas, fusiles y cuchillos para ayudar a sus compañeros en caso de que el entorno se apostara impreciso. Sin embargo, en plena batalla salieron derrotados, no tanto por sus enemigos, sino por la insuficiencia de estrategia, capacidad y habilidad para comunicarse e infundir virtudes y palabras alentadoras a sus propias tropas.

“Un buen soldado debe afrontar los hechos y disolverlos en el silencio, infundiendo en los demás elevadas aspiraciones, espiritualidad, fraternidad y buena voluntad, y todas las virtudes que puede concebir; pero si él no posee estas virtudes y no los ha experimentado en sí mismo”.

¿cómo puede aliviar a los demás?

Es fundamental que cada organización política conozca las necesidades formativas de sus militantes, quienes están moralmente virtuosos para infundir de virtudes necesarias al resto de sus camaradas.

EFICACIA REVOLUCIONARIA

Según Alfredo Maneiro «la eficacia política es la capacidad de cualquier organización política para convertirse en una alternativa real de gobierno y para, eventualmente, llegar a dirigir éste». (Notas Políticas 1986, 38)                     

Quien ejerce la autoridad no necesita intimidar, ni explotar ni amenazar.

La autoridad crece en la medida en que se somete a la crítica y el control.

José Luis Rebellato.

En este punto es menester que cada organización política se pregunte si tiene la capacidad imperiosa para convertirse y dirigir un gobierno. Porque la eficacia es la capacidad de lograr el efecto que se desea o se espera. Cada partido político, así como cada militante se tropieza con barricadas de variadas especies de índole militares, económicas, sociales, educacionales, políticas, culturales. Cada parapeto representa un desafío para la marcha, en cada una hay una invitación a perseverar, y la turbación a lanzarse a la extraordinaria aventura de transformar, de cambiar todo lo que tenga que ser cambiado para la suprema felicidad del pueblo. De todas las cortapisas, las más arduas de superar son las psíquico-ideológicas-culturales, las que sustentan las costumbres milenarias, producen las conductas cautelosas, transculturizadoras y los antivalores castrantes de la sociedad colonial-capitalista-rentista.

José M. Briceño explica que: «la sociedad venezolana es el resultado de la influencia de una cultura sincrética, surgida del encuentro traumático de tres tradiciones: la occidental, la india y la negra. En la sociedad venezolana triunfo la occidental. La india y la negra fueron desmanteladas humilladas desarticuladas. Entonces todas nuestras instituciones son creación y están influenciadas por esa cultura dominante, al igual que la sociedad». (Que es la Filosofía 2015, 31)

Y lo más grave es que nosotros terminamos siendo sujetos defensores de esa cultura dominante que nos oprime.

Uno de los roles fundamentales de cada organización política, una vez que alcanza su fin último, que es la conquista del poder político, es la superación de la sociedad del egoísmo por la sociedad del amor, de la fraternidad. Es la sustitución de la antisociedad de los individualismos que luchan unos contra otros, por la sociedad colectiva integrada, donde el trabajo de cada uno se suma al ahínco social, en la que la victoria de uno es la victoria de todos y la frustración de todos es la frustración de cada uno. Este cambio en el fin del trabajo, que pasa de ser un medio de valorización del individuo, a ser un medio de valorización de la sociedad, produce a su vez una transformación conciente en la visión que se tiene de la eficacia y de cómo conseguirla, o mejor, de cómo superar la ineficacia.

En el sistema capitalista, se es eficaz de forma individual, el éxito de uno es el éxito de ese individuo solamente, y así se valoriza. Se dice, por ejemplo, que un Gobernador construyó un Centro de Diagnóstico Integral, ignorando a los obreros que allí dejaron su aliento, los ingenieros que la planificaron, los comuneros que llevaron una jarra de papelón a los obreros. Amas de casa, mujeres valientes que contribuyeron con la limpieza del C.D.I a la hora de abrir sus puertas. En otras palabras, se ignora a la sociedad que está por detrás de cada gesto de los individuos.

En la sociedad que supera al capitalismo, en el Socialismo, se es eficaz en tanto el trabajo contribuya a la conquista social, y así se valoriza. El individuo sabe que su obra, es la obra de la sociedad que lo sustenta, su conquista es la conquista de la sociedad, y sabe que la conquista de la sociedad es la conquista de cada individuo.

Es así, con el trabajo realizado en colectivo y con visión social, que los revolucionarios, inexpertos en funciones de gerencia y de gobierno, consiguen sobreponerse a sus carencias y conquistar una eficacia, que es superior a la eficacia del capitalismo, porque libera la fuerza social que estaba presa de individualismos. El salto de una eficacia del individualismo a una eficacia de lo social, es vital para la Revolución. Por eso debemos derrotar las tentaciones de resolver los problemas usando la eficacia engañosa del individualismo, usando las armas melladas del pasado. El trabajo colectivo, con visión social, es la seguridad de la marcha hacia el Socialismo.

Debemos tener presente, que el principal enemigo de nuestra revolución, no está en Washington ni está en la oligarquía venezolana, no; el principal enemigo lo tenemos por dentro, las desviaciones, el sectarismo, el partidismo, los personalismos, la falta de visión estratégica, la corrupción y el burocratismo. Respecto a esto, Alfredo Maneiro dice: «Ciertas estructuras partidistas desarrollan un espíritu de secta tan marcado, sustituyen de tal manera la disciplina por la obediencia, vician a sus afiliados con un juego tan complicado de jerarquías, gradaciones, amiguismos, arbitrariedades, etc., y, sobre todo, crean tales dificultades a la confrontación libre de opiniones, que la lucha interna solo puede expresarse a través de zancadillas, corrillos, pactos ominosos y manejos oscuros. Estructuras así terminan por producir un militante condicionado, de mediocres aspiraciones y cuya audacia, valor y espíritu crítico se resuelve, a menudo, en una racionalización forzada de las verdades, valores e intereses del partido». (Notas Políticas 1986, 40)

Hay que luchar ferozmente con nuestras propias organizaciones políticas revolucionarias, para erradicar esos viejos vicios que todavía existen en nuestras propias filas. Ante esto, Alfredo Maneiro agrega: «En realidad, existen organizaciones revolucionarias que parecen solo preparadas para adueñarse del aparato del estado existente con el objeto de ponerlo en marcha para sus propios fines». (Notas Políticas 1986, 40-41)

El Comandante Chávez agrega: «El pueblo venezolano debe estar alerta y debe exigir ahora los cambios profundos. Los sectores de la dominación, los dirigentes políticos, le tienen tanto terror al protagonismo popular, que yo creo sinceramente que ya perdieron hasta el instinto de conservación». (Entrevista con José Vicente Rangel Cárcel de Yare 13 de junio de 1993).

Esta entrevista es del año 1993, las condiciones políticas de Venezuela en ese momento eran muy diferentes a las de ahora, sin embargo, hay unas palabras del Comandante que no pierden vigencia, sino que en este momento histórico que estamos viviendo cobran mayor fuerza. Sectores del gobierno revolucionario y algunas instituciones le tienen tanto terror al protagonismo popular, hasta el punto de minimizar el avance del pueblo a organizarse en comunas, ciudades comunales o en distritos comunales, incluso hasta planean el aplastamiento del Poder Popular.

La eficiencia y la eficacia revolucionaria, no están reñidas con nuestra revolución. Al contrario, cada día tenemos que ser eficaces, más eficientes para llegar a ser suficientes en las faenas encomendadas. Al pueblo hay que darle la mayor suma de felicidad posible, a él pertenecemos y a él nos debemos. Sin el pueblo militante, no somos nada. Sin el pueblo militante no habrá revolución posible. A la moral revolucionaria, hay que agregarle la virtud, la eficacia, la eficiencia y la calidad revolucionaria, eso sí, guiado por grandes sentimientos de amor hacia nuestro valeroso pueblo, no solo se trata de querer hacer las cosas, hay que también saber hacer las cosas, y hacerlas bien, siempre pensando en el pueblo. Y para esto necesitamos hacernos de esta fórmula, para después de haber conquistado el poder político, sepamos qué hacer con el…

Eficacia + Eficiencia = Suficiencia.

CALIDAD REVOLUCIONARIA.

Según Alfredo Maneiro «por calidad revolucionaria entendemos la capacidad probable de sus miembros para participar en un esfuerzo dirigido a la transformación de la sociedad, a la creación de un nuevo sistema de relaciones humanas». (Notas Políticas 1986, 40)                     

El Che Guevara sintetiza todo su pensamiento acerca de la calidad en una frase ya legendaria y que se repite hasta la saciedad, al extremo de haberla convertida en una consigna: “La calidad es el respeto al pueblo”. Por otro lado, porque calidad es lo que debemos darle al pueblo, es una obligación nuestra, una obligación de cada uno como parte de nuestro deber social...".

Pero como mencione ut supra si nosotros no conocemos como es que la sociedad en la que vivimos funciona y si no entendemos cómo funciona entonces estamos condenados a ser víctimas de esa sociedad, porque si no sabemos cómo funciona, tampoco sabemos cómo vamos a transformarla en una sociedad mejor. Ante esto, José M. Briceño dice «La existencia del hombre en sociedad está sometida siempre a reglas de comportamiento, sobre todo a prohibiciones, encaminadas al mantenimiento de un orden, sin el cual no puede haber comunidad, pero que no es dado naturalmente, sino que tiene que ser creado y mantenido por el hombre. Cuando esas reglas se precisan y aclaran, con el objeto de organizar conscientemente la vida social, se convierten en Derecho, que puede ser el derecho consuetudinario o el derecho escrito de las leyes y códigos». (Que es la Filosofía 2015, 14).

En esta realidad de constante transformación de la sociedad. En este camino largo y culebrero que nos ha tocado vivir en una sociedad colonialista-capitalista-rentista y ahora nos urge como una necesidad apremiante la transformación de esa sociedad, en una sociedad más equitativa, humanista, solidaria y socialista. En este esfuerzo andamos todos los militantes comprometidos con la causa revolucionaria. Pero para que este esfuerzo se haga realizable, palpable, es menester que el partido político asuma como un objetivo fundamental la formación sociopolítica de todos sus militantes, el adoctrinamiento cabal y la ideología revolucionaria. Pero no podemos formar al militante con el sistema de enseñanzas de una sociedad capitalista-rentista-globalizante. Necesitamos de una ideología revolucionaria, pero esa ideología revolucionaria no existe, porque no tenemos un estado revolucionario, ni una sociedad revolucionaria. Porque lo que tenemos es una contracultura, es decir, una ideología que está al servicio de las clases dominantes. Nosotros debemos avanzar hacia la construcción de una sociedad y un estado revolucionario, para tener nuestra ideología revolucionaria. Estamos en medio de una gran colisión cultural. Antonio Gramsci dice al respecto: «Hay algo que está muriendo y no termina de morir y hay algo que está naciendo y no termina de nacer». Nosotros debemos siempre unidos ayudar a enterrar ese primitivo modelo y trabajar de forma mancomunada en el nacimiento de esa nueva esperanza de vida. Y para eso es menester forjar hombres y mujeres capaces, entregados a la causa revolucionaria y patriota. Como decía Antonio Gramsci. «Todos los hombres son intelectuales, podríamos decir, pero no todos los hombres tienen en la sociedad la función de intelectuales».

En este aspecto la organización política debe crear los cuadros políticos que el partido o incluso el mismo gobierno necesite. El partido debe garantizar la formación política intelectual de sus cuadros políticos.

El Che Guevara dice al respecto: «El cuadro es la pieza maestra del motor ideológico que es el Partido Unido de la Revolución. Es lo que pudiéramos llamar un tornillo dinámico de este motor; tornillo en cuanto a pieza funcional que asegura su correcto funcionamiento, dinámico en cuanto a que no es un simple trasmisor hacia arriba o hacia abajo de lemas o demandas, sino un creador que ayudará al desarrollo de las masas y a la información de los dirigentes, sirviendo de punto de contacto con aquéllas. Tiene una importante misión de vigilancia para que no se liquide el gran espíritu de la Revolución, para que ésta no duerma, no disminuya su ritmo»

La cuestión es que el partido sepa nivelar y horizontalizar los conocimientos políticos de sus militantes, para que éstos a su vez tengan las herramientas necesarias para contrarrestar y transformar todos los espacios de la vida societal. El Partido tiene que preocuparse por desplegar una definitiva actividad que especialmente tienda a optimizar su organización, a exaltar el nivel intelectual de los militantes que se encuentren en sus filas, antes de que aparezcan desviaciones, o peor aún el debilitamiento intelectual del militante. A este respecto, Antonio Gramsci dice: «Si el partido no procurase a tiempo reforzar ideológica y políticamente sus actuales cuadros y sus actuales miembros, para hacerlos capaces de contener y encuadrar masas aún más amplias sin que la organización sufra demasiadas sacudidas y sin que la figura del Partido sea cambiada» (Necesidad de una preparación ideológica de la masa) De formar ciudadanos y ciudadanas revolucionariamente comprometidos con el proyecto social emancipador revolucionario. De difundir en los cuadros políticos los valores y los principios revolucionarios. Crear los sistemas de enseñanza de moral y de intelectualidad a lo interno del partido. Formación y más formación de conciencia crítica y de protagonistas sociales. Que cada militante tenga el conocimiento de ser el protagonista de una lucha política general que circunda todos los asuntos más transcendentales de la organización política, es decir, que tenga conciencia de luchar por la revolución.

Cuadros políticos que sean protagonistas de profundas transformaciones sociales y no cuadros políticos camaleónicos que lo único que quieren es figurar y ocupar un alto cargo en el gobierno y con pararse en una reunión y decir peroratas fogosas con eso les resulta suficiente para ganarse la venia de las autoridades del partido. Es hora de que las organizaciones políticas aliadas a la revolución cambien la metodología para seleccionar cuadros políticos comprometidos con la causa revolucionaria. Porque un revolucionario no se hace en una reunión diciendo cuatro palabras encendidas, un revolucionario se hace junto a las luchas que realiza el pueblo todos los días.

GRANDES SENTIMIENTOS DE AMOR.

El verdadero revolucionario tiene que fomentar el amor a los pueblos y a las causas más sagradas y justas de la vida. El Che Guevara decía «El revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor»

Es imposible pensar en un revolucionario auténtico sin esta cualidad. Nuestros revolucionarios de vanguardia tienen que idealizar ese amor a los pueblos, a las causas más consagradas y hacerlo único, indivisible.

Hay que tener una gran dosis de humanidad, una gran dosis de sentido de la justicia y de la verdad para no caer en extremos dogmáticos, en escolasticismos fríos, en aislamiento de las masas. Todos los días hay que luchar porque ese amor a la humanidad viviente se transforme en hechos concretos, en actos que sirvan de ejemplo, de movilización.

El partido, el gobierno y el militante revolucionario deben estar abocados a las demandas, las exigencias, las luchas y las reivindicaciones sociales de los pueblos. No ha habido mayor ejemplo de amor en Venezuela que los grandes sentimientos de amor entre Chávez y el pueblo venezolano. Esa unidad dialéctica entre Chávez y la masa era una interrelación única. La movilización popular que generaba nuestro comandante era inigualable. Era un instrumento de movilización de las masas. Ante este respecto, el Comandante Chávez dijo: «Esta revolución pacífica, bolivariana, esta revolución que la hacemos por amor a nuestra Patria, a nuestro pueblo, llenos de felicidad andamos, llenos de fortaleza, cada día más fuerza hay en la calle. ¡Qué cosa tan bella!, ¡cómo crece la corriente popular!, como crecen los ríos cuando vienen las lluvias, cómo crece esa fuerza, yo diría incluso mística, de un pueblo que ha recuperado el amor por su tierra, por su dignidad, por su historia» (Aló Presidente Nro. 23 Mérida 5 de diciembre de 1999).

Para finalizar es ineludible que el partido de la revolución bolivariana esté preparado, alerta, ante la pandemia covid 19 y ante las amenazas tangibles e intangibles del imperio norteamericano en las próximas elecciones del 06 de diciembre del año 2020. Estar despiertos ante cualquier contexto y asumir todas las medidas de bioseguridad posible para resguardar al pueblo. El partido debe saber extraer de la realidad circundante los elementos para constituir una orientación, a fin de que los militantes no se desmoralicen, sino que se sientan que son guiados, atendidos y que pueden seguir luchando por la patria y por la Revolución Bolivariana.

«No se puede hacer una revolución sin el pueblo, si no, es una mentira, es una vanguardia, una élite. No, es el pueblo, es el colectivo».

(Hugo Chávez, Aló Presidente Nro. 13 Radio Nacional de Venezuela 4 de septiembre de 1999).

“Toda idea política expresada por un individuo o por un grupo divide a la sociedad desde el momento que es conocido; y es que toda idea política apunta a cambiar una situación y toda situación tiene tanto víctimas como beneficiarios. Toda idea tendrá adversarios y defensores”.

“La preparación ideológica de la masa es, por consiguiente, una necesidad de la lucha revolucionaria, es una de las condiciones indispensables para la victoria”. Antonio Gramsci.





Allen Nebrija

allennebrija@gmail.com

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