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Más allá del anteproyecto de Ley de Residuos


Inicio > Medio Ambiente
11/03/2011

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El anteproyecto de Ley de Residuos y Suelos Contaminados aprobado por el Consejo de Ministros el día 4 de marzo, ha recibido ya las primeras críticas en la prensa y de diferentes colectivos.  


 

La no obligatoriedad de la recogida selectiva de materia orgánica, centra esas críticas porque posiblemente será una de las circunstancias que no permitirá conseguir los objetivos de reducción de los residuos biodegradables en un 60% para el año 2016 como obliga la directiva europea sobre vertederos. Si en el año 2020 el 50% de materiales que componen los residuos domésticos deben cumplir los objetivos de reciclaje o reutilización, llevamos mal los cálculos si no incorporamos la separación en origen de la materia orgánica o mejoran ostensiblemente algunas tecnologías.

 

Con la magnitud que representa la gestión de los residuos orgánicos y los objetivos generales de recuperación a conseguir, el proceso para eliminar las bolsas de plástico es pecata minuta en el panorama general como para darle tal importancia en un anteproyecto de Ley. Quizás en este intento de contentar algún sector, que finalmente no parece satisfecho, este anteproyecto me parece aún más endeble.

 

Más allá del baile de cifras, poner listones resulta extremadamente fácil si lo comparamos con establecer los caminos para llegar a esos objetivos. El recorrido que llevamos implantando los diferentes sistemas de recogida es largo y los resultados más bien cortos. Hace ya, ni más ni menos que 18 años de la aprobación de la Ley de Residuos en Cataluña que obligaba a recoger la materia orgánica, no menos desde que se empezó a implantar la recogida de envases, y muchos más de la presencia de los contenedores azules y verdes. A pesar de ello el barómetro de Eurostat del año 2009, indica que el 52% de los residuos generados en España son destinados a vertederos.

 

En este largo recorrido de la recogida selectiva, se han acrecentado las diferencias territoriales de gestión y resultados entre comunidades autónomas. Obviamente, estas diferencias son también apreciables dentro de las propias comunidades donde conviven grandes urbes con zonas de poca densidad o también zonas con gran estacionalidad en la generación. En un país eminentemente diverso en todos los sentidos, los modelos homogéneos de gestión tienden a no aprovechar la potencialidad para mejorar los resultados, y lo cierto es que hemos gastado tiempo, tecnología y sobretodo, mucho dinero, sin optimizar demasiado las oportunidades de una gestión territorial más sostenible. Trabajo tienen las diferentes Comunidades Autónomas para repensar y planificar estratégicamente como consiguen estos resultados, pero para esto será necesario dar un vuelco conceptual a los paradigmas empleados hasta el momento.

 

En este sentido, creo que hay cuatro niveles de la gestión en los que debemos profundizar y evolucionar si no queremos dejar pasar los años en balde:

 

El primero, en el plano de los mensajes y la comunicación que lanzamos a los ciudadanos. Todos ellos, sin duda, cargados de buena fe e intencionalidad, pero también de una gran dosis de ingenuidad que hay que revisar y renovar urgentemente. Los vemos en las campañas ciudadanas, en folletos y ultimamente también en las redes sociales. Con los años transcurridos es necesario analizar el estado de madurez social en relación a la gestión de los residuos y diseñar estrategias de comunicación más potentes y emocionales, ahondando en los contenidos y mensajes. Lógicamente no vendemos ni chocolate ni perfumes, nada más lejos, por eso precisamente hay que utilizar estrategias más potentes comunicativamente.

 

Segundo. Los buenos mensajes sirven de poco sin modelos adaptados a las necesidades de los ciudadanos y su entorno. Es necesario ajustar y adaptar los sistemas y modelos de recogida a las necesidades. Pasamos de tirar los residuos en vertederos municipales a poner contenedores en todas partes. Era necesario e imprescindible en su momento, pero no podemos mantener tanta homogeneidad con tanta diversidad territorial. La recogida puerta a puerta en Cataluña, que actualmente se realiza en más de 130 municipios i que sirve a más de 300.000 habitantes, es una buena muestra de ello con cifras de recogida selectiva que llegan incluso al 90%. Es posible optimizar lo mucho que nos gastamos en recogida para conseguir notables mejoras de recuperación.

 

Tercero. Las grandes empresas que prestan los servicios de recogida, siguen teniendo el control sobre los entes públicos y manteniendo una actividad que ha evolucionado mucho técnicamente pero que debe adaptarse a los nuevos retos de una gestión pública de calidad. Si queremos mantener el estándar de limpieza y recogida actual hay suficiente, pero si queremos dar dos pasos al frente y conseguir los objetivos  habrá que innovar. Ya no hay suficiente con levantar contenedores y llevar la basura a una instalación si queremos evolucionar. Y esa tarea no es solo una demanda a las empresas, los entes públicos deberán hacer un gran esfuerzo para reinventar los pliegos técnicos de los servicios. Son buenos tiempos para hacerlo y las empresas tienen una gran oportunidad para incorporar elementos de diferenciación de marca y de responsabilidad social, si saben sobreponerse a lo hecho hasta el momento.

 

Y para finalizar, y en la misma línea, hay que seguir buscando tecnologías para mejorar los diferentes tipos de tratamiento de los residuos sin renunciar a los sistemas fáciles, económicos y eficientes. Es evidente que hasta el momento, el tratamiento del rechazo no seleccionado, no ha reportado grandes beneficios a la valorización de los materiales aprovechables. En cualquier caso, no hagamos como con los contenedores, y miremos de adaptar las tecnologías a los modelos de gestión territoriales de forma equilibrada y optimizando las inversiones para reducir las entradas a vertedero. Tan bueno puede ser un tratamiento mecánico biológico en una densa área metropolitana como el compostaje en origen en una pequeña área de transferencia. Lamentablemente, a menudo las decisiones sobre las tecnologías y las instalaciones se han tomado con total ausencia de responsabilidad pública.

 

Ahora que no tenemos el dinero que hemos invertido alegremente, es el momento de agudizar el ingenio, ejercer la responsabilidad pública y optimizar los recursos y planificar estratégicamente como nunca, nos guste más o menos el anteproyecto de Ley.



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