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Científicos reconfiguran la geopolítica mundial con la vacuna para la COVID-19


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14/12/2020


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Dos de las principales características en la carrera para conseguir un antídoto para la pandemia, ha sido la disputa entre los diversos laboratorios por encontrar primero la vacuna y la otra, la presión que han tenido por parte de algunos líderes políticos para que aceleren los procesos científicos y alcancen la fórmula deseada tras invertir millones de dólares en las empresas de biotecnología.


Esto generó que ciertas potencias mundiales (China, Estados Unidos, Reino Unido y Rusia principalmente) comenzaran una carrera desenfrenada para conseguir la vacuna adecuada, apoyando a ciertas empresas y generando con esto beneficios económicos en las bolsas de todo el mundo, pero principalmente generaron un ambiente que algunos denominan como la “nueva guerra fría”.

El virus chino de TrumpEstados Unidos bajo el liderazgo de Donald Trump, aprovechó esto para atacar a China y Rusia (como en la década de los sesenta del siglo pasado) bajo las acusaciones de espionaje científico en contra de los laboratorios de occidente. 

Además de referirse una y otra vez que el coronavirus era el “virus chino”, tratando de marcar con esto una línea de responsabilidad sobre el origen de la pandemia, algo que los estudios científicos comienzan a poner en tela de juicio si el mercado de Wuhan efectivamente es el epicentro de esta nueva enfermedad, que según el conteo de la Universidad Johns Hopkins, suma más de 70 millones contagios y cera de 1.6 millones de muertes a nivel mundial.

El ambiente y la urgencia de ser los primeros encontrar la vacuna adecuada contra la COVID-19, originó apoyos millonarios de los gobiernos a las farmacéuticas que tuvieran la posibilidad de desarrollar el antídoto, situación que algunos comparan (guardando proporciones y circunstancias) a la carrera espacial que mantuvieron los Estados Unidos y Rusia en la década de los sesenta del siglo XX por llegar antes que todos a la luna.

La Spuntik VContrario a lo que pasó en el ya muy lejano 1969, ahora fue Rusia la primera en anunciarle al mundo que tenía una vacuna con eficacia del 91,4% en los ensayos clínicos, que fue desarrollada por el Instituto Gamaleya y que (paradójicamente) la nombraron Sputnik V.

Los laboratorios chinos también avanzaron rápidamente en esta carrera, principalmente con la CoronaVac, fabricada por la compañía biofarmacéutica Sinovac; la AD5-NCOV de CanSino Biologics y el Instituto de Biotecnología de Beijing; mientras que el Ministerio de la Defensa de China informó que científicos de la Academia Militar de Ciencias Médicas de ese país, también desarrollaron una vacuna contra la COVID-19 que ya recibió la aprobación de su gobierno.

Pero a la par que en los laboratorios se trabaja en estas vacunas, a nivel político comenzó la disputa sobre los países que tendrían acceso a ella, ya que China anunció fondos millonarios para financiar en América Latina la compra de sus vacunas, mientras que Rusia cerró acuerdos con países que mantienen malas relaciones con los Estados Unidos, como Venezuela, Nicaragua y Cuba.

Un arma secretaEntonces las posibles vacunas se convirtieron en el arma secreta que representaba cierta injerencia e influencia política en la región de Latinoamérica. En tanto que en los Estados Unidos, las elecciones presidenciales marcaron el calendario con la derrota de Trump ante Joe Biden, un fracaso republicano que muchos le atribuyen al mal manejo y desprecio de la pandemia por parte del actual presidente.

Ha sido tanta la importancia de las vacunas en el ámbito político, que el propio Trump centró parte de sus discursos de campaña en que habría vacunas antes del 3 de noviembre (día de las elecciones presidenciales), tratando con esto revertir el profundo daño que la COVID-19 ha provocado en los Estados Unidos, que sigue siendo por mucho el país más golpeado a nivel mundial.

Como no hubo vacuna aprobada antes de las elecciones, Trump llamó “cobardes” a los laboratorios y a las autoridades sanitarias cuando se supo poco días después de las votaciones, que Pfizer comenzaba con los trámites para que la FDA les diera la aprobación para uso de emergencia.

Finalmente, la FDA dio la aprobación a la vacuna  Pfizer BioNTech el pasado 11 de diciembre y con esto el Gobierno de EEUU planea liberar las primeras 2,9 millones de dosis a 64 Estados y está programado que se dé prioridad a los sanitarios y a personas que viven en residencias de ancianos.

Nuevo panorama científicoCon estos pasos y con una colaboración inesperada entre laboratorios, la lucha geopolítica a nivel mundial que se vislumbraba a través de las vacunas, puede ser que se comience a diluir luego que la farmacéutica británica AstraZeneca anunció que comenzará co ensayos clínicos para probar la combinación de su potencial vacuna para el COVID-19 con la Sputnik V de Rusia.

Contrario a los resultados de la vacuna rusa, la fabricada por AstraZeneca y la Universidad de Oxford apenas alcanza un nivel de eficacia media del 70,4%, de acuerdo a información publicada por Reuters, por lo que esta colaboración no solo podría romper los recelos políticos, sino que podría asegurar un trabajo científico global que si bien ha existido en esta la lucha contra la pandemia, deja de lado los intereses netamente financieros y de mercado.

Tal como lo señaló Kirill Dmitriev, jefe del fondo soberano de Rusia RDIF, cuando aseguró que “esto demuestra la fuerza de la tecnología de la Sputnik V y nuestra voluntad y deseo de asociarnos con otras vacunas para luchar juntos contra el COVID”.

El mundo y la humanidad necesita que la ciencia tome el liderazgo en esta lucha contra la pandemia y que los políticos apliquen políticas públicas que garanticen una justa distribución de las vacunas, para que no se conviertan en una arma de control ideológica y pongan en riesgo aun mayor a los grupos sociales más vulnerables.





Etiquetas:   Rusia   ·   Estados Unidos   ·   China   ·   Vacunas   ·   Donald Trump   ·   Coronavirus

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