. Por Jesús Salamanca Alonso / Mucha
palabrería y excesiva falsedad de compromiso del presidente del Gobierno,
además de palabras vacías y chulescas del ´vice´ segundo, pero entre los dos y
descoordinadamente han destrozado el escudo social que se habían inventado.
“Nadie se quedará atrás”, decía Sánchez. “Muchas familias ya tienen su
salvavidas adaptado”, llegó a decir el comunista-bolivariano, Iglesias. Y
volvieron a mentir, como de costumbre.
Juntos han
desplumado al sector más necesitado de nuestra sociedad porque ni siquiera
supieron planificar sus respectivos departamentos y tampoco los ministerios. Para
más ‘inri’, en el Consejo de Ministros se chulean la ministra de la LOMLOE e
Iglesias: Él insulta a Isabel como “incompetente” que dice ser y ella lo acoge
de buen grado porque “el insulto viene de un corrupto”. Son como niños, pero
vagos y mal educados.
Miles de
gestiones están paralizadas. La mayoría de las instituciones siguen de
‘vacaciones coronavíricas’ y parece que así seguirán. Los más afectados son
esas personas beneficiarias del mal llamado escudo social. Y por si no es
suficiente daño, los rebrotes frenan el empleo, paralizan la recuperación
económica, disparan el paro, el cierre de empresas y la expulsión de miles de
autónomos del sistema productivo. El termómetro de la economía nos dice que,
tan pronto como la bolsa española pierda los 7.000 puntos, serán cientos de
empresas las que sufrirán. De momento, más de 250.000M € ya se ha marchado del
ibex35 desde que Sánchez empezó a mentir y a acercarse al independentismo, al
terrorismo, al nacionalismo y al engendro bolivariano.
¿Qué tenemos
en este momento? Pues tenemos un impresionante atasco en la Administración Pública,
como consecuencia de la crisis sanitaria y de la negligente gestión del
Gobierno, con principal responsabilidad en la ineficacia y mediocridad de
Sánchez e Iglesias: son capaces de marcharse de vacaciones sabiendo que 160.000
afectados por los ERTE no habían cobrado todavía ni un euro desde marzo.
Hablamos de rácanos que han pisado alfombra roja y “mean colonia”. Con un
brutal colapso de gestiones básicas y un caos que se extenderá aún bastante
tiempo, a los sindicatos los tapan la boca con millones. ¡Ay si hubiera estado
la derecha en el Gobierno! Seguramente hubieran ardido Troya y Betania sin que
faltaran las diarias algaradas sectarias; esta gente es experta en hacer daño,
por lo que nunca la verán arrimando el hombro. ¿Cuántos liberados sindicales del
ámbito sanitario se han incorporado a su trabajo durante las apremiantes
necesidades de la pandemia? Se lo digo yo: ninguno.
Si
concretamos más, tiene que salir a colación la Seguridad Social. Allí se
agolpan cientos y cientos de solicitudes del Ingreso Mínimo Vital. Según la
prensa económica más de un 80% estaban sin pagar en agosto pasado y muchas de
ellas ahí siguen mientras miles de familias viven angustiadas y en situación
extrema. Así es la izquierda: haciendo daño a quien más precisa de ayuda. La prueba
de cuanto digo es que ya se han apresurado a reformar el Ingreso Mínimo Vital y
el ministro Escrivá ha asegurado que no llegará a las 850.000 que lo precisan
ni de lejos. Una vez más, el “marqués” queda en ridículo como con la oferta de
300M de euros, efectuada el 19 de marzo, para las residencias de ancianos: aún están
esperando el dinero. “¡Manda huevos!” que diría Federico Trillo.
Hablar de la
ministra “nerviosa” y que nunca supo lo que era explicar un ERTE es hablar de la
titular de Trabajo y “gran inepta”. De ahí que los trabajadores se agolpen
donde acude y estén dispuestos a incentivarla con escraches diarios si es
preciso. Al parecer tampoco hay hasta problemas para tramitar miles de altas por
jubilación. Nadie recoge solicitudes. Deben de pensar en la Administración que
todo el mundo domina las tecnologías de la información y de la comunicación. ¡Y
no, señora ministra comunista, no sea vulgar acémila!
¿Y el SEPE?
¡Otro que tal baila! Ya hemos dicho antes que unas 160.000 personas seguían sin
cobrar en agosto de este mismo año desde marzo. Debería tener en cuenta la
ministra de Trabajo que no es gente con casoplones ni coches oficiales ni
sueldos mensuales de entre cinco y seis cifras. Ya mintió una vez y lo hará
cuantas veces haga falta, pero todos conocemos familias que no han ingresado ni
un ‘clavel’ desde que se implantó el “arresto” domiciliario. Sigue habiendo
retrasos en pagos, resoluciones de expedientes, prestaciones a desempleados,
información sobre jubilaciones, derecho a ayudas (“paguitas”), exámenes para la
obtención de la nacionalidad.… Como ellos ya son casta, no saben lo que es
mirar hacia abajo y tampoco lo que es trabajar. Ya lo pagarán. Lo cierto es que
nos ha tocado el Gobierno más nefasto que podía tocarnos justo en el peor
momento. Hasta con el “comité de expertos”, que nunca existió, nos la metieron
doblada.
Desde
que Sánchez llegó a Moncloa hay 36.000 trabajadores más en la Administración
Pública y toda una ‘cohorte indecorosa’ alrededor de los ministros, directores
generales, secretarios generales, subsecretarios y un sinfín de asesores de
medio pelo, elevado sueldo e inmerecido.
Pese a ello: mala gestión, peor información, quejas permanentes, corrupción, ‘vuelva
usted mañana’, retrasos mil,… ¡Hasta el Defensor del Pueblo y sus homónimos de
la CC.AA. están colapsados por los escritos de auxilio que reciben de la
ciudadanía!
Hablando con
amigos y conocidos que militan en el sindicato no sectorial CSI-CSIF me informan,
con datos en la mano, de cómo el INSS atrasa miles de pagos de ayudas hasta
tres meses; oficinas centrales de la SS “requeteatrancadas”; brutal colapso de
personal y trabajo. A ello hay que unir esas más de 160.000 incidencias en el
IMV, en ayudas de paternidad y maternidad, prestaciones por incapacidad,
exagerados retrasos de citas de todo tipo y, en algunos departamentos, avisos
de nuevas postergaciones. Sinceramente merecen que les hagan los perrillos.
En fin, una
Administración Pública colapsada y que va “de culo y cuesta arriba” es una
Administración muerta, inservible, caótica y cara, muy cara. Cuando los
políticos niegan todo esto, me acuerdo de René Descartes: “No hay nada
repartido más equitativamente en el mundo que la razón: todo el mundo está
convencido de tenerla”.