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No entiendo por
qué a los sectores de la izquierda más radical siempre se les llenaba la boca
de “sanidad pública”, pero son incapaces de defenderla con coherencia; el “pancartismo”
no es coherencia sino “ladrido” bolchevique ya anquilosado. Visto lo visto en
Madrid, compruebo que esta izquierda “a la española” no soporta la inauguración
de un nuevo hospital público en Madrid.
La Organización Mundial de la Salud (OMS)
felicitó a la Comunidad de Madrid por el trabajo que se estaba realizando con
la construcción de este centro hospitalario, así como por la eficaz gestión de
Isabel Díaz durante la crisis sanitaria. Hasta algunos “renegados” de la
oposición en la Asamblea madrileña, además de “condenados por sentencia”, han
acudido a insultar y vociferar a las autoridades que han asistido a la
inauguración. Eso de llevar el odio incorporado al ADN no es bueno para la
salud ni para la convivencia diaria.
Todos los
lectores han supuesto que estamos hablando del Hospital Público de Pandemias y
Emergencia “Isabel Zendal”. Sépase que Isabel Zendal fue la gran olvidada; entregada a la ciencia. En el siglo
XVIII, Zendal, madre soltera y enfermera se marchó al Nuevo Mundo formando
parte de una Expedición Filantrópica internacional de la Vacuna. Esta
insigne gallega afrontó con entereza y dedicación su
cometido y se encargó del cuidado de los niños a quienes se había inoculado con
el virus. Como tantos desconocidos que entregaron su vida a la medicina
y a los demás falleció casi olvidada “al otro lado del Atlántico mientras
solicitaba una pensión para su hijo”. Esa expedición pretendía erradicar
la viruela en todas partes del Imperio español. Justo, aunque tardío, es este
reconocimiento que la izquierda madrileña desprecia por simple ignorancia,
analfabetismo histórico, sectarismo y mala fe.
Construido en apenas
algo más de tres meses, el nuevo hospital público madrileño tiene como objetivo
prioritario “aliviar la presión hospitalaria del resto de centros sanitarios de
la región”. El tiempo de construcción, los servicios que puede prestar, el
número de camas y el coste son datos para quitarse el sombrero: en su día lo hizo
la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la propia presidenta de la Comisión
Europea, Ursula von der Leyen. De momento sólo hay una incertidumbre y es la
que se refiere al personal que lo va a atender. Mientras formaciones como
Unidas Podemos, Más Madrid o el PSOE dedican su tiempo y esfuerzo a “masacrar”
Madrid y soliviantar a los madrileños, Díaz Ayuso trabaja a modo de hormiguita
y planta cara a quienes anhelan la ruina social, política y económica de España,
además de la esclavitud de los españoles. Ese ‘monstruo’ depravado no es otro
que el Gobierno ‘bichavito’ de los “Picapiedra”.
La finalización
en la construcción de este hospital ha sido un logro técnico; si resuelve la
problemática poblacional de Madrid y se demuestra la idoneidad del momento, muchas
de las críticas oportunistas e impregnadas de odio y envidia serán arrojadas al
fuego eterno, cual meigas malignas. Mientras llega ese momento, la presidenta
Ayuso seguirá siendo en Europa la autora del “milagro madrileño” que ha
alcanzado el pleno reconocimiento en la Unión Europea frente a la cohorte de
ineficaces y desequilibrados gestores que representa el Gobierno de Sánchez ‘Plagio’
y su inoperante ‘fajín’, el tal Iglesias.
Con un hospital
así, Madrid pone de manifiesto que es la ciudad solidaria por excelencia de
España, además de la que más aporta con diferencia al fondo correspondiente. Viva
imagen de ese despropósito de la izquierda madrileña es el que hoy vemos en la
persona del narcisista Sánchez ‘Plagio’, ansioso de dormitar en Moncloa, pero
olvidadizo en cuanto a que hay que trabajar a diario antes de que todo esto se
vaya por el sumidero con la ayuda del Foro Económico Mundial (FEM), también
conocido como Foro de Davos.
Si la comunidad
de Madrid logra que sea un centro hospitalario para toda España y abierto a las
demás comunidades autónomas, se habrá dado un paso firme y duradero para
afianzar el sistema de salud nacional. Me viene a la mente aquella carta de
Pedro Sánchez, dirigida al Ministerio de Sanidad, en la que se pedía el recorte
de cerca de 2.000M de euros en el ámbito sanitario: evidentemente, no podía
imaginar lo que unos meses después hubieran supuesto esos miles de millones;
máxime, una vez conocida la ineficacia, mediocridad e incompetencia gestora de
su irresponsable Gobierno. Debería saber el presidente que nuestro refranero es
sabio, por eso alguien debería explicarle el significado de “quien no buscó
amigos en la alegría, en la desgracia no los pida”. Incluso, me atrevo a ir más
lejos y aplicarle con contundencia el pensamiento del escritor italiano, Carlo
Bini: “Quien no sabe gobernar es siempre un usurpador”.
Para mí, lo más
llamativo de la inauguración del nuevo Hospital Público de Madrid ha sido la
ausencia de autoridades y también de algunos “bocachanclas” del flojo calibre
político de Isabel Serra. Ni Salvador Illa ni Pedro ‘Plagio’ ni el “marqués”… ¡Ni
siquiera los izquierdistas más vocingleros de la oposición en la Asamblea
madrileña! Sólo le falta a la sectaria y atrabiliaria oposición madrileña de la
izquierda decir que es una mala noticia para la sanidad esta inauguración. De
gente impregnada y divulgadora de odio, se espera cualquier cosa.
Ni
representantes del PSOE ni de Más Madrid (menos Madrid) ni comunistas de ‘Hundidas
podemos’. Esta izquierda marchita pretende convertir una gran noticia y un
extraordinario acontecimiento en una simple descalificación contra la ‘joya de
la Corona’ madrileña, Isabel Díaz Ayuso. Lo peor de todo es que caen en sus
propias contradicciones e insultan al votante con una actitud de desprecio y
sinrazón. No es que hayan rozado el ridículo y el esperpento sino que han
chapoteado en él dando una imagen peor de la que ya tenía la ciudadanía.
No está de más
recordar a esa izquierda gritona y sin argumentos firmes que, en palabras de
William Henry: “Quien no quiere razonar es un fanático; quien no sabe razonar
es un tonto; y quien no se atreve a razonar es un esclavo”. Esa intolerante,
desaprensiva y represora siniestra no sabe obedecer y, lo peor de todo, es que
no sabe mandar ni trabajar. ¿Saben lo que decía J.W. Goethe? Pues sencillamente
que “el hombre más inútil es aquel que no sabe mandar ni obedecer”. Los
pancarteros que han acudido a la inauguración ni siquiera han sabido disimular
su torpeza. En palabras de Plutarco: “Quien disimular no puede, que no gobierne”