Bolivia: 367 días después de la elección 2019



Se puede ver que existe un prejuicio hacia los partidos y políticos considerados de izquierda; es muy común que el discurso que se establece de la izquierda latinoamericana por la derecha es uno de represión hacia el pueblo y autoritarismo


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La victoria de Evo Morales no se tomó del todo bien por los opositores nacionales como Carlos Mesa del partido Comunidad Ciudadana, que si bien denunció los resultados como fraudulentos y fue muy vocal de su descontento, se mantuvo a un estándar civil; muy contrario a como Luis Fernando Camacho se comportó luego de que Morales renunciara por el golpe de estado que sufrió por parte de un grupo militar, patrocinado por la desinformación de la OEA.

Luego de esto Jeanine Áñez subió al poder como presidenta interina de Bolivia, y como es costumbre de Estados Unidos de reconocer el poder ganado a través de un golpe de estado en América Latina, este reconoció a Áñez de manera unilateral cuando asumió el cargo, no se le pregunto al pueblo si la reconocían, y luego de ver el comportamiento de la presidenta interina hacia la mayoría de la población, no es sorpresa que luego de todo esto se levantaran protestas que luego escalaron en violencia y una matanza.

Avanzando el reloj a las elecciones de octubre de este año.

En octubre, como se había comprometido el gobierno de Áñez, se realizó otro proceso electoral; Carlos Mesa volvió a presentarse como candidato, Luis Fernando Camacho como candidato de la alianza Creemos y Luis Arce, Ministro de Economía y Finanzas Públicas durante el mandato de Morales, como candidato del MAS, estos siendo los personajes más sonados de la elección.

Como resultado de las mismas, Luis Arce ganó la presidencia con el  57.17% de los votos, dejando atrás a Carlos Mesa por 26 puntos, según los datos del Tribunal Superior Electoral, garantizando la victoria sin necesidad de una segunda vuelta, asegurando una legitimidad basada en la mayoría, que se pensaría difícilmente cuestionada.

Hubo diferentes reacciones respecto a la victoria de Luis Arce, felicitaciones de diversos gobiernos, incluyendo el de Áñez, y si tomamos en cuenta el porcentaje de la población que votó por el MAS, podemos concluir que la mayoría de la población está conforme con la victoria de Luis Arce; por otro lado están los oponentes de Evo Morales y su partido: Carlos Mesa felicitó a Luis Arce, mientras que Camacho ha preferido el silencio.

La transparencia de las elecciones y el gran margen de victoria no han impedido que se cuestione la legitimidad de las elecciones. Desde acusaciones sin fundamento, de intervención del gobierno mexicano en las elecciones, hasta la propagación de una narrativa que aseguraba la falta de apoyo del pueblo boliviano al MAS, habría que conocer a que pueblo en específico se refieren.

Viendo las acusaciones que se han hecho en contra del proceso electoral, así como al candidato Luis Arce, se puede ver que existe un prejuicio hacia los partidos y políticos considerados de izquierda; es muy común que el discurso que se establece de la izquierda latinoamericana por la derecha es uno de represión hacia el pueblo y autoritarismo, para esto  Manuel Canelas comenta sobre la situación en Bolivia:

“Son los opositores al MAS los que tienen una profunda dificultad de entender el país si esto quiere decir representar las aspiraciones de la mayoría de los bolivianos y no limitarse a un sector, a una región o a un momento políticamente mal leído.”

Luego sale a la luz pública que estos políticos de derecha hacen cosas peores de los que acusan a la izquierda, como las misma Jeanine Áñez, que demostró por redes sociales su verdadera posición política.

En América Latina tenemos el problema de que la izquierda regional está muy satanizada e ilegitimada, ya sea durante campaña o en las presidencias por las derechas latinoamericanas y por organizaciones internacionales, en este caso la Organización de los Estados Americanos. Las propuestas que han manejado las izquierdas latinas, en beneficio de las poblaciones históricamente marginadas y políticas económicas, más en beneficio del trabajador que del empresario, no han sido bien tomadas por círculos empresariales nacionales o extranjeros.

 Lo que este caso ha demostrado es la completa disonancia que existe entre el pueblo y círculos políticos de derecha, el segundo dice conocer y defender los intereses de los primeros, pero lo que hemos visto históricamente es que los segundos han estado velando más por los intereses del sector empresarial, argumentando que si estos se benefician nos beneficiamos todos, creo que si hacemos un poco de revisión de esa proposición, veremos que no ha funcionado como creen; es hora de beneficiar a la población en general, que buscando un beneficio indirecto privilegiando unos pocos.

 

 

 






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