. En uno de ellos creen que por hacer
el anuncio van a recibir el perdón y la enhorabuena. En el otro, no tienen muy
claro eso de dejar de matar. El cisma está ahí y no tardaremos en comprobar sus
consecuencias.
No nos engañemos ni nos dejemos
engañar. ETA pretende condicionar las elecciones del 20N. Y así lo ha hecho en
las dos últimas que se han celebrado. Pasadas las elecciones volverán a las
andadas, incluso ya lo han hecho; pedirán el acercamiento de los presos; no
condenarán la violencia; exigirán lo que llaman independencia; se les llenará
la boca de democracia y de socialismo; se volverán a sentir los salvadores del
País Vasco; Etxerat dominará y agitará la calle; se mofarán de la ciudadanía;
Batasuna seguirá dando tartazos,... Vamos, lo de siempre. Pero si creen que por
dejar las armas van a tener un trato especial, que no se hagan ilusiones ni de
lejos. No se lo vamos a consentir. Es imprescindible que haya vencedores y
vencidos. Y doy fe que los habrá.
Los asesinos y sus cómplices
deben estar en la cárcel. ETA no ha desaparecido, aunque cree que nos ha vuelto
a engañar con su discurso. Y presiento que algunos sí han caído en la trampa,
como el PSOE y el PNV. La banda ha cumplido con su hoja de ruta; la misma hoja
que firmó con el PSOE, mientras éste traicionaba al Gobierno Aznar y a la
ciudadanía de bien. Al fin y al cabo son socialistas ambos, por tanto, primos
carnales; bien es cierto que los de la “O” de obreros no matan con armas de
fuego, pero lo han hecho estos años con otro tipo de armamento muy dañino: la
destrucción de puestos de trabajo, el abandono de los más necesitados, la
pérdida de derechos sociales y la incompetencia política, además del
‘amamantamiento’ de la serpiente. Ahí están los resultados.
La banda etarra debe presentar su
rendición, entregar las armas, pedir perdón a las víctimas y cumplir íntegras
las penas. Mientras eso no suceda, la banda seguirá latente, lo que quiere
decir que puede volver a matar en cualquier momento.
Un dato para finalizar: si ETA
quiere integrarse en el ámbito político, debería presentarse a cara descubierta
para leer el manifiesto de rendición y arrepentimiento. Pero ya lo han visto.
No hay más cera que la que arde y la cobardía ahí queda demostrada. Decía
Graham Greene que quien exige jugar con las cartas boca arriba, tiene todos los
triunfos en la mano.
Jesús Salamanca
Alonso