. Ha sido terminar la Conferencia de San Sebastián
y al coordinador del colectivo independentista Lokarri, Paul Ríos, le ha
faltado tiempo para dar lecciones o creer al menos que le hacen caso. “Lo humillante es lo de obligarles a pedir
perdón. Es humillante para ETA, pero también para las víctimas. Es
durísimo", ha dicho sin titubear y sin entender nada de lo sucedido.
Seguramente no se ha parado a pensar que lo de
pedir perdón entra dentro de una actitud ampliamente deseada por la sociedad
española y, además, lógica por otra parte. No es suficiente con reconocer los
daños causados. Hay que cumplir las penas en su integridad, pedir perdón y
reconocer que se han desestructurado cientos de familias, asesinado y mutilado
niños, además de haber sembrado el odio y el miedo durante cincuenta y dos
años. ¿Y no hay que pedir perdón? ¡Ya está bien de profetas putrefactos y
entregados a la violencia por la violencia! ETA es lo que es y nadie piensa que
sea una ONG, aunque en su momento sí pretendieron pasar por ello.
La disolución se impone y, en
caso contrario, no hay necesidad de creer en sus planteamientos. Descúbranse la
cara, reconozcan su daño durante décadas, pidan perdón, entreguen las armas y cumplan
las penas. No se puede creer a quien se esconde tras una máscara que simboliza
el asesinato, la amenaza y la extorsión. Exigir la rendición de ETA no es una
venganza institucionalizada, como tampoco lo es que cumplan las penas. En un
Estado de Derecho hay una Justicia y unas reglas de juego. Quienes no las cumplan
deben ser perseguidos o expulsados del campo de juego. Y ETA las ha incumplido
permanentemente. Que no vengan ahora Lokarri y su coordinador diciendo
estupideces de grueso calibre.
Hay que derrotar a ETA y a la
violencia que, en este caso, son lo mismo. Tenemos muy claro que sí debe haber
vencedores y vencidos. Los primeros han de ser quienes viven en democracia y, a
pesar del daño recibido, han sabido convivir con la ley, en vez de atropellar
la convivencia y lanzarse en tromba contra los asesinos; razones y ganas no han
faltado. Los segundos han de ser quienes han matado y extorsionado, quienes han
apoyado a ETA y han formado parte de ella.
Quede claro que en el seno de la
banda no hay víctimas, tienen lo que ellos han elegido, ni más ni menos. ¿Acaso
han elegido ser víctimas quienes perdieron a su padre, su hermano, su esposa o
sus hijos por la mala cabeza de la banda asesina vasca? ¡Ya está bien de
escuchar las barbaridades de quienes dicen sentirse víctimas perteneciendo a la
banda criminal!
No se ofende a ETA cuando se le
dice que debe pedir perdón, como no se pone a la banda “en una situación muy
difícil, complicada y ofensiva”, como dice Paul Ríos. No podemos seguir dando
cancha a gente que tergiversa la realidad y hace filosofía barata para que se
deje de cuestionar a ETA. La organización violenta es lo que es y, por
abandonar la actividad armada, no deja de ser violenta. No hay más que ver a
sus miembros y simpatizantes riéndose del Estado democrático y vapuleando a la
democracia o riéndose de la violencia que ellos mismos provocan. ETA debe ser
perseguida hasta sus últimas consecuencias; es inadmisible que pueda tener
trato preferente como el que le ha dado Rodríguez Zapatero, quien empezó ‘amamantándola’
y acabó ‘encamado’ con ella.