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Relato "Linda" de Álex Cardoso


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19/11/2020


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https://ellibrodurmiente.org/linda-alejandro-cardoso-osorio/




¿La veis? Se llama Linda. A pesar de cómo la encontré se sigue viendo guapa, ¿verdad…? Que síii… Os prometí contar su historia, pero ojo, solo una vez. No dispongo de mucho tiempo. En breve Linda tendrá que acompañarme. ¡Cómo me gusta su piel morena! Y su delgadez…, y su pelo tan negro y tan encrespado.  A veces me parece casi una niña…, aun.

Linda fue hasta ayer maestra en una humilde escuela de primaria de un pueblucho perdido en algún punto de la selva. Cuando terminó sus estudios en Filosofía pidió que la destinasen a este rincón del mundo. Un almacén de miserias del que la gente de la próspera ciudad no conoce ni el nombre.

Que hiciese algo así se veía venir. Siendo todavía estudiante sacaba tiempo para meterse de lleno en cuanta manifestación se convocase contra el desigual orden de las cosas. Sus pancartas daban voz a sus pensamientos: Derecho a la tierra, a la salud pública, a la educación. No a la desforestación, a la contaminación, a la explotación del hombre por el hombre, al cambio climático. Era una luchadora.

Con orgullo militaba en las filas de los desposeídos. Se consideraba una más entre estas gentes sin otra pertenencia más allá que la propia vida. Era una pieza como cualquier otra en este puzle infinito que representa tanta penuria. Y no penséis que llegar hasta aquí fue para ella un camino de rosas. No. Su familia se opuso de mil maneras a su rebeldía. Después de invertir en ella una pequeña fortuna para que estudiase en una universidad privada no concebían que quisiera solicitar una plaza como profesora de estos chiquillos que ahora la buscan con los ojos mojados.

Y es que después de todo, Linda no pudo olvidar su pasado. De hecho, estaba capacitada para trabajar en cualquiera de las mejores escuelas de la ciudad. Sus padres ya lo habían previsto. Una de las plazas tenía su nombre. Claro que ya sé lo que me vais a decir. «No era su verdadera familia, señora». «Las raíces marcan, señora». Y estoy de acuerdo con vosotros. A pesar de mi aspecto y mis ropajes sin luz soy mucho más comprensiva de lo que creéis.

Linda nunca consiguió adaptarse a su familia postiza. Por el día llamaba padres a esos señores ricos que la adoptaron. Por las noches se colaban en su cabeza las imágenes del pueblecito olvidado. Los caminos de tierra. La selva impenetrable. La invasión por sorpresa de las máquinas y de pronto el cartel de la empresa minera, los árboles raíces arriba, las protestas vecinales con sus verdaderos padres a la cabeza, la burla de los capataces, las pedradas contra el avance de tanto monstruo metálico y la llegada de paramilitares vendidos a la multinacional. Enseguida el perímetro armado y la acometida final de gente pertrechada de razones, piedras, consignas y harapos.

El plomo de los mercenarios pasó silbando entre aquellas gentes. A Linda le hizo probar el repugnante sabor de la orfandad en un segundo. Y para completar, la pena de aquellos ricos inversionistas que la vieron corriendo en las imágenes de la tele y decidieron adoptarla.

Sabéis que según donde esté, un maestro puede ser muy peligroso. Linda lo fue. Enseñaba en la escuelita cosas que no estaban en los libros. Solidaridad. Justicia. Igualdad. Organizó clases nocturnas para alfabetizar a los adultos. Les educaba con filosofía y propagó la iniciativa a los pueblos vecinos, donde otros maestros se sumaron al proyecto. Ayudaba a pensar, a comprender, a decidir, hasta que anoche la visitaron dos tipos de esos que hacen bajar la mirada a los vivos que se cruzan en su camino. De esos que me surten de almas casi a diario y luego se toman con calma un trago de ron.

Dice la gente del pueblo que se escucharon dos disparos a eso de las tres de la madrugada. Nadie salió hasta la mañana siguiente. Ya sabéis. El miedo a morir, que es lo mismo que decir el miedo a mí.

Con los primeros avances de la luz del sol los niños fueron a la escuela, pero Linda no. Claro no estaba sola. Para ese momento yo ya había llegado a su lado.

Si esta historia os ha dejado tristes os daré una noticia. No penséis que solo ando por el mundo llevando los muertos de un lado a otro. También me gusta sembrar algo de esperanza, como ahora: Iré otra vez al pueblo de Linda. Quiero conocer a una niña muy parecida a ella que acaba de nacer. Tendrá la piel morena, será delgada y poseerá un pelo negro y encrespado. De hecho, sus padres le han puesto el mismo nombre, Linda, y os aseguro que seguirá sus pasos y que vivirá muchos más años. Será una luchadora.  ¿Qué por qué lo sé? Información privilegiada que tiene una.















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