Mucho revuelo se ha armado, a favor y en contra, de las imágenes de la ministra Montero en el magacín Diez Minutos. Como era de esperar, la derecha recalcitrante se ha echado manos a la cabeza, y la nueva izquierda neobeata, se ha agarrado al mantra de que alguien, por ser de izquierdas, no debe ir en alpargatas, punto este en el que coincido al cien por cien. La pega a esta última consideración es que censurar con vehemencia y, en ocasiones, cierta violencia verbal, ese tipo de actitudes y comportamientos, más propios de ese quince por ciento burguesía acomodada a la que ellos atacaban, porque les iba “de puta madre” (Pablo Iglesias dixit) es lo que ha les hecho llegar a donde están. Dicho en román paladino, se han transformado en aquello que criticaban y hacían que sus acólitos repudiaran y odiaran. Todo por un anhelo irreal de “nos representan”.



