Presos, perseguidos y exiliados

Aparte de Cuba, Venezuela es el otro país iberoamericano con más presos, perseguidos y exiliados políticos en pleno siglo XXI.

 

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En efecto, por obra de la "revolución bolivarista", nuestro país pasó de ser el destino de solidaridad de los desterrados de las dictaduras de América Latina, a un notorio símbolo de intolerancia y restricción de derechos en el que el régimen imperante discrimina, inhabilita, acosa, encarcela y exilia por razones políticas.

 

Cuando el señor Chávez llegó a Miraflores hace más de 12 años, en Venezuela no había ni un solo ciudadano que estuviera detenido o enjuiciado por motivaciones de naturaleza política, o ni un solo periodista o medio de comunicación que estuviera siendo afectado por causa del ejercicio de la libertad de expresión. Ni uno solo.

 

Y en vez de proteger esa conquista histórica de la sociedad venezolana, lo que el Estado "revolucionario" ha hecho es pisotearla hasta el cansancio, y además con el cinismo de esgrimir como logro a la letra muerta de la Constitución formal que, en verdad, amplia el repertorio de garantías y derechos humanos... Mero avance de papel mientras el retroceso degrada la realidad.

 

Hoy en día abundan las intimidaciones y amenazas oficiales a voceros críticos de la sociedad civil y en especial del campo informativo, con el fin de instigar la autocensura mediática so pena de sanciones graves y definitivas. Y ni el ciberespacio y las redes sociales se salvan al control normativo-despótico.

 

Y además se refuerza la política de discriminación o "apartheid" político-laboral con base a las listas Tascón o Maisanta, así como se siguen imponiendo inhabilitaciones políticas de acuerdo a los intereses electorales del oficialismo. Y ni hablar del aparato de espionaje que se ha venido levantando con la supervisión del G2 cubano, tanto para "vigilancia" civil como militar.

 

Es tan crasa la evidencia de la prisión política en Venezuela que, al igual que en Cuba, los jerarcas oficiales entablan negociaciones sobre presos específicos --allá con la Iglesia y acá con los comités de jóvenes huelguistas-- a fin de soltar algunos prisioneros y proyectar una imagen humanitaria.

 

Y si bien debe reconocerse y aplaudirse que la lucha frontal de los estudiantes ha producido resultados concretos, no se puede obviar que el entramado de la persecución política que se padece en la Venezuela de estos tiempos, es connatural a la neo-dictadura o despotismo habilidoso que impera con afán continuista.

 

Los exiliados venezolanos en medio mundo, parte de la diáspora nacional, pueden corroborar ese inmenso retroceso político, porque si en otras épocas los refugiados de las tiranías de derecha a lo Pinochet o Videla, o de izquierda a lo Castro Ruz o Velasco Alvarado, siempre encontraban en Venezuela a un país dispuesto a ayudarlos, ahora son los venezolanos los que buscan esa solidaridad, y muchas veces no la consiguen.

 

El nuestro no puede ser un futuro como el presente, es decir con presos, perseguidos y exiliados políticos. Si hasta en el Medio Oriente se rebelan contra ello, con mucha más razón en la Venezuela de cultura democrática.

UNETE



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