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El papel lo aguanta todo


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22/10/2020


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Leo en la prensa (El Mundo, 3/10): ‘…el hermano de Ximo Puig (Presidente de la Comunidad Valenciana) recibe fondos europeos para sus estudios de producción audiovisual’.

Nada que objetar. Todo el mundo tenemos derecho a participar de los programas de ayudas europeos, por más que seamos parientes o tengamos algún tipo de vínculo con personalidades políticas en activo. El proyecto, en cuestión, suponía algo más de 400.000 euros, de los que casi 35.000 euros fueron solicitados al programa “Fondo Europeo Agrícola para el Desarrollo Rural” (Feader).

Los fondos Feader se crearon, en la Unión Europea, hace varias décadas y están destinados, exclusivamente, a la promoción de proyectos y planes en entornos rurales especialmente desfavorecidos, y el proyecto subvencionado estaba dedicado a la “modernización y ampliación de un centro de producción”.

En la Región de Murcia hemos sido beneficiarios, a lo largo de muchos años, de este tipo de ayudas. La primera comarca en beneficiarse de estos fondos (a través del programa “Leader”) fue la del Noroeste. Un territorio especialmente castigado por la despoblación y necesitado de complementar sus fuentes de riqueza y renovación del tejido productivo. Allí surgieron los primeros proyectos de turismo rural, a través de los cuales se intentó diversificar y complementar los ingresos de las familias que, hasta entonces, se habían dedicado –casi en exclusiva- a la agricultura y con una cierta tendencia hacia una economía de subsistencia. Posteriormente se unieron otras tres zonas “Leader”: Yecla (Nordeste), Vega del Segura y Campoder (pedanías de Cartagena, Valle del Guadalentín…).

Traigo a colación este paréntesis para significar el conocimiento y la experiencia que, en Murcia, hemos tenido en relación a este tipo de programas. Somos conscientes, por tanto, de la importancia que estos tienen y, sobre todo, de las limitaciones y salvaguardas que los proyectos subvencionados tienen que guardar para poder optar a estas ayudas.

Y es aquí donde comienza a tener sentido el titular de este artículo. Como ya he referido anteriormente, la subvención fue solicitada para las obras de “modernización y ampliación de un centro de producción”. Así, sin más, cualquiera que lea el titular podría pensar que el “centro de producción” podría ser de envasado de frutas, de cereales transgénicos, o de ganado bovino… por ser bien pensados. Pero nadie habría pensado que la subvención se destinaría a la renovación de las instalaciones de una emisora de radio y televisión que explotaba a través de una empresa denominada ‘Comunicaciones dels Ports, S.A.’

En la justificación que aparece en la memoria correspondiente, el argumento no podía ser más burdo ni más simple: “…el ámbito de influencia es una comarca rural”. ¡Toma ya! No se calentaron mucho el coco para hacer la memoria justificativa... ‘El ámbito de influencia’. Un espacio tan amplio para un medio de comunicación, en la era de las nuevas tecnologías y de Internet, en la que estos pueden llegar a cualquier parte del mundo.

Pero es que, además, no se trataba de una instalación nueva que, podría aducirse, generaría nuevos puestos de trabajo…, sino que consiste en la renovación de unas instalaciones: “red de saneamiento, carpintería, cerrajería, acristalamiento, mobiliario, fontanería y electricidad”. Algo que, cualquier empresa por pequeña que sea, tiene que hacer frente con cargo a las amortizaciones que se deben contemplar en la administración de estas y que, en este caso, se lo endilgan a los fondos europeos para quien, al parecer, el papel lo aguanta todo.

Este es, una vez más, el resultado de aplicar el ya tan manido tráfico de influencias. Y de enmascarar, entre la verborrea y el oscurantismo que propician los expedientes administrativos subvencionados por la UE, aspectos determinantes que hagan ver a las autoridades comunitarias que revocar y pintar las paredes de una emisora de radio y televisión es de un beneficio incalculable para la recuperación de la economía rural en el país de las maravillas.

España, por desgracia, es un país destacado en este tipo de ‘experiencias’, donde la pillería es sinónimo de buenas prácticas y, por eso, algunos países europeos nos tienen bajo vigilancia y no se fían a la hora de concedernos determinados programas de ayudas, como ahora está ocurriendo con los apoyos solicitados a raíz de la pandemia.

Como anteriormente decía, el papel lo aguanta todo. Lo que no sé si aguantará es la imagen de España, como la de una país serio y comprometido con la erradicación de este tipo de corruptelas, cuando la credibilidad de nuestra clase política está tan cuestionada. Y si a esto añadimos el descrédito que algunos de los principales medios de comunicación, a nivel mundial, están llevando a sus portadas, por la desastrosa actuación del gobierno en relación a la crisis del coronavirus, apaga y vámonos.

Que Dios nos pille confesados.

Jesús Norberto Galindo // Jesusn.galindo@hotmail.com



Etiquetas:   Tráfico de Influencias

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